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Retrato de Antonio Remón Zarco del Valle y Huet

Retrato de Antonio Remón Zarco del Valle y Huet

Quién fue Zarco del Valle, el ingeniero nacido en Cuba que escapó de Francia y modernizó el Ejército español

Figura destacada en el siglo XIX que pasó de los campos de batalla en la guerra de la Independencia a presidir la Real Academia Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

El protagonista de estas líneas vino al mundo el 30 de mayo de 1785 en la ciudad de La Habana, puestoqque su padre, teniente coronel de Ingenieros, estaba en esos tiempos destinado en la Secretaría de la Capitanía General de Cuba. Su madre era hija del teniente general de Ingenieros Luis Huet. Parece claro que la tradición familiar iba a ser determinante en su vida profesional.

De hecho, ya en la Península y previo paso por el Regimiento de Infantería del Príncipe, unidad con la que participó en la guerra de las Naranjas (1801), Zarco del Valle ingresó a principios de 1803 en el Cuerpo de Ingenieros. Poco antes había finalizado sus estudios en la Real Academia de Matemáticas de Barcelona. Continuó su formación en la Academia de Ingenieros de Alcalá de Henares, al mismo tiempo que fue destinado al Regimiento Real de Zapadores Minadores, de guarnición en la citada ciudad.

Primeros proyectos y guerra de la Independencia

En junio de 1806 pasó destinado a Sanlúcar de Barrameda, donde desempeñó un papel clave en la realización de importantes infraestructuras públicas. Entre sus proyectos más destacados se encuentran la construcción del camino real que conectaba la citada localidad con Jerez de la Frontera, así como el diseño de una dársena y un canal en la desembocadura del río Guadalquivir, además de tres canales de navegación para facilitar el acceso a las poblaciones de Trebujena, Lebrija y Las Cabezas de San Juan.

Cuando estalló en Madrid el levantamiento del 2 de mayo de 1808 contra la ocupación francesa, Zarco del Valle se trasladó a Sevilla. Comenzó entonces una intensa etapa vital, marcada por su participación en numerosos hechos de armas. Entre otras, intervino en las batallas de Bailén, Tudela, Almonacid y Ocaña, siendo recompensado con la cruz de San Fernando de 1.ª clase sencilla. En 1811 tomó parte en la defensa de Cádiz y en la batalla de Sagunto, año en el que fue ascendido a general del Ejército, aunque manteniendo el empleo de capitán de Ingenieros.

Después de la capitulación de Valencia, fue hecho prisionero y llevado a Francia. En junio de 1814 logró fugarse y regresar a España, ascendiendo un año más tarde al empleo de brigadier. Entre 1816 y 1819, estuvo al servicio directo del ministro de la Guerra y fue vocal de la Junta Superior de Ingenieros.

Un multifacético y versátil militar

A principios de febrero de 1821, Zarco del Valle fue ascendido a mariscal de campo. Durante 1822 y 1823 fue miembro de la Asamblea Suprema de la Orden de San Fernando y capitán general de Aragón. Dos años más tarde se estableció en Madrid y se dedicó intensamente a los estudios militares, científicos y literarios. En enero de 1834, asumió el cargo de ministro de la Guerra; curiosamente, durante los dos meses anteriores había sido ministro interino de Marina. Fue ascendido a teniente general en julio de 1836 y dos años más tarde elegido senador por Málaga. A lo largo de su carrera continuó combinando sus actividades militares con su participación en política, diplomacia y ciencia.

Nuestro protagonista fue designado en 1844 Ingeniero General, cargo que desempeñó durante 15 años. Desde su posición promovió una profunda reorganización del Cuerpo y una mejora de las edificaciones militares. Son de destacar los proyectos de «cuarteles tipo» que plantearon una renovación de los acuartelamientos españoles.

Además, respaldó la labor de la Comisión de Historia dirigida por el coronel José Aparici y García, encargada de recopilar los documentos sobre el Cuerpo de Ingenieros conservados en distintos archivos para la posterior redacción de la Historia del Cuerpo en España. Esta recopilación, denominada «Colección Aparici», se conserva actualmente en el Instituto de Historia y Cultura Militar.

Zarco del Valle impulsó las denominadas «Comisiones de indagación en el extranjero», enviando oficiales —principalmente a Francia y Alemania— para estudiar los avances en química, fortificación y otras disciplinas. También desempeñó un papel decisivo en el impulso de la telegrafía eléctrica y en la creación de un servicio de extinción de incendios dentro del Ejército.

Entre sus aportaciones destaca la fundación del Memorial de Ingenieros, una revista científica y técnica que comenzó a publicarse en 1846 y ha llegado hasta nuestros días. Además, promovió la organización de la «Brigada Topográfica de Ingenieros» para elaborar mapas y planos geodésicos. Otra de sus iniciativas llevó a que en 1846 se estableciese en Guadalajara el «gimnasio», dotado de algunos aparatos importados y otros construidos en los talleres del Regimiento.

Reconocimientos

Nuestro protagonista recibió a lo largo de su vida numerosas distinciones, tanto nacionales como extranjeras. Fue además miembro de muchas academias y sociedades científicas y culturales. En 1847 fue nombrado miembro fundador de la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la que fue su primer presidente. Entre sus condecoraciones destacan la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, la Legión de Honor francesa, y la Gran Cruz de la Orden Militar de San Benito de Avis de Portugal. En 1860, fue nombrado caballero del Toisón de Oro.

Falleció el 20 de abril de 1866 en Madrid, dejando un legado de gran influencia en la ingeniería militar, la ciencia y la cultura española. Su legado sigue presente en el Cuerpo de Ingenieros, especialmente en el acuartelamiento que en 1817 se inauguró en el Real Sitio de El Pardo y que en la actualidad lleva su nombre y es la sede del Regimiento de Guerra Electrónica 31.

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