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Erika Szeles, retratada con subfusil, fue una de las heroínas de la revolución contra el totalitarismo comunista en Hungría

Erika Szeles, retratada con ametralladora, fue una de las heroínas de la revolución contra el totalitarismo comunista en Hungría

Cuando Hungría se levantó contra el comunismo estalinista y rasgo el telón de acero

La revolución de octubre de 1956 fue la primera ocasión en que el pueblo sometido por el comunismo se alzó frente a la opresión y derrocó al gobierno títere de la URSS

El 23 de octubre de 1956, se produjo en Budapest, el único derrocamiento de un gobierno comunista por el pueblo sometido.

La muerte de Stalin en marzo de 1953 había favorecido el deshielo, y en junio, las primeras protestas contra el nivel de vida llevadas a cabo por obreros en la Alemania oriental acabaron con varios centenares de asesinados en la calle.

Tres años después las protestas se iniciaron en la ciudad industrial de Poznań en junio de 1956, eran las primeras protestas masivas llevadas a cabo contra el gobierno comunista de la República Popular de Polonia que llevaron a la muerte a varios trabajadores que protestaban contra el bajo nivel de vida y también exigían la devolución de los territorios anexionados por la URSS y la verdad sobre el asesinato de los 22.000 oficiales polacos en Katyn y alrededores.

El ascenso al poder de Władysław Gomułka, un comunista disidente que había detenido por orden de Stalin sirvió para iniciar una nueva línea de comunismo nacional que debilitó la sed de rebelión.

Sin embargo, el 23 de octubre de ese mismo año, en Budapest, la capital húngara, 155.000 manifestantes quisieron hacer un homenaje a los militares húngaros ejecutados por los rusos en 1848, destruyendo una enorme estatua de Stalin.

La respuesta inmediata de la AVH (policía de seguridad comunista), e equivalente al NKVD soviético, fue ametrallar a la gente congregada provocando la reacción de los estudiantes.

La Revolución Húngara iniciaba su camino por la libertad. Las calles cayeron en manos de trabajadores y estudiantes, que formaron un Consejo Revolucionario que proclamó la huelga general.

Los campesinos se repartieron la tierra en pequeñas propiedades y ayudaron a suministrar alimentos a las ciudades en rebeldía contra el gobierno comunista. Entretanto, las tropas soviéticas entraron en Budapest, encontrando una furiosa resistencia por parte de los rebeldes, que estaban armados exclusivamente con armas ligeras y cócteles molotov.

El 30 de octubre, siete días después del inicio de la revuelta, los tanques del Ejército soviético abandonaron Hungría. Pero Nikita Khrushchev, el nuevo déspota soviético, que había ganado la sucesión tras la muerte del autócrata Stalin, no podía dar imagen de debilidad.

El 4 de noviembre, 15 divisiones acorazadas soviéticas entraron en el país, arrollando las débiles resistencias húngaras. La España de Franco fue el único país occidental que ofreció ayuda militar, pero sin la infraestructura aérea estadounidense, era imposible materializarla y el presidente Eisenhower se negó a prestarla.

El precio de la revuelta fue de 3.000 muertos en combate, dos tercios de los cuales, en la capital magiar, 211.000 exiliados en la Europa occidental y en América, 26.621 condenados, de los cuales 229 fueron condenados a muerte y 13.000 internados en campos de concentración.

Entre los asesinados por los soviéticos hubo casos como el de Peter Mansfeld, apresado con 16 años, había liderado a un grupo de bachilleres en la lucha, condenado a la pena capital, será ejecutado diez días después de cumplir su 18º cumpleaños y obtener la mayoría de edad para ser ejecutado según la ley comunista, su caso le convirtió en un símbolo de la lucha de los húngaros por su libertad.

Otro rostro joven que se convirtió en imagen de la rebeldía fue el de Erika Szeles, una joven de 15 años que se unió al grupo que comandaba su novio. Inmortalizada cuando iba armada con un fusil ametrallador con un grupo de estudiantes, murió a manos de un soldado soviético.

La revolución de 1956 fue uno de los primeros grandes movimientos contra el dominio comunista europeo que ayudaron a erosionar su poder en Centroeuropa.

Hungría había sido ocupada militarmente por el Ejército soviético después de la Segunda Guerra Mundial. Las elecciones de postguerra de 1945 fueron ganadas por el Partido de los Propietarios con el 57 % de los votos, mientras el Partido Comunista, bajo el mando de los estalinistas Mátyás Rákosi y Ernö Gero, recibió el apoyo del 17 % de la población.

El comandante soviético en Hungría, el mariscal Voroshilov, vetó la posibilidad de que un partido de derechas formara el nuevo gobierno. El mando soviético estableció un gobierno de coalición progresista con los comunistas en los puestos claves de Defensa e Interior.

El líder de los propietarios, Zoltan Tildy, fue nombrado presidente y Ferenc Nagy, primer ministro, pero Mátyás Rákosi, el Stalin húngaro se convirtió en el primer ministro asistente.

Otro dirigente comunista László Rajk se convirtió en el ministro del Interior y fundó la Policía de Seguridad (ÁVH), tomando como modelo a la NKVD soviética.

László Rajk había sido comisario de la Brigada XIII Internacional, donde había cometido sus crímenes. En febrero de 1947, la Policía de Rajk inicio la detención y asesinato de los líderes del Partido de Propietarios y del Partido Nacional de los Campesinos. El líder estalinista, Mátyás Rákosi, se jactó de cómo había eliminado a la oposición cortándola como un salchichón.

El nuevo periodo fue liderado por el Partido de los Trabajadores Húngaros formado por la unión del Partido Comunista y el Partido Social Demócrata, que se convirtió en el partido hegemónico en las elecciones de 1947 y fue clave en la formación del nuevo gobierno.

Los líderes de las otras formaciones políticas, como Béla Kovács, Anna Kéthly, Ferenc Nagy e István Szabó fueron encarcelados.

El 18 de agosto de 1949, el Parlamento aceptó una nueva Constitución, siguiendo el modelo de la de la Unión Soviética. El país adoptó el nombre de República Popular de Hungría y el socialismo fue declarado el objetivo principal de la nación.

El nuevo régimen asesinó en los primeros días a 2.000 personas y encarceló a otras 100.000 de las antiguas elites del país. El hecho más mediático fue el proceso llevado contra el cardenal Jozsef Mindszenty, Primado de la Iglesia católica, que fue detenido en diciembre de 1948 y acusado de traición, por servir a una potencia extranjera, el Vaticano.

Durante las cinco semanas de detención, fue torturado y drogado, consiguiendo la aceptación de los cargos que se le imputaban, siendo condenado a cadena perpetua. El mayor «as» de la aviación magiar, Lajos Toth, con 26 aviones derribados, fue detenido y ejecutado el 11 de junio de 1951.

El fallecimiento de Josif Stalin en 1953, propició la sustitución de Mátyás Rákosi por Imre Nagy, quien alentó la necesaria reforma política y económica, siendo relevado del poder por los estalinistas. La revolución vino por si sola y rasgo el telón de acero.

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