La Sevilla de tiempos de Felipe II reconstruida por el ilustrador Arturo Redondo y el historiador Fernando Olmedo
Cádiz contra Sevilla: la pugna por el comercio con América que cambió la historia naval española
Los cargadores de Cádiz y Sevilla estarían enfrentados entre ellos, pero dejaron su imborrable huella en la historia de la construcción naval
La llegada a América tuvo muchas consecuencias positivas a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, el control del comercio entre el viejo y el nuevo continente se convirtió en el eje del conflicto entre los comerciantes sevillanos y gaditanos.
El 12 de octubre de 1492 simboliza el ansiado objetivo de Cristóbal Colón: cruzar el Atlántico. Sin embargo, no llegó a Asia, como pensaba y quería, sino que se encontró inesperadamente con América. Unos meses después, en diciembre, inició el viaje de regreso a Europa, arribando primero a Lisboa y luego a Palos de la Frontera.
En Barcelona dio cuenta a los Reyes Católicos del descubrimiento, y los monarcas se lanzaron a integrar cultural, política y religiosamente a los nuevos territorios y sus habitantes. Como virreinatos y súbditos, es decir, no se los veía como meras colonias de las que extraer recursos, sino como miembros de pleno derecho de una España que se estaba formando.
Ya en el siglo XVI, las potencias europeas veían con cierta envidia la expansión de España por las tierras americanas y buscaban poder acceder al comercio entre ambos continentes. Son conocidas las tensiones y guerras que los marinos y militares hispanos lucharon contra sus enemigos, por este motivo, a lo largo de más de tres siglos. Por ejemplo, la Guerra del Asiento (1739-1748), en la que se enmarcan las heroicas acciones de Blas de Lezo y el virrey Eslava en Cartagena de Indias. Sin embargo, son más desconocidas las pugnas que sevillanos y gaditanos lucharon por el control del comercio entre la España metropolitana y la ultramarina.
Desde el primer momento, para los Reyes Católicos y sus funcionarios, la prioridad pasó por centralizar y controlar los intercambios comerciales y humanos entre ambas orillas del Atlántico. Cruzar el charco no era únicamente un viaje peligroso, sino que debía contar con una autorización por parte de la Corona.
En 1503 se escogió a Sevilla como el centro que gestionaría esta relación comercial, fundándose la Casa de la Contratación. Esta trascendental institución recibió la misión no solo de controlar el comercio, sino que también actuaba como un órgano judicial y técnico. Esta última función era trascendental para el comercio, ya que la Casa se encargaba de la formación de pilotos, de la realización de cartas náuticas, así como de la redacción y establecimiento de las normativas técnicas bajo las que se tenían que construir los galeones de comercio.
El galeón fue la tipología principal que articuló el comercio en el Atlántico hispano durante buena parte de los siglos XVI, XVII y los primeros años del XVIII. La Flota de Indias era un gran convoy de galeones de guerra y mercantes que, desde 1503, debía arribar a Sevilla remontando el río Guadalquivir y salvando la barra de Sanlúcar. Esta barrera natural definía los tonelajes máximos de los mercantes y navíos de guerra que podían llegar a la metrópoli hispalense. La mayor parte de buques que podían transitar con seguridad por esta frontera natural arqueaban desde unas pocas toneladas hasta 500, aunque había algunos superiores desde el primer cuarto del XVII.
Por arqueo se entiende el volumen interior de un navío, y esta medida era la herramienta de defensa de los comerciantes de Sevilla para asegurar su posición frente a Cádiz. Los comerciantes hispalenses presionaban a la Casa de la Contratación para que limitara el tonelaje máximo de los galeones y la Flota de Indias pudiera llegar a Sevilla con seguridad. Sin embargo, desde Cádiz sus comerciantes trataban de que se ampliara esta cifra, aumentando la capacidad de carga y la rentabilidad del viaje, lo que implicaba que la Flota no podría remontar el Guadalquivir.
Esta era la discrepancia que alimentó la pugna durante más de dos siglos, que se acabaría cerrando con el traslado de la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz en 1717. Sin prisa, pero sin pausa, el órgano rector sevillano fue cediendo a las presiones y aumentando los tonelajes máximos; por ejemplo, en 1618 se establecieron 624 toneladas.
Durante los siglos modernos no se disponía de las capacidades de dragado con las que contamos hoy, por lo que su planificación naval pasaba por adecuar los navíos a las condiciones del río Guadalquivir que se consideraban seguras. Este era el papel de la Casa de la Contratación, pero que no siempre podía ejercer eficazmente. Al tiempo que los comerciantes y los armadores eran un grupo de presión poderoso, con muchos recursos económicos, realizaban una función vital para la economía de la España metropolitana y ultramarina.
Los cargadores de Cádiz y Sevilla estarían enfrentados entre ellos, pero dejaron su imborrable huella en la historia de la construcción naval. Estudiar uno de sus galeones de la Flota de Indias no es únicamente el análisis de los conocimientos técnicos en el tiempo de su manufactura o botadura, sino también el de los intereses y necesidades de su armador.