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El Turco

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Picotazos de historia

El Turco, la máquina que derrotó a Napoleón y a Benjamin Franklin al ajedrez

El debut del autómata fue un éxito rotundo. La máquina, que rápidamente fue bautizada como «el Turco», demostró ser un jugador agresivo y derrotó sucesivamente a tres oponentes

En 1769, el mecánico, inventor y funcionario del reino de Hungría Wolfgang von Kempelen presenció una demostración de experimentos magnéticos organizada en el palacio imperial de Schöbrunn. La emperatriz María Teresa disfrutó mucho con las artes del ilusionista magnético François Parmentier, pero Wolfgang quedó bastante decepcionado, tanto que prometió a Su Majestad Imperial que en menos de un año tendría lista una máquina mucho más asombrosa que todo lo que se había mostrado allí.

En 1770, von Kempelen presentó su creación en el mismo palacio de Schöbrunn, donde había prometido hacerlo. Se trataba de una máquina autómata. La figura, que mostraba solo el torso, los brazos y la cabeza, estaba vestida con ropajes de inspiración turca y sobre su cabeza llevaba un turbante. La mano izquierda sostenía una larga pipa, mientras que la derecha reposaba sobre un pequeño cojín dispuesto a la derecha de un tablero de ajedrez que se encontraba encima de un mueble que hacía de mesa.

Grabado de El Turco (1783)

Grabado de El Turco (1783)

Este mueble tenía 90 centímetros de largo por 70 de alto y unos 60 de fondo. La parte frontal del mueble se abría, lo que permitía apreciar que la parte izquierda mostraba un complejo sistema de engranajes; la derecha —mucho más despejada— mostraba algunos elementos de latón junto con un cojín de color rojo. La parte de abajo del mueble tenía un largo cajón que, al extraerse, permitía ver en su interior un tablero de ajedrez con escaques blancos y rojos.

El debut del autómata fue un éxito rotundo. La máquina, que rápidamente fue bautizada como «el Turco», demostró ser un jugador agresivo y derrotó sucesivamente a tres oponentes. Antes de cada partida, von Kempelen abría las puertas de los distintos compartimentos y el cajón para que todos pudieran comprobar su interior.

El Turco cabeceaba dos veces antes de dar jaque a la reina y tres veces cuando daba jaque al rey; si identificaba algún movimiento erróneo, lo rectificaba mientras movía la cabeza a los lados. Si consideraba que era una trampa, entonces devolvía la pieza a su posición original y penalizaba al oponente haciéndole perder el movimiento. Si se insistía en hacer trampa, entonces barría las piezas del tablero, negándose a continuar.

A pesar del enorme éxito que von Kempelen consiguió con su autómata, el inventor era reacio a mostrar la máquina. En una década apenas la exhibió un par de veces y, tras una partida contra el embajador del Reino Unido en Viena —teniente general Keith—, la desmontó y la guardó en cajas.

Al año siguiente recibió una orden imperial por parte del emperador José II. Resulta que se esperaba una visita de Estado del heredero de la corona imperial rusa —gran duque Pablo, hijo de Catalina la Grande— y este había mostrado interés en ver al autómata en funcionamiento. Von Kempelen no tuvo más remedio que rearmar el autómata y tenerlo listo para mostrarlo en funcionamiento.

Una ilustración del funcionamiento del modelo.

Una ilustración del funcionamiento del modelo.

El gran duque quedó entusiasmado e insistió en que semejante maravilla tenía que ser mostrada, por lo que von Kempelen quedó comprometido a llevar a cabo una gira de exhibición del autómata por las cortes europeas, algo que no hacía demasiada gracia al inventor.

La gran gira se inauguró el 17 de abril de 1783 en Versalles, donde asombró a toda la corte derrotando a diferentes oponentes y teniendo el detalle de dejarse ganar por el duque de Boullion. Tras su éxito en la corte, el espectáculo se instaló en París. El Turco jugó allí contra algunos de los mejores jugadores de su tiempo, demostrando ser un temible adversario. Una de las personas a las que ganó fue el embajador de los Estados Unidos de América, Benjamin Franklin, quien disfrutó como un niño pequeño durante la partida contra el Turco.

Tras París viajaron a Londres y desde allí a las múltiples pequeñas cortes centroeuropeas. Hay historias contradictorias sobre si llegó a jugar contra Federico II de Prusia en su palacio de Potsdam. Una vez concluida la gira, von Kempelen desmontó el autómata y lo guardó.

El inventor falleció en 1804 y el autómata fue vendido por sus herederos a un músico e inventor aficionado bávaro llamado Johann Nepomuk Mälzel. Tras aprender su funcionamiento y llevar a cabo algunas reparaciones necesarias, el Turco reapareció. En 1809 tuvo lugar una de sus más espectaculares actuaciones jugando contra Napoleón Bonaparte, quien demostró ser un tramposo de órdago y consiguió enfadar a la propia máquina. Esta barrió las piezas sobre el damero, negándose a continuar la partida para deleite del emperador.

En 1811 el Turco derrotó a Eugenio de Beauharnais, hijo de Josefina, prohijado por el propio Napoleón, quien no paró hasta conseguