Camino Espiritual del Sur
La Cruzada del Éxodo: huellas de fe y libertad en el Camino Espiritual del Sur
Las mismas sendas que hoy se transitan buscando paz interior en Murcia y Granada fueron el escenario del Gran Éxodo Mozárabe guiado por Alfonso I
El viajero que hoy recorre el Camino Espiritual del Sur, camino de peregrinación entre Guadix y Caravaca de la Cruz, busca silencio, paz y reencuentro interior. Pero si escuchara atentamente, si pegara su oído a la tierra seca de Murcia o a las piedras de los senderos de Granada, oiría el eco de mil cascos de caballo y el murmullo de doce mil almas. Hace nueve siglos, este mismo suelo no fue pisado por turistas, sino por una marea humana que buscaba lo mismo que nosotros hoy: la salvación.
Entre el 8 % y el 10 % de los zaragozanos son descendientes de los mozárabes conducidos por el rey Alfonso I de Aragón, el Batallador, tras el fracaso de la única gran cruzada al estilo medieval en la península. No consiguió su objetivo de conquistar Granada —capital almorávide de Al-Ándalus— al estilo de la toma de Jerusalén, pero saqueó todo lo que pudo y regresó con todos los cristianos que se le sumaron. Su objetivo inicial era formar un principado cristiano en el corazón del reino musulmán.
Alfonso I de Aragón
La expedición militar de Alfonso I por Andalucía fue una campaña desarrollada durante nueve meses (entre el 2 de septiembre de 1125 y junio de 1126) en el interior de Al-Ándalus, en los que acampó largo tiempo cerca de Granada, saqueó campos y riquezas, venció en batalla campal al ejército almorávide en Arnisol (Anzur, cerca de Puente Genil, al sur de la actual provincia de Córdoba) y rescató un contingente de mozárabes con los que repobló las tierras del valle del Ebro, recién conquistadas por el reino de Aragón.
Todo comenzó tras la petición de la población mozárabe de Granada, encabezada por Ibn al-Qalas, que solicitaba su apoyo para rebelarse contra el gobernador almorávide de la ciudad: Abu Tahir Tamim ibn Yusuf. El Batallador se decidió a emprender la campaña con un ejército formado por unos mil o mil quinientos caballeros y un número indeterminado de peones. Contaba con sus más notables magnates: el obispo Esteban de Huesca, el obispo Ramón de Roda y el prelado de Zaragoza, Pedro de Librana. También formaron parte de la expedición Fortún Sánchez, en calidad de alférez; el juez Pedro Jiménez, y el señor Ramón Arnaldo de Santa Cruz de Tudela.
Partió de Zaragoza a principios de septiembre de 1125, pasando cerca de Valencia y cruzando hacia Alzira, ciudad que intentó tomar, sin éxito. Por el camino se le unían distintos grupos de mozárabes. Luego atacó Denia y pasó a Murcia. Después intentó atacar Baza, para continuar hasta Guadix el 4 de diciembre, tratando de tomarla durante un mes, con resultado infructuoso. Sin embargo, por el camino iba saqueando y arrasando todo lo que podía, a la vez que sus filas engrosaban con más infantes mozárabes.
Continuó su marcha hasta Nívar, a unos quince kilómetros de la ciudad de Granada. El pánico cundió en toda la ciudad y se armó a todos los hombres para la defensa. Allí esperó acampado a que le abrieran las puertas, pero no ocurrió nada. El jefe de los cristianos mozárabes argumentó que no podía, porque un poderoso ejército había cruzado el Estrecho. La única solución era unirse a las tropas de Alfonso.
Como la situación era insostenible, decidió levantar el campamento y dedicarse a arrasar todas las tierras de Granada y Córdoba. Procedente de Sevilla, Abu Bakr dirigió un ejército contra Alfonso, al que encontró en Anzur, a tres leguas de Lucena, el 9 de marzo del año 1126. Allí intentó atacar el campamento cristiano por la noche, pero fue repelido. Al amanecer comenzó la batalla, en la que venció el Batallador, que finalmente entró en el campamento enemigo por la noche y terminó de destruir el ejército. Alfonso, como rey medieval que era, luchó en esta batalla.
