La afluencia diaria a la tumba de Lenin, que permanece abierta día y noche y es visitada por personas de todos los estratos sociales.
Cómo Stalin usó la muerte de Lenin para tomar el poder en la URSS
El 21 de enero de 1924, el revolucionario ruso moría en su residencia de Gorki, cerca de Moscú. Sus sucesores empezarían una lucha por el control de la URSS que acabaría con la Gran Purga orquestada por Stalin en 1937
En el invierno de 1924, la salud de Vladímir Ilich Uliánov, más conocido como Lenin, tenía a la Unión Soviética en vilo. El líder del Partido Comunista ruso, a sus 54 años, llevaba tiempo confinado en una silla de ruedas, ya que su salud no había dejado de empeorar tras un atentado seis años atrás. Tras dar un discurso en una fábrica de armamento, fue disparado tres veces por una disidente política, Fanni Kaplán. Fue ejecutada, pero Lenin sufrió las secuelas de las balas que le alcanzaron: una en el hombro y otra en el pulmón izquierdo.
El 21 de enero de 1924 fallecía Lenin, oficialmente a causa de un accidente cerebrovascular. Se celebró un funeral de Estado, en el que millones de personas se congregaron para despedirle, pese a las crudas temperaturas del invierno moscovita, alrededor de 30 °C bajo cero. Los veteranos de la Guerra Civil Rusa hicieron frente a la nieve para llevar el féretro.
En el funeral estaban presentes algunos de los jugadores de la partida de ajedrez a varias bandas que estaba ya comenzando para designar al siguiente líder de la URSS. Sin embargo, uno de los favoritos, el que fuera líder del Ejército Rojo, León Trotsky, faltó a la cita. Estaba recuperándose de una enfermedad en el Cáucaso, y no acudió porque, según explicó, le habían informado mal de la fecha. El secretario de Stalin confirmaría más tarde que, efectivamente, había sido una maniobra para alejarle del poder. Sería la primera de muchas. A pesar de las protestas de la viuda de Lenin, Nadezhda Krúpskaya, el cuerpo fue embalsamado para mostrarlo en un mausoleo en la plaza Roja de Moscú, donde sigue hoy en día.
En un primer momento, se formaron tres facciones: la «izquierda», liderada por Trotsky; un «centro», con Stalin a la cabeza, y una oposición de «derecha», encabezada por Bujarin. Todos irían cayendo bajo las maniobras de Stalin, un militar georgiano que había ascendido meteóricamente en las filas del partido. Según cronistas cercanos a Lenin, el líder de la URSS desconfiaba de él antes de su muerte y advirtió contra él.
Tras la muerte de Lenin, Stalin se esfuerza por «quitarse del medio» a Trotsky. Empieza borrándole de algunas imágenes
Trotsky era la mayor amenaza para Stalin. Fue destituido de sus funciones, apartado de la dirección del partido, expulsado del mismo, deportado a Kazajistán y, finalmente, exiliado de la Unión Soviética en 1929. El aparato de propaganda de Stalin atacó fuertemente su reputación, llegando incluso a editar fotos para borrar la evidencia de que había sido uno de los colaboradores más cercanos de Lenin.
Durante su exilio en Turquía, Noruega y, finalmente, México, León Trotsky fue testigo de la encarnizada persecución de su familia. Su primera esposa, sus hijos, hermana, cuñados y sobrinos acabaron muriendo en la cárcel o ejecutados. Trotski sufrió dos atentados en México, ordenados por Stalin. En mayo de 1940, con la complicidad de un guardaespaldas que era agente doble, un comando de veinte hombres disparó 400 tiros contra Trotski y su esposa, pero lograron resguardarse junto a una pared al lado de su cama y salvar la vida. El segundo intento, unos meses más tarde, sí tuvo éxito.
El barcelonés Ramón Mercader consiguió entrar en casa del revolucionario ruso y le atestó un fuerte golpe con un piolet en la cabeza. Mercader saldría de la cárcel en 1960 y recibió la medalla al Mérito de la URSS. Como curiosidad, el piolet se conserva en el Museo Internacional del Espionaje en Estados Unidos.
Con Trotsky en el exilio, la lucha por el poder de Stalin no había terminado. Bujarin, uno de los principales teóricos del comunismo, también fue apartado del poder. Fue ejecutado en 1938 bajo cargos de traición al partido. Su viuda, Anna Larina, pasó 20 años en prisión y murió en los años noventa, tras dedicar el resto de su vida a escribir largas cartas a Kruschov y sus sucesores para rehabilitar la memoria de su marido.
En un primer momento, Stalin gobernó en un triunvirato con Kámenev y Zinóviev, y con el apoyo de la viuda de Lenin. Sin embargo, cuando empezaron a surgir tensiones dentro del triunvirato, se aliaron con los trotskistas en apoyo de Kámenev y Zinóviev y en contra de Stalin. Este consiguió acusar a sus compañeros de traición contra el partido y ordenó su ejecución, junto con la de otros muchos, en lo que se llamó la Gran Purga de 1937. La viuda de Lenin fue repudiada por el partido y murió en el ostracismo dos años después de la Gran Purga, a los 70 años. Se rumoreó que Stalin la había hecho envenenar por oponerse a él. Nikita Kruschov se refirió a ella como «una anciana rota».
Stalin gobernó la URSS con puño de hierro hasta su muerte en 1953, cuando fue sustituido por Nikita Kruschov, vencedor del juego de tronos que se ocasionó a la muerte del dictador.