Concilio de Pisa de 1409
Picotazos de historia
El Concilio de Pisa: el fallido intento de terminar con el cisma que acabó creando un tercer Papa
El concilio de Pisa, si bien reunió a las mejores cabezas pensantes de su tiempo, cometió un error que resultaría fatal
En un artículo anterior les hablé a ustedes del cónclave celebrado en el año 1378, y que tendría como consecuencia el Cisma de Occidente, que dividiría la Iglesia católica entre dos papas: uno en Roma y el otro en Aviñón (posteriormente en Peñíscola). Ahora nos encontramos en el año de gracia de 1409, y los dos papas son: el veneciano Ángelo Carrer, que ha tomado el nombre de Gregorio XII, por un lado, y por el otro, nuestro incombustible aragonés Pedro de Luna, que reina en Peñíscola con el nombre de Benedicto XIII y se mantiene «en sus trece».
El año anterior hubo un intento, el enésimo desde el inicio del cisma, de reunión entre ambos pontífices en la ciudad de Savona. Inesperadamente, y a mitad de camino, Gregorio XII dio orden de parar y de no tener intención de reunirse con Benedicto.
Tras el fracaso de Savona, los dos colegios cardenalicios —el de Gregorio y el de Benedicto— decidieron reunirse por su cuenta en concilio general, y lo hicieron en la ciudad de Pisa el 25 de marzo de 1409.
Si bien ambos papas se negaron a asistir, el concilio fue un éxito. Congregó a cuatro patriarcas, veinticuatro cardenales, ochenta obispos y cientos de delegados, así como los líderes de las cuatro órdenes religiosas, teólogos, doctores en Derecho, etc. La asistencia era una prueba del hastío de la cristiandad ante el cisma existente.
El concilio tuvo quince sesiones que se celebraron a lo largo de diez semanas. Los presentes, por una amplia mayoría, decidieron condenar a los dos papas «por cismáticos y heréticos». Este último punto era un poco más complicado de probar, pero se pasó por alto. Ambos pontífices fueron formal y solemnemente depuestos.
Inmediatamente a la ratificación de la sentencia, los cardenales y miembros con voto se reunieron en nuevo cónclave y eligieron Papa en la persona del arzobispo de Milán, Pietro Philarghi. El nuevo Papa tomaría el nombre de Alejandro V.
Alejandro V (antipapa)
El concilio de Pisa, si bien reunió a las mejores cabezas pensantes de su tiempo, cometió un error que resultaría fatal. Y es que el hecho de que el concilio convocara a ambos Pontífices reinantes y los declarase en rebeldía por no acudir implicaba que estaba por encima de ellos, y eso jamás estarían dispuestos a aceptarlo. ¡Jamás!
Para complicar más las cosas, pues ahora la cristiandad no tenía un cisma de dos Papas, sino de tres, el tercero en la discordia —el pobre Alejandro V, de quien todos están de acuerdo en que era una bellísima persona— se le ocurre morirse, y en el subsiguiente cónclave, en donde el soborno y la corrupción alcanzaron cotas nunca vistas, fue elegido un personaje que causó estupefacción.
No existía peor elección posible. El nuevo y tercer Papa en la discordia, que tomó el nombre de Juan XXIII, fue Baldassare Cossa.
Provenía de los señores de Procida e Ischia, que tradicionalmente se dedicaban a la piratería y a la extorsión de las naves que pasaban por sus aguas (hoy son conocidas por el licor limoncello). La familia decidió que el muchacho fuera dedicado a la Iglesia. Primero le hicieron estudiar Derecho en la Universidad de Bolonia. El Papa Bonifacio IX, que era tío de Baldassare, lo nombró archidiácono y chambelán personal en la corte papal.
La proximidad con el Papa le permitió amasar una considerable fortuna con la venta de mercedes, privilegios e indulgencias. Durante su estancia como cardenal legado en Bolonia, demostró tener un voraz apetito sexual, aparte de su ansia de oro.
Juan XXIII (antipapa)
Este individuo tenía buenas cualidades, pues era: hábil, capaz, tenaz, astuto, ambicioso, buen administrador, etc. Lamentablemente, el conjunto no formaba el mejor ornato para un eclesiástico. Cierto es que Juan XXIII trabajó para solucionar el embrollo del cisma. El concilio de Pisa fue a iniciativa suya, y creyó que un nuevo concilio, presidido por él, podría arreglar el problema.
En la Navidad de 1413 se reunió con el emperador Segismundo I. El resultado de la reunión sería el concilio de Constanza, que tendría como objetivos acabar con el cisma y solucionar el problema del herético Jan Huss, que tenía soliviantados a los húngaros y bohemios.
En la Nochebuena de 1414, Segismundo I llegó a la ciudad imperial de Constanza (actual estado alemán de Baden-Wurtemberg) para presidir el concilio convocado. Durante las primeras semanas, Juan XXIII fue siendo cada vez más relegado, centrándose la presidencia y el prestigio de la convocatoria en el emperador Segismundo.
Los asistentes, más de setecientos, se congregaban en cuatro naciones: Inglaterra, Francia, Alemania e Italia. El concilio decidió crear una quinta nación: la española, que agruparía a los reinos de Navarra, Castilla y León, Aragón y Portugal. Este fue el precio que se pagó para que los reinos ibéricos retirasen su apoyo a Benedicto XIII.
Crónica del Concilio de Constanza de Ulrich Richental
Volviendo a Juan XXIII, este vio que no solo quedaba relegado, sino que el sentir del concilio se estaba volviendo contra él, por lo que decidió huir. Su aliado, el duque Leopoldo de Austria, organizó un torneo en honor de Segismundo. Esta fue la distracción creada para permitir la huida del tercer Papa.
El concilio, ante la huida de Juan XXIII, decidió juzgarlo in absentia, y la sentencia fue de culpabilidad. Se decidió que en el juicio se formularan solo las acusaciones menos escandalosas, en atención al cargo y a las órdenes sagradas. El historiador Edward Gibbon disfrutó enumerándolas: «El vicario de Cristo únicamente fue acusado de piratería, asesinato, violación, sodomía e incesto».
La figura de Juan XXIII ha sido discutida durante siglos, validando o negando la legitimidad de su elección. El cardenal Roncalli, erudito historiador y doctor en Teología (además hablaba ocho idiomas con fluidez), eligió ese nombre para su pontificado. De esta manera cancelaba por siempre la discusión y relegaba a la figura de Baldassare Cossa al grupo de los antipapas.