Al fondo, en el medio, el embajador Wells Stabler, durante la recepción de Jacob Javitts por parte de Adolfo Suárez
Informe Transición: las notas secretas del Gobierno de EE.UU. durante el paso a la democracia en España
El embajador plenipotenciario de Estados Unidos en España, Wells Stabler, enviaba cables con frecuencia a Henry Kissinger informando de los movimientos de la política en España
El historiador Jorge Urdánoz recoge todos estos mensajes en el libro La Transición según los espías (Akal), editado este 2025
¿Podríamos considerar espía a un embajador? Jamás se me habría ocurrido pensarlo de esta manera. Antes me vienen a la cabeza nombres como el de Mata Hari o el de Kim Philby. Un clásico más patrio como Juan Pujol, cuya delirante historia se puede descubrir gracias al documental Garbo el espía. Pero, ¿un embajador? Desconcertante, aunque tiene sentido.
Wells Stabler, embajador plenipotenciario de Estados Unidos en España entre 1975 y 1978 —uno de los momentos decisivos de nuestra historia—, tenía más influencia de la que aparentaba en las decisiones que, poco a poco, tomaba aquel grupo de reformistas encabezados por el Rey Juan Carlos I, que abrían el camino hacia la democracia. Lo de espía empieza a cobrar sentido: al fin y al cabo, la postura del Gobierno norteamericano era determinante. Stabler se reunía con unos y con otros, absorbía toda la información y rápidamente la enviaba al otro lado del charco.
En el libro La Transición según los espías (Editorial Akal), Jorge Urdánoz dice que «los cables son el tipo de información que exigen y reciben los poderosos. La prensa es el tipo de información que recibimos los ciudadanos». No lo dice sin razón, porque las líneas que Stabler enviaba a Herny Kissinger, secretario de Estado norteamericano, contienen detalles muy reveladores de algunos asuntos polémicos sobre los que hubo que tomar decisiones entonces.
Al fondo, en el medio, el embajador Wells Stabler, durante la recepción de Jacob Javitts por parte de Adolfo Suárez
¿Cómo lograr los apoyos suficientes para redactar la Ley para la Reforma Política? ¿Se eligió un sistema electoral proporcional corregido para favorecer el resultado electoral de Suárez? ¿Era necesaria la legalización del Partido Comunista de Santiago Carrillo? En este libro los cables de Stabler arrojan luz sobre algunas de las preguntas más repetidas desde que en España afloró la democracia.
La elección del sistema electoral
El principal objetivo tras la muerte de Francisco Franco era allanar el camino hacia un sistema democrático, lo que pasaba por, en primer lugar, aprobar la Ley para la Reforma Política, un texto que hiciese posible la Transición a un sistema democrático tras décadas de dictadura. Para ello, pensando en unas primeras elecciones, había que elegir un sistema electoral.
El historiador Jorge Urdánoz asegura que ese debate es lo que «estuvo a punto de hacer que la Transición descarrilara» ya que se iba a romper de lleno con la representación orgánica y los principios del Movimiento. Empezaron entonces las presiones a los procuradores franquistas para que aceptasen la reforma y, como dijo, Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior en el primer Gobierno democrático, «menos acostarnos con ellos, hicimos de todo».
Alfonso Osorio, quien fuera vicepresidente y mano derecha de Adolfo Suárez, aseguró en su libro Trayectoria política de un ministro de la Corona –tal y como recoge Urdánoz– que no se podía renunciar a elegir un sistema proporcional, ya que en las conversaciones con la oposición «quedaba claro que estos consideraban [ese modelo] como condición fundamental para entrar en la legalidad».
Manuel Fraga Iribarne toma la palabra durante el I Congreso Nacional de Reforma Democrática
El motivo de la elección basándose en las exigencias de la oposición es la que se ha considerado como la verdad oficial todos estos años, pero también había una versión crítica –que aseguraba que Suárez había recurrido a este sistema proporcional para salir beneficiado– que no solo se ha puesto en entredicho por el curso de los acontecimientos, también la desmienten los cables de Wells Stabler.
Historiadores como Urdánoz, que creían en esa versión crítica, han llegado a cuestionarla gracias a aquellos mensajes. Stabler aseguró a Kissinger que el Gobierno de Suárez siempre había optado por ese sistema más allá de las exigencias. La decisión se tomó en agosto de 1976 y en aquel entonces el caballo ganador era Manuel Fraga (Alianza Popular) y no Suárez, que terminaría ganando las elecciones en junio del 77. El embajador norteamericano indica a su jefe que lo que quería el Gobierno eligiendo el sistema proporcional corregido es «minimizar las posibilidades de un resultado electoral que pudiera poner a Fraga al mando en las nuevas cortes».
