La rojigualda más antigua que conserva España ondeó en Trafalgar bajo el mando de Gravina
La rojigualda más antigua que se conserva en España ondeó en la batalla de Trafalgar
El historiador José Luis Álvarez explicó a El Debate que Gravina ordenó apuntalar al mástil esta bandera de combate en Trafalgar «porque íbamos a por todas: no nos íbamos a rendir»
Entre el humo y el fuego, las enormes banderas de combate de los navíos españoles ondeaban desafiantes en alta mar. Estas enseñas, visibles aun incluso desgarradas por la metralla del combate, eran el temple y orgullo de los marinos que asumían el compromiso de defender la nación hasta las últimas consecuencias.
De la misma manera, la bandera rojigualda ondeó en la popa del navío Príncipe de Asturias, buque insignia de Federico Gravina en la batalla de Trafalgar. Ahora, de forma temporal, luce imponente en el Museo Naval de Madrid como parte de la exposición temporal La bandera que vino de la mar. Los colores que nos identifican.
Con más de dos siglos de antigüedad y 26 metros cuadrados, la bandera del Príncipe de Asturias es la más antigua que se conserva en España. Según advirtió José Luis Álvarez, historiador y comisario de la exposición, ante las cámaras de El Debate, Gravina ordenó apuntalar al mástil esta bandera de combate «porque íbamos a por todas: no nos íbamos a rendir».
La bandera que no se rindió en Trafalgar
A pesar de la derrota, la escuadra española no se rindió. El combate tuvo lugar el 21 de octubre de 1805 frente al cabo de Trafalgar, en el suroeste de España. Enfrentó a las tres grandes potencias navales del siglo XIX: la flota británica, comandada por el vicealmirante Horatio Nelson, estaba en inferioridad numérica, con 18.000 hombres y 2.148 cañones; mientras que la flota franco-española disponía de más de 30.000 hombres y 2.632 cañones.
Orden de batalla en el combate de Trafalgar
Cuando comenzó el combate, la escuadra combinada adoptó una formación en columna un tanto desorganizada, compuesta por tres divisiones: vanguardia (contraalmirante Dumanoir), centro (vicealmirante Villeneuve) y retaguardia (teniente general Gravina).
Por su parte, el vicealmirante Nelson organizó su escuadra en dos divisiones: una de 12 navíos, comandada personalmente por él, con insignia en el HMS Victory, y la otra de 15 navíos al mando del vicealmirante Collingwood. Ambas divisiones formaron en columna y navegaron de manera separada y paralela, en dirección oblicua y perpendicular respecto a la formación naval franco-española.
Aquella mañana, el Príncipe de Asturias se hallaba adscrito a la escuadra encargada de cubrir la cola de la formación. Hacia las ocho de la mañana, el almirante Villeneuve ordenó virar en redondo. Esta decisión condenaría a la escuadra combinada.
El español solicitó al francés poder maniobrar con independencia, pero esta fue denegada. Al mediodía, las dos columnas inglesas se lanzaron en perpendicular contra la escuadra combinada con el objetivo de penetrar por los amplios huecos entre bajel y bajel y apresar al buque Príncipe de Asturias de Gravina, concentrando el fuego de varios navíos de manera sucesiva sobre el mismo objetivo.
El buque insignia de Gravina se enfrentó primero contra los navíos de 74 cañones Defiance y Revenge; el primero quedó desarbolado de un palo y varias vergas tras un intenso cañoneo del buque español, lo que obligó a dejar su puesto a otro navío británico, mientras que el segundo, intentando salir del combate para poder responder, quedó desarticulado.
El 'Príncipe de Asturias', buque insignia del vicealmirante Federico Gravina, durante la Batalla de Trafalgar
Más tarde llegaron el Prince y posteriormente el Dreadnought, ambos de tres puentes, que pusieron las cosas muy difíciles a Gravina, quien en este choque quedó gravemente herido, pero continuó luchando hasta perder el conocimiento como consecuencia de la pérdida de sangre. Sería Antonio Escaño quien tomó el relevo, pero fue herido también en la pierna.
El Príncipe de Asturias, desarbolado y maltrecho tras el ataque de múltiples navíos ingleses, se vio obligado a solicitar a la fragata francesa Thémis que le remolcara de vuelta a Cádiz. «Me encuentro en la triste pero necesaria obligación de desempeñar el cargo de poner en noticia de V. E. que nuestros esfuerzos y el heroico abandono de nuestros días no han alcanzado a evitar una pérdida, que sería considerable si no estuviéramos tan firmemente convencidos de que nada nos quedó que hacer y que, por consecuencia, se salvó el honor», indicó Escaño en el parte a Manuel Godoy.
«A las doce menos ocho de la mañana, un navío inglés de tres puentes, con su insignia al tope de trinquete, atravesó nuestra línea por el centro, sosteniéndole en su ejecución los navíos que venían por sus aguas; todos los demás cabezas de columnas de la escuadra enemiga practicaron lo mismo: una de ellas dobló nuestra retaguardia, cruzó otra tercera por entre el 'Aquiles' y el 'San Ildefonso', y desde este momento la acción se limitó a combates sangrientos particulares, a tiro de pistola la mayor parte de ellos, resultando como consecuencia necesaria algunos abordajes. La ventaja que tiene el que ataca bajo un plan premeditado contra el que tiene que mandar por señales».
La rojigualda más antigua que conserva España ondeó en Trafalgar bajo el mando de Gravina
Escaño acababa su parte asegurando lo siguiente: «Todos los navíos, tanto franceses como españoles, que se batieron a mi vista llenaron completamente sus deberes, y que este navío, después de cuatro horas de un combate horroroso con tres o cuatro enemigos, con todas sus jarcias cortadas, sin estays, sin poder dar vela y los palos agujereados y atravesados a balazos […] no puedo menos de cumplir con esta obligación que me es bien gustosa, poniendo en noticia de V. E. la noble y generosa emulación con que, a competencia, se esmeraban en el desempeño de sus respectivos deberes los oficiales de guerra de este navío, los ayudantes de la Mayoría de mi cargo y la tripulación y guarnición de él, tanto de Tierra como de Marina, y yo me complazco en tributarles estos elogios a que se han hecho acreedores por su bizarra conducta durante el combate».
Devuelta a Cádiz junto al maltrecho Príncipe de Asturias tras la batalla, la bandera sobrevivió al naufragio de una escuadra y al paso de los siglos. Custodiada por la Armada y conservada hoy en el Museo Naval, sus desgarrones y cicatrices siguen dando testimonio de aquel combate en el que no fue arriada. Más de doscientos años después, la enseña que ondeó en Trafalgar permanece como símbolo tangible de una derrota sin rendición.