La casa de Begum Samru
Picotazos de historia
Un mercenario, una conversa al catolicismo y un mestizo: la dinastía más insólita de la India colonial
Gobernaron un pequeño estado del norte de la India, protagonizaron alianzas improbables, traiciones familiares, conversiones religiosas y una herencia que sigue en disputa dos siglos después
Hoy me gustaría hablarles de tres personas diferentes, miembros de una misma familia y que muestran la evolución de las familias.
El primero es Walter Reinhardt (circa 1725–1778), un alemán de orígenes inciertos y muy discutidos. Sí se sabe con certeza que en el año 1754 estaba en la India, enrolado en el ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales. No debió dársele mal, ya que ascendió al grado de sargento. Dos años después desertó y se pasó a las fuerzas francesas que estaban en el sureste de la India. Participó en diferentes campañas, ascendiendo en la jerarquía militar y aprendiendo táctica y estrategia práctica, hasta que abandonó a los franceses en 1760.
Para entonces, Walter ya era un fogueado veterano de numerosas campañas. Una persona que se había ganado el sobrenombre de el Sombrío, por la seriedad con la que abordaba toda empresa. Como los condotieros del siglo XV y XVI, Walter hizo de su sobrenombre apellido, haciéndose llamar Walter Reinhardt Sombre.
Walter Reinhardt Sombre
Ya como comandante de una fuerza mercenaria, que le seguía con devoción, combatió en los ejércitos de diferentes potentados hindúes. El emperador Sha Alam II quedó tan contento por sus servicios que le otorgó como premio el gobierno del pequeño pero rico estado de Sardhana, en la actual Uttar Pradesh. Walter moriría en Agra, ciudad imperial, donde fue enterrado y cuya lápida, curiosamente, recoge su nombre y méritos en portugués.
Cuando contaba con cuarenta y cinco años, Walter conoció a Farzana. Esta era una hermosa chiquilla de catorce años. Bajita —medía 1,42 metros—, provenía de una familia noble de origen mongol de la zona de Cachemira. Su familia se había empobrecido y su padre falleció siendo Farzana muy niña. La madre se trasladó a Delhi buscando mejorar, pero enfermó y falleció, quedando la niña desamparada.
Farzana fue acogida por una famosa cortesana de la corte imperial. Aprendió a cantar, bailar, recitar y, en el desempeño de estas funciones, conoció a el Sombrío Walter.
Retrato de Begum Samru
Walter, enamorado hasta las trancas, abandonó a su esposa musulmana y al hijo que tuvo con ella y casó con Farzana, que sería conocida desde entonces como Begum Samru (transformación fonética al hindú del apellido Sombre). A la muerte de Walter, la Begum fue reconocida, por el emperador y la Compañía Británica, como heredera de Walter en el Gobierno del estado de Sardhana. Pero, y esto era muchísimo más importante, también fue reconocida como líder militar y comandante de los cinco batallones de tropas cipayas (nativos hindúes con entrenamiento y armamento occidental) y los trescientos mercenarios europeos que habían seguido a Walter.
Y si bien jamás intentó pretender ser una estratega, dejando el mando efectivo a aquellos más capacitados, demostró su valor poniéndose al frente de las tropas y animándolas. Y buena prueba del temple de la señora es que todos obedecieron sin rechistar.
En 1759, el hijo mayor de Walter, el que tuvo con la esposa musulmana abandonada, estaba muy agraviado por haber sido apartado de la herencia de su padre. Con sobornos y ayuda de algunos descontentos, organizó un golpe de Estado en Sardhana con el objetivo de recuperar lo que consideraba suyo.
Sección de una ilustración de Begum Samru y su ejército, realizada entre 1805 y 1826.
En un principio el golpe triunfó, ya que tomó a todos por sorpresa. Incluso el hijo —quien, por cierto, se llamaba Walter Balthazar Reinhardt o Zafar Yab Khan, que era su nombre musulmán— consiguió capturar a su madrastra al tiempo que la capital del pequeño estado. Pero los mercenarios europeos respaldaron a la Begum, y con ellos los cinco batallones. El golpe de Estado fue rápidamente sofocado. El revoltoso hijo de Sombre fue exiliado a la ciudad de Delhi, en donde vivió hasta el año 1803.