Fue una decisión estratégica del Ejecutivo designado por el Rey Juan Carlos, ya que, como comunica Stabler en un cable del 16 de noviembre de 1976, «el Gobierno siempre ha tenido en mente un sistema proporcional que perjudicara a los minipartidos y beneficiara (diera escaños) a los grandes». Fue, como concluye el historiador, para lograr una «garantía de un espacio propio ante un escenario incierto». Serían las primeras elecciones democráticas, con nuevos partidos, tras 41 años de dictadura militar.
Manuel Fraga en votando en el Referéndum Nacional sobre la Ley de Reforma Política
La legalización del PCE
«Martirio político» es como el embajador norteamericano bautizó al dilema de la legalización del PCE. En un momento de tanta incertidumbre, la posición de Estados Unidos respecto al futuro político de España cambiaba con rapidez. Si en diciembre de 1975 Stabler aseguraba que «en la evolución de España hacia una sociedad democrática no podría haber espacio para el Partido Comunista Español», un año después, en enero de 1976, aquella encrucijada pasó a ser «un problema que España tenía que decidir sin interferencia extranjera».
Es curiosa la reacción norteamericana en este punto ya que el Gobierno de Jimmy Carter se encontraba inmerso en una encarnizada lucha contra el comunismo. Sin embargo, en el contexto español no era una cuestión para preocuparse, por varios motivos. El propio Stabler escribió en uno de sus cables que «al Partido Comunista, ya sea legalizado formalmente o postulándose bajo una 'alianza de independientes', no le irá bien». Tal y como explicaba en aquel mensaje, las encuestas en unas elecciones no le daban más de un 6-10 %, por lo que no suponía «ninguna preocupación electoral».
Miembros del PCE celebran la legalización del partido tras hacerse oficial el 9 de abril de 1977
Lo que sí preocupaba a los norteamericanos era la fuerza organizativa que tenían a través de los movimientos sindicales, ya que «mientras no tuvieran otras posibilidades políticas prácticas, se concentrarían en los sindicatos». Convenía legalizar una fuerza sin peso para frenar su influencia en el ámbito sindical y, de paso, evitar un intento de deslegitimar el proceso electoral y todo lo que vendría después.
¿Cómo se produjo ese cambio de opinión? La reflexión de Urdánoz es bastante lógica. Si los implicados en el proceso, tanto Adolfo Suárez, el Rey Juan Carlos y hasta el Gobierno de los Estados Unidos, aceptaron la legalización es porque «cuando se toma la decisión de convocar elecciones, se inician inevitablemente un conjunto de dinámicas políticas que te obligan a ver el mundo desde otra perspectiva». Mientras todo se iba cocinando, los encuentros de Stabler con muchos de los protagonistas continuaron; y la información siguió cruzando el charco con regularidad.
Miembros del PCE celebran la legalización del partido: Tamames (i) Gallego (3i), Díaz Cardiel (c), Triana (3d)
El 'Informe Transición' de Stabler
El 1 de marzo de 1977, tras la aprobación de la Ley para la Reforma Política en referéndum en noviembre del 76, Wells Stabler escribía «EL PROCESO POLÍTICO ESPAÑOL. PERSPECTIVAS A CORTO Y MEDIO PLAZO», lo que Jorge Urdánoz ha bautizado como 'Informe Transición'. Llegaban a los Estados Unidos de América las líneas generales de la suerte que iba a correr nuestro país. «España ha ganado su primera apuesta frente a la historia tras Franco», relataba Stabler.
El embajador norteamericano parecía entusiasmado con el curso de los acontecimientos, como si fuese un protagonista más en todo el proceso: «Está sobre la mesa el segundo intento histórico de hacer que la democracia funcione en España. Eso se comprobará de verdad tras las elecciones». Stabler mencionaba además las «capacidades y la popularidad» del Rey «para ofrecer la perspectiva de que el Gobierno del pueblo aquí puede funcionar».
El Rey Juan Carlos en Zarzuela junto al Canciller alemán, Helmut Schmidt, y el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez
Stabler no solo analizaba el futuro que esperaba a España en esta etapa de cambio –futuras conversaciones de adhesión a Europa o la OTAN, reforma laboral, acercamiento al País Vasco o el sofocamiento de la amenaza de un golpe militar–, también destacó en aquellos telegramas la actuación de Juan Carlos I. «La designación por el Rey del primer ministro Suárez fue un golpe audaz y brillante (...) enfureció a los dos grandes aspirantes a primer ministro, Fraga y Areilza [José María de Areilza, quien fuera secretario del Consejo Privado del padre de Don Juan Carlos]».
En aquel momento –Stabler confirma la incertidumbre– con los partidos recién legalizados y un escenario incierto, gracias al sistema proporcional, que «recompensará a las coaliciones más grandes con más escaños», «es poco probable que una sola lista de coalición pueda obtener una mayoría absoluta de los votos. Llegaría entonces otro momento decisivo, la redacción de la Constitución, uno de los temas que contribuiría a demostrar que «el nuevo sistema democrático» era «capaz de ofrecer un Gobierno efectivo y representativo».