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Gustavo Morales, autor del libro "Jamás se terminará. Raíces y ramas de un conflicto interminable"

Gustavo Morales durante su visita a la sede de El DebateAlfonso Úcar

Entrevista a Gustavo Morales, periodista y escritor

Gustavo Morales: «Franco no traicionó a Falange porque no era falangista, la instrumentalizó»

El periodista asegura que «hubo incluso planes para eliminar a Franco físicamente por parte de los falangistas, pero esos no pasaron del proyecto»

El 29 de octubre, la Universidad CEU San Pablo acogerá la presentación de la reedición de Falangistas contra el caudillo, el libro en el que Gustavo Morales desentraña las tensiones internas del franquismo y la ruptura entre la Falange y el régimen de Franco. Dieciocho años después de su primera edición, Morales recupera y amplía un periodo decisivo de la historia reciente de España.

–A menudo se confunden la Falange y el Movimiento Nacional de Franco. ¿Qué las distingue en realidad?

–Uno es el partido político revolucionario fundado por Primo de Rivera, Ramiro Ledesma y el miembro de la ACdP Onésimo Redondo: FE de las JONS, lo otro fue la unificación de partidos impuesta por Franco en 1937 para ganar la guerra primero y dotar de una coreografía atractiva a un régimen tras una guerra civil después.

El falangismo procedía de una idea radical de crisis, era moderno en términos políticos, ideológicos, y estéticos mientras el tradicionalismo reaccionario simplemente rechazaba el mundo moderno. Es una diferencia aún mayor que la existente entre el fascismo movimiento y el fascismo régimen.

–¿Cómo fue la relación entre Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera?

–Se conocieron en persona en la boda de Serrano Suñer, el historiador Stanley Payne dice que no surgió simpatía personal. Cuando se repitieron en Cuenca las elecciones el 3 de mayo de 1936 –una convocatoria por las ilegalidades y desmanes en las de febrero en la provincias de Cuenca y Granada, cuyas impugnaciones se aprueban y obligan a realizar de nuevo la votación en ambas provincias.

Las nuevas elecciones imponen presentar nuevas listas electorales; pero la situación política era diferente por lo que las candidaturas sufrirán unos cambios significativos. Durante la formación de estas listas el Gobierno encarceló al líder de Falange, Primo de Rivera, por lo que se buscó que éste entrara en la candidatura de Cuenca con las posibles ventajas que eso suponía: si salía elegido diputado, estaría aforado y saldría libre. Es entonces cuando se ofrece un puesto para entrar en la lista al general Franco. Esta lista se presentó el 25 de abril (último día para hacerlo), el día 26, Franco renunció. La mayoría de los historiadores apuntan a que, una vez enterado Primo de Rivera que compartía lista con Franco, se negó a concurrir con el general debido a la conocida animadversión del líder de Falange con Franco. Finalmente Franco no entró en la lista. Recordemos que José Antonio que procedía de una familia con tradición militar pero fue degradado y expulsado del Ejército por su pelea con el general Queipo de Llano.

–¿Cuál fue la principal discrepancia entre los falangistas y el régimen franquista?

–La necesidad de una revolución nacional que no pasaba por restaurar la monarquía y enriquecer a las burguesías vasca y catalana y sí por la creación de nuevas formas, y sí por hacer la reforma agraria y un Estado sindical. José Antonio leía a Sorel y a Otto Bauer, Franco a Vázquez de Mella.

Hay una frase del gran olvidado, Ramiro Ledesma, que resume el paradigma azul: «Queremos un Estado republicano, de exaltación nacional y estructura económica sindicalista».

–¿Cómo fue vista la fusión forzosa de la Falange con los tradicionalistas carlistas (Decreto de unificación de 1937) por los falangistas puros?

–Desde Yagüe a Hedilla hubo resistencia por mantener la independencia y la coherencia radical del ideario nacionalsindicalista.

–¿Podríamos decir que Franco «traicionó» el ideario falangista? ¿O simplemente lo adaptó para consolidar el poder?

–Franco no traicionó a Falange porque no era falangista, la instrumentalizó: la unificación política fue un paso más necesario para asegurar la unidad de mando del general jefe de los alzados, unidad de mando ausente del bando gubernamental que llevó a la derrota del Frente Popular prosoviético.

–¿Qué papel jugaron figuras como Manuel Hedilla o Agustín Aznar en la resistencia a Franco dentro del movimiento?

–A Hedilla oponerse le costó dos penas de muerte conmutadas por prisión en Canarias. A Gerardo Salvador Merino el destierro. Hay otros nombres rebeldes como Narciso Perales, Ceferino Maestú, Serafín Rebull. Algunos de los que aceptaron la situación consiguieron extender y consolidar la seguridad social, la sanidad y la enseñanza públicas, los sindicatos, vertebrar el Frente de Juventudes donde convivían los hijos de ambos bandos y levantar millones de viviendas sociales, todo lo que está arrasando el régimen actual. Que no tira las casas pero sí quita las placas que recuerdan quién las hizo.

–¿Hubo intentos serios de derrocar o frenar a Franco desde dentro de la Falange?

–Hubo incluso planes para eliminarlo físicamente pero esos no pasaron del proyecto. En cambio hubo falangistas fusilados en 1937 como Marciano Durruti o en 1942, como Juan José Domínguez y Pérez de Cabo, y José Fernández Fernández y otros ahorcados en 1943. Ulteriormente se crearon organizaciones azules sediciosas como el Frente Nacional de Alianza Libre, el Frente Sindicalista Revolucionario y Falange Auténtica que sintetizaban su protesta en el lema «Falange sí, movimiento no».

–¿Tiene el falangismo alguna relevancia política o cultural en la España de hoy?

–El falangismo no forma parte del espectro político parlamentario pero sí florece en algunos jóvenes estudiantes. Es curioso señalar que parte de la retórica de algunos políticos hoy recoge frases, que no ideas, de dirigentes 'jonsistas' como Ramiro Ledesma: «Sólo los ricos pueden permitirse el lujo de no tener patria».

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