La Begum ayudó a la Compañía Británica tras la segunda guerra maharata (1803–1805), y esta garantizó el gobierno del estado de Sardhana a la Begum durante su vida. Como no tenía hijos propios, a su muerte se aplicaría la llamada Ley del Lapso, por la cual los territorios cuyos gobernantes murieran sin descendencia directa volvían al origen y fuente de la autoridad (el Imperio mogol). Al haber sido este sustituido por la Compañía Británica, la propiedad y posesión del estado pasaba a la Compañía.
Farzana se convertiría a la fe católica, siendo bautizada y tomando el nombre de Juana. Ordenó y pagó la construcción de la basílica de Nuestra Señora de las Gracias de Sardhana, en donde se hizo enterrar.
La Begum fue una mujer muy admirada y respetada, tanto por hindúes como por musulmanes y británicos. Como no tuvo hijos, adoptó a un bisnieto de su marido de nombre David Ochterlony Dyce.
El hijo de Walter Sombre que intentó dar un golpe de Estado a su madrastra tuvo una hija que casó con George Alexander Dyce, hijo natural mestizo del general Dyce. De esta unión hubo un hijo y dos hijas. El chico era David Ochterlony Dyce.
David Ochterlony Dyce Sombre
David, como les decía, fue adoptado por la Begum y añadió el Sombre a su apellido. El muchacho fue malcriado y, en su momento, heredaría una fracción de la enorme fortuna de la Begum; el resto todavía se encuentra en litigio.
David, viéndose en posesión de una gran cantidad de dinero, empezó a hacer aquello que mejor sabía: gastar sin tasa. Llevó una vida exagerada, llena de lujos exuberantes y enfocada a la búsqueda del placer personal.
Se trasladó a Londres, donde se casaría con Mary Anne Jervis, hija del segundo matrimonio del vizconde de St. Vincent y nieta del almirante Jarvis. La señorita en cuestión era una pajarraca de cuidado que había sido amante del duque de Wellington y de su íntimo amigo el general Álava, y cuyo comportamiento y liviandad tenían escandalizada a la sociedad británica y a su pobre padre al borde del aneurisma.
David continuó una vida de extravagancias, debidamente secundado por su nueva esposa. Intentando alcanzar un mínimo de respetabilidad, se presentó como candidato en las elecciones generales de 1841 por el municipio de Sudbury, en el condado de Suffolk, siendo el primer mestizo angloindio en ser elegido. Lamentablemente, la elección fue impugnada y anulada cuando se probó que había existido «un soborno flagrante, sistemático y extenso».
En 1842, David, en un probable chispazo de lucidez, intentó divorciarse de su esposa. Alegó infidelidades continuas y manifiestas, incluso con su propio padre (aquí se le fue la mano). La agraviada esposa contraatacó y consiguió que lo declarasen oficialmente demente —hay que hacer notar que las dos cuñadas de Mary Anne colaboraron alegremente a este resultado— y que lo encerrasen en un manicomio.
En septiembre de 1843, tras sobornar a varios celadores, David consiguió escaparse del frenopático donde le habían encerrado. Pasó a Francia y, en París, pagó a un grupo de eminencias médicas que testificaron por escrito que era una persona perfectamente lúcida y cuerda.
Durante los siguientes años, viajó por Europa mientras mantenía diferentes pleitos contra su esposa, sus hermanas, el Gobierno británico, etc. Este último era el más importante, ya que lo demandaba por el monto principal de la herencia de la Begum, que seguía retenido.
David Ochterlony Dyce Sombre murió en 1851, en medio de una terrible agonía, debido a una infección en un pie. Durante una de sus francachelas en un burdel de París, se hizo una herida al dar una patada a un taburete. La herida se infectó, pero no hizo caso, y la infección condujo al previsible desenlace.
La fortuna de la Begum sigue en disputa y se calcula que podría superar los 18.000 millones de euros.