Profesores de la facultad de medicina de Pest, 1863. Semmelweis está detrás con los brazos cruzados
Picotazos de historia
Quién fue Semmelweiss, el médico que acabó en el manicomio por insistir en lavarse las manos
Para ellos, en su totalidad, las afirmaciones de Semmelweiss los convertían en «portadores de muerte» para sus propios pacientes. Sencillamente, no podían aceptar tal idea
La historia nos muestra continuos ejemplos de cómo un individuo puede presentar un hallazgo o descubrimiento, a veces con importantes consecuencias para la humanidad, solo para encontrarse frente al desprecio y la incomprensión de sus colegas y de la sociedad. Un caso que siempre me viene a la mente, a este respecto, es el de Alfred Wegener, quien, en 1912, desarrolló la teoría de la deriva continental. Esta se vería confirmada y corregida en la década de los años setenta del siglo pasado por la denominada teoría de la tectónica de placas.
Pues bien, en vida de Wegener, le pusieron a caer de un burro, tanto a él como a su «absurda» teoría. El principal argumento que se esgrimió es que Wegener era un meteorólogo (con un doctorado en astronomía) y, por ende, indigno de opinar y formular teorías en campos que estaban fuera del suyo propio. Y es que, desde siempre, el tonto preparado —básicamente un mediocre con diploma— siente un odio cerval hacia lo que considera una competencia desleal, proveniente de francotiradores que son investigadores aficionados y no académicamente especializados.
Pues bien, hoy no les hablaré de francotiradores en la ciencia, pero sí de una persona que luchó por salvar vidas y cuyos esfuerzos, aunque se demostraban efectivos, fueron despreciados y apartados por hacer sentir incómodos a sus colegas de profesión.
Ignaz Semmelweis
Ignaz Semmelweiss (1818-1865) nació húngaro, de ascendencia alemana. Empezó sus estudios en la Facultad de Derecho de Viena, pero pronto los cambió por los de la Facultad de Medicina. Obtuvo el doctorado en 1844 y, entre las diferentes opciones, eligió la especialidad de obstetricia. Su primer puesto fue en el Hospital General de Viena, o Allgemeines Krankenhaus.
Poco tiempo llevaba Ignaz en su nuevo puesto cuando se fijó en un detalle que le llamó poderosamente la atención. El hospital contaba con dos salas dedicadas a la maternidad, pero una de ellas tenía un índice de defunción, a consecuencia de fiebres puerperales (proceso septicémico grave), que duplicaba al de la otra. Semmelweiss se propuso descubrir el porqué de esa diferencia.
En mayo de 1847 creyó haber descubierto la causa. De las dos salas de maternidad, una estaba a cargo de médicos y estudiantes de medicina, y la otra a cargo de matronas. Era esta última sala la que tenía menores índices de defunción, y Semmelweiss creyó encontrar el motivo de esa diferencia. Resultaba que los médicos y estudiantes llevaban a cabo autopsias y disecciones, pasando de practicar estas a ejercer su ciencia en la sala de maternidad.
Ignaz Semmelweiss formuló la creencia de que, en las manos de sus colegas, tras su trato con los cadáveres, se portaban restos de «materia cadavérica». Los propios médicos infectaban, de manera inconsciente e inocente, a sus pacientes, provocando la sepsis y la muerte. Semmelweiss afirmaba que, por su parte, el sentido de la higiene entre las matronas era más elevado, siendo el lavado de las manos un ritual previo casi obligatorio en su trato con las pacientes.
Semmelweiss publicó sus investigaciones, documentando los resultados con datos del archivo del propio hospital desde el año 1782. Nuestro protagonista postulaba la desinfección previa y obligatoria del entorno (quirófano, sala de operaciones) y de las manos y antebrazos del médico, o de los médicos, que fueran a intervenir a la paciente.
Las consecuencias del trabajo publicado por el doctor Semmelweiss fueron inmediatas: la comunidad médica se sintió profundamente ofendida y atacada. Para ellos, en su totalidad, las afirmaciones de Semmelweiss los convertían en «portadores de muerte» para sus propios pacientes. Sencillamente, no podían aceptar tal idea.
Ignaz no tardó en enfrentarse con sus propios compañeros de hospital. El jefe del Departamento de Obstetricia le prohibió poner en práctica sus ideas en las salas de maternidad y, en 1849, fue relevado y sustituido de su puesto en el hospital. Fue reemplazado por un médico de apellido Braun, quien afirmaba que las fiebres puerperales eran debidas a un problema de ventilación, pues se contagiaban por medio de miasmas (efluvio maligno desprendido por los cuerpos enfermos).
Muy deprimido por lo que consideraba estrechez de miras por parte de sus colegas y un trato injusto para con él, Semmelweiss se trasladó a Budapest en 1850. Al año siguiente, ocupó una plaza como médico jefe honorario en un pequeño hospital en Pest. En un año, redujo las muertes por fiebres puerperales a menos del 1 %. A pesar de tan contundentes resultados, Semmelweiss continuó siendo inmisericordemente atacado y ridiculizado por sus doctos colegas.
A pesar de todo, en 1854 consiguió una plaza como asistente en la sala de maternidad de la Universidad de Pest. La plaza se le concedió por ser el único candidato cualificado que sabía hablar húngaro.
Mientras, en el extranjero, poco a poco, las ideas acerca de la higiene y la desinfección de Semmelweiss, como medidas previas necesarias para evitar contagios e infecciones, iban calando en el mundo científico. Pero en torno a 1861, el doctor Semmelweiss empezó a mostrar síntomas de alteraciones de comportamiento, que se atribuyeron a la constante frustración y tensión que sentía. Este fue un proceso de deterioro que culminaría en 1865, cuando, ya con un alcoholismo evidente, su comportamiento era una constante fuente de problemas e irritación para sus colegas y familia. Examinado por dos expertos, se aprobó su ingreso en una institución mental.
El 30 de julio fue conducido, con engaños, al Lazarettgasse. Al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, intentó huir, siendo detenido y golpeado por los guardias y celadores del manicomio. Durante dos semanas, el doctor Semmelweiss sufrió maltrato sistemático —duchas frías, abandono y desatención, horas encadenado a su camastro, etc.—, al punto de que la autopsia mostró varias fracturas producidas en los últimos días. Este tratamiento le llevó a la muerte, que se produjo el día 13 de agosto. El informe forense declaró que la causa fue «un envenenamiento de sangre».
Se considera que la contribución del doctor Ignaz Semmelweiss a la Medicina ha sido una de las más importantes en la historia de esta ciencia, tanto por las vidas que ha salvado como por las consecuencias que de ello se han derivado.
Hoy se denomina como reflejo o efecto Semmelweiss al rechazo automático de cualquier nuevo conocimiento por el simple hecho de contradecir la norma o principios establecidos.