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Atentado sufrido por los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia el día de su boda en 1906

Atentado sufrido por los Reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia el día de su boda en 1906Eugenio de Mesonero Romanos

La bomba que casi mata a Alfonso XIII el día de su boda y marcó el inicio del regicidio en Europa

Los anarquistas fueron los principales protagonistas del terrorismo magnicida. Bajo sus bombas y sus balas cayeron ministros, presidentes y reyes. Además, se les unieron nacionalistas, comunistas, separatistas y demás perseguidores de paraísos radicales

Los regicidas no descansaron con el cambio de siglo. La condición de monarca siguió siendo una profesión de riesgo. Lo acreditan atentados, revoluciones y asesinatos. Los anarquistas siguieron siendo los principales protagonistas del terrorismo magnicida. Bajo sus bombas y sus balas cayeron ministros, presidentes y reyes. Además, se les unieron, en la furia asesina, nacionalistas, comunistas, separatistas y demás perseguidores de paraísos radicales.

Alfonso XIII estuvo a punto de ser víctima de uno de los primeros magnicidios del siglo. Fue en mayo de 1906, el mismo día de su boda. El anarquista Mateo Morral arrojó una bomba envuelta en un ramo de flores sobre la carroza que transportaba a la real pareja a su paso por la calle Mayor de Madrid. Todavía mi abuela lo recordaba con una expresión que se popularizó: «ese es más malo que Mateo Morral». La bomba no consiguió su objetivo, pero causó veintitrés muertos y un centenar de heridos entre los espectadores.

Grabado del rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battemberg durante el día de su boda real en Madrid
en la foto : Atentado contra los novios perpetrado por el anarquista Mateo Morral en la calle Mayor
31/05/1906
Madrid

Atentado contra el rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante el día de su boda real perpetrado por el anarquista Mateo MorralGTRES

El primer regicidio del siglo sucedió en 1903. Las víctimas fueron el rey Alejandro I de Serbia, de la dinastía Obrenovic, y su esposa Draga. Su matrimonio morganático había sido difícilmente aceptado por el conservador pueblo serbio, lo que contribuyó a incrementar la proverbial inestabilidad del país balcánico. El fuerte carácter de la reina y la influencia nefasta que ejercía sobre su débil consorte contribuyeron a excitar la animadversión hacia la pareja.

Finalmente, una conspiración de militares nacionalistas dio un golpe de Estado. Agredidos en su propio dormitorio, sus cuerpos desnudos fueron arrojados al vacío desde un balcón del palacio y linchados en la calle. Los asesinatos provocaron un cambio hacia la dinastía Karageorgevitch, agresivamente nacionalista, que conduciría fatalmente al país hacia la Primera Guerra Mundial.

La hermosa plaza lisboeta del Comercio fue escenario del siguiente regicidio, que puso de luto a la familia real portuguesa. Fue en febrero de 1908 cuando el monarca Carlos I, su esposa y sus dos hijos recorrían la ciudad en un coche descubierto para saludar a la multitud que se había congregado. El país atravesaba un momento de crisis por el crecimiento de las tendencias republicanas. El rey había disuelto las Cortes y establecido un gobierno de corte dictatorial para «recuperar el orden».

El atentado fue perpetrado por dos republicanos fanáticos, camuflados entre la multitud, que pudieron acercarse al carruaje por la incompetencia de los servicios de seguridad. Acribillaron a la familia a corta distancia, dirigiendo sus disparos hacia el rey y el heredero, Luis Felipe, que murieron en el acto. El segundo hijo, el príncipe Manuel, salvó su vida porque su madre, la reina, consiguió desviar el arma del asesino con el ramo de flores que portaba.

El Regicidio de Lisboa de 1908, tal y como lo describió el periódico francés 'Le Petit Journal'

El Regicidio de Lisboa de 1908, tal y como lo describió el periódico francés 'Le Petit Journal'

Los asesinatos causaron un profundo impacto en el pueblo portugués y en las cortes europeas. Estaban en marcha varias conspiraciones republicanas para provocar un golpe de Estado, pero nunca se descubrió si había existido una trama organizada. Lo que sí se conoce es que los asesinos, abatidos por la policía, fueron homenajeados por el Partido Republicano Portugués, que pagó sus sepelios y sus tumbas.

Del exterminio de la familia imperial rusa se ha escrito exhaustivamente, por lo que es sobradamente conocido. Baste recordar que el zar, la zarina y sus cinco hijos fueron brutalmente asesinados en la casa de la ciudad de Ekaterimburgo en la que estaban retenidos. La responsabilidad recae directamente en Lenin, que ordenó su fría ejecución.

El último regicidio violento fue el del primer rey de Yugoslavia, Alejandro I Karageorgevitch. Fue proclamado por los representantes de los serbios, croatas y eslovenos después de la Primera Guerra Mundial. Su reinado fue controvertido por el rechazo del monarca a la forma de Estado federal propugnada por los pueblos minoritarios de la nueva nación, especialmente los croatas y los macedonios probúlgaros. Pretextando la inestabilidad política, en 1929 Alejandro abolió la Constitución y disolvió el Parlamento, gobernando desde entonces de forma dictatorial.

Una nueva Constitución creó el Estado de Yugoslavia, fuertemente centralizado en beneficio de los serbios. Aquella decisión, unida al estilo dictatorial del Rey, incrementó la oposición en el país y la actividad de grupos terroristas, especialmente la Ustacha, con fuerte implantación en Croacia y Macedonia. Finalmente, Alejandro fue asesinado en Marsella durante un viaje de Estado a Francia por un terrorista búlgaro de la Ustacha. En el atentado pereció también el ministro francés de Asuntos Exteriores, Louis Barthou, que le acompañaba. El terrorista fue linchado por la multitud.

Aunque no se ha demostrado, existe la certeza práctica de que el zar Boris III de Bulgaria murió en extrañas circunstancias tras una visita de Estado a Berlín. Su negativa a aceptar las imposiciones de Hitler pudo ser la causa de su triste final. Falleció a los pocos días de su regreso a Sofía, probablemente a causa de un veneno de acción retardada. De ser así, Boris cerró la lista de los monarcas asesinados durante el siglo XX.

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