Cambiaría de rumbo y, desde las Alpujarras, iría a la costa por Motril hasta llegar de nuevo a Granada. Sin embargo, le acosaban dos ejércitos, uno de Fez y otro de Mequínez. En Guadix se produjo una escaramuza en la que el grueso del ejército de Alfonso se salvó, pero no pudo evitar la derrota y terminó por retirarse. Llegado el momento, dirigió a su ejército y a los mozárabes no combatientes hacia la frontera con Aragón, siguiendo el trayecto que hoy en día es el Camino Espiritual del Sur.
En el camino fueron hostigados, llegando a perder algunos miembros del «estado mayor» de su ejército. Sin embargo, las bajas fueron menores y, aunque pasaron muchas penalidades típicas de la época —peste, hambre, frío—, consiguieron volver. No logró su objetivo principal, conquistar Granada y establecer en ella un reino cristiano, pero consiguió riquezas y un extra de población que necesitaba urgentemente, pues la repoblación en Aragón estaba dejando grandes zonas sin explotar.
Cuando Alfonso se retiró, no volvió solo. Se llevó familias enteras de mozárabes que huían de la persecución almorávide para repoblar el valle del Ebro. La retirada, en torno a mayo de 1126, fue un gran éxodo como peregrinaje. Fue un «Camino Espiritual» de supervivencia. Para esos mozárabes, recorrer esos mismos senderos hacia el norte fue su propio éxodo bíblico hacia la «Tierra Prometida» (Aragón), guiados por su «Moisés» (Alfonso I). Cuando Alfonso ordenó el regreso, ocurrió el prodigio. No volvieron solo soldados. Detrás de los escudos, comenzaron a caminar ancianos, mujeres y niños.
'El barranco de la muerte', obra de Agustín Salinas Teruel: La obra muestra el momento en que el rey Alfonso I de Aragón († 1134), contempló la matanza llevada a cabo por los almogávares contra las tropas musulmanas de Imad al-Dwla, gobernador de Zaragoza
Hace 900 años, el Camino Espiritual del Sur no fue recorrido por peregrinos solitarios, sino por un ejército de fe y un pueblo en busca de libertad. Las mismas sendas que hoy se transitan buscando paz interior en Murcia y Granada fueron el escenario del Gran Éxodo Mozárabe guiado por Alfonso I. Cada paso en este camino es una huella sobre la marcha de aquellos que buscaban su salvación, tanto física como espiritual. Miles de mozárabes fueron asentados en las diferentes plazas de la frontera sur de Aragón y sostuvieron su defensa frente a las frecuentes algaradas musulmanas, así como nuevos pobladores con los que trabajar nuevas tierras. Sin duda, la de Granada fue una expedición digna de recordar.
Durante siglos, el paso de Alfonso I por estas tierras fue una historia transmitida por crónicas medievales. Sin embargo, el suelo de Puebla de Don Fadrique (Granada), etapa 12 del Camino, guardaba un secreto: el hallazgo de una moneda acuñada por el Batallador. Es un vínculo sagrado: la misma moneda que quizá un soldado mozárabe apretó en su puño pidiendo protección, hoy nos sirve de faro para asegurar que este camino es, y siempre ha sido, una ruta de fe y retorno.
Hoy, las espadas se han oxidado y los estandartes han desaparecido. Pero el camino permanece. Lo que en 1126 fue una ruta de supervivencia y guerra, el tiempo lo ha purificado convirtiéndolo en el Camino Espiritual del Sur. Quien camina hoy por estas tierras no solo transita un sendero geográfico: camina sobre las huellas de un pueblo que marchó hacia la esperanza. Al llegar a destinos sagrados como Caravaca de la Cruz, el peregrino moderno completa el viaje que aquellos 12.000 mozárabes iniciaron: la búsqueda de un lugar donde el alma pueda ser libre.
- Antonio Martín Marín: es Ingeniero de Telecomunicaciones.