Fundado en 1910
Zorann Petrovici

Zorann PetroviciÁngela Taltavull

Entrevista a Zorann Petrovici, historiador

Zorann Petrovici: «Con Alfonso XIII, España asumió el liderazgo entre los países neutrales de la Gran Guerra»

El historiador asegura que «la historiografía ha trasladado una imagen bastante monolítica del Rey», pero «como cualquier otro personaje, tiene un perfil con muchas aristas»

En la memoria colectiva española, Alfonso XIII suele aparecer asociado al desastre de Annual, a la crisis del turnismo o a su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, existe una faceta menos conocida: su labor humanitaria durante la Primera Guerra Mundial. El historiador Zorann Petrovici aborda este tema en su libro La Guerra del Rey, analizando la «Oficina de la Guerra Europea» y la dimensión internacional del monarca.

–La historiografía suele dibujar a un Alfonso XIII desconectado de la gravedad de su cargo. ¿Cómo pasa de esa imagen de bon vivant a liderar una red humanitaria?

–Alfonso XIII siempre tuvo dos caras: la de un vividor, como dice, y la del rey. Creo que esas dos imágenes se dan al mismo tiempo; no es que llegue un momento en el que una elimine a la otra y la sustituya. Desde el principio él quiere ejercer activamente como monarca y se implica muchísimo en la política nacional e internacional. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, ve que España no puede participar en la contienda; eso lo ven también otros políticos y les duele igual, pero saben que el país no tiene las capacidades para hacerlo. Entonces el Rey dice: «Bueno, si tenemos que ser neutrales, vamos a jugar una neutralidad activa. No vamos a dar la espalda a esta terrible situación».

–¿Cómo gestionó Alfonso XII el conflicto familiar entre su madre austriaca (María Cristina) y su esposa británica (Victoria Eugenia)?

–No soy un experto en su vida familiar, pero los colegas que la han estudiado a fondo coinciden en señalar que María Cristina y Victoria Eugenia siempre mantuvieron una buena relación a pesar de la situación. Las dos fueron muy conscientes de la particularidad de su vida en el contexto de la guerra: Victoria Eugenia tenía hermanos luchando en el frente y María Cristina también tenía miembros de su familia en el otro bando. De hecho, Mauricio, hermano de la reina Victoria Eugenia, muere en el campo de batalla.

No obstante, hubo momentos de tensión. Es muy conocido un episodio durante una comida en el que entra la reina María Cristina celebrando que habían matado a un general británico. Lo hace sin darse cuenta de que está ahí Ena [Victoria Eugenia], o quizá sabiéndolo, pero dejándose llevar por la euforia del momento. Uno de los sirvientes que estaba en el comedor contó después que, cuando Victoria Eugenia se retiró de la mesa, habían quedado las huellas de sus uñas clavadas en el mantel por la tensión contenida.

–La Oficina de la Guerra Europea tramitó cerca de 200.000 expedientes sin tecnología y con financiación privada. ¿Cómo se organizó tal volumen de información?

–Al principio, el Rey recibía pocas cartas solicitando ayuda. Tras localizar a un prisionero y publicarse la noticia en prensa extranjera, el volumen de peticiones aumentó.

El equipo de la Secretaría Particular del Rey estaba formado inicialmente por seis personas que no daban abasto, por lo que empezaron a contratar más gente. Aquí cabe destacar la figura del Secretario Particular, el Marqués de Torres de Mendoza, que ideó un sistema de trabajo ad hoc: clasificación de cartas por idioma y perfil, uso de fichas enviadas a las embajadas para la búsqueda y comunicación de resultados mediante formularios

Un detalle muy importante, que muestra la delicadeza con la que trabajaban, es que si se trataba de comunicar el fallecimiento de un soldado no escribían directamente a la familia, sino que enviaban la carta al sacerdote o al alcalde del pueblo para que fuese alguien cercano quien llevase la terrible noticia. Con relativamente pocos recursos (unas 200.000 pesetas de la época), provenientes del presupuesto de la Casa del Rey, se logró articular, en efecto, un sistema bastante eficaz si tenemos en cuenta las circunstancias en las que tuvo que desplegarse.

Portada del libro 'La guerra del rey' de Zorann Petrovici

Portada del libro 'La guerra del rey' de Zorann Petrovici

–La España neutral de 1914 se convirtió en un verdadero nido de espías internacionales. ¿Cómo logró Alfonso XIII blindar su Oficina para que no se convirtiera en una herramienta de inteligencia militar?

–Efectivamente, esas redes de espionaje existían y estaban muy presentes. Aunque no he encontrado pruebas de que interfirieran con esta labor, sí es cierto que los mensajes que se mandaban desde la Oficina eran muy lacónicos. La información que las autoridades militares —por ejemplo, alemanas o austriacas— permitían que viajase en esos documentos era muy breve y estaba estrictamente centrada en la situación personal: «me encuentro bien», «gozo de buena salud», «no me falta de nada», o bien «me duele esto o lo otro» etc. Se cuidaban mucho de no transmitir datos estratégicos.

–El Rey leía personalmente misivas sobre el horror de las trincheras. ¿Existe constancia de cómo afectó esto a su ánimo?

–No he visto que quede constancia documental de cómo le afectó personalmente a él o a sus agentes. Pero a mí, sí me han conmovido profundamente. Le puedo decir que he trabajado este material con estudiantes en la universidad y, en una práctica, una alumna levantó la mano y dijo: «Mire, si vamos a seguir con esto tengo que salirme de clase porque esta situación me está afectando muchísimo a nivel emocional». Leer constantemente decenas de miles de cartas debió de ser psicológicamente demoledor, sin duda alguna.

Zorann Petrovici

Zorann PetroviciÁngela Taltavull

–¿Se sintió Alfonso XIII políticamente solo en esta empresa?

–La labor humanitaria realizada desde el Palacio Real no fue un hecho aislado, sino que debe entenderse dentro del marco más amplio de la diplomacia española como país neutral. España asumió el liderazgo entre los neutrales gestionando 54 mandatos de protección, lo que implicaba representar y velar por los intereses de ciudadanos y prisioneros de naciones enemigas (como los franceses en Alemania) que habían quedado desprotegidos al romperse las relaciones diplomáticas.

Este esfuerzo contó con una estrecha colaboración entre el Rey, los distintos ministerios y las embajadas. Un ejemplo destacado fue la protección de los buques hospitales aliados. Estos barcos estaban siendo hundidos por submarinos alemanes bajo la sospecha de que aprovechaban su inmunidad para transportar tropas y armamento. Para detener esta escalada, Alfonso XIII arbitró una solución: oficiales de la Armada Española inspeccionaban los barcos para certificar su uso sanitario y los acompañaban durante la travesía. Gracias a la intervención de unos 25 oficiales españoles a partir de 1917, se detuvieron los hundimientos y se calcula que se salvaron unas 200.000 vidas.

–¿Podría contarnos algún caso en el que la oficina del Rey no pudiera hacer nada por salvar a algún detenido? ¿Edith Cavell por ejemplo?

–Efectivamente, el fusilamiento de Edith Cavell fue imposible detenerlo principalmente por la celeridad con la que actuaron los alemanes. La juzgaron en un juicio sumarísimo, la condenaron a muerte y la fusilaron en cuestión de horas, por lo que no hubo margen de tiempo físico para que la gestión diplomática surtiera efecto. Aun así, desde Palacio se movieron con toda la rapidez posible. El Marqués de Villalobar, que estaba en Bruselas, llegó a ir en plena noche a hablar con el comandante alemán. Cuando este le dijo que solo el Káiser podía detener la ejecución, Villalobar le respondió: «Pues despierte usted al Káiser». La respuesta fue contundente: «Esto no es España». El emperador alemán no tenía ese nivel de cercanía y accesibilidad que sí tenía Alfonso XIII.

Alfonso XIII apoyó el golpe del 36 por leerlo en clave de salvación de una situación desesperada

–Para terminar, Zorann: tras haber escrito este libro y ver la reacción de los lectores, ¿cree que es necesario reescribir el perfil psicológico —o al menos una parte— de Alfonso XIII para que se aprecie realmente toda la dimensión ética y humanista de su labor?

–Creo que libros como este contribuyen a diversificar y a dotar de complejidad la imagen que tenemos de Alfonso XIII. Es cierto que la historiografía ha trasladado una imagen bastante monolítica del rey. Sin embargo, Alfonso XIII, como cualquier otro personaje histórico, tiene un perfil con muchas aristas.

Sí, sería mujeriego y frívolo en ciertos aspectos; fue un rey muy interesado en intervenir en política, con una concepción bastante conservadora de sus funciones (sobre todo a partir de los años de la guerra), que apoyó sin fisuras el golpe del 36 por leerlo en clave de salvación de una situación desesperada; y cultivó también sus intereses privados... Pero, junto a todo eso, existe indudablemente el perfil de un hombre preocupado por mejorar y modernizar a su país o, como se percibe en este libro, absolutamente interesado en ayudar a un mundo en guerra. Insisto en que lo hace con un claro objetivo político, para recuperar un lugar bajo el sol para España, pero también movido por sentimientos profundamente sinceros de ayudar a esa población. Son las dos caras, o mejor dicho, las varias caras que, al fin y al cabo, todos tenemos.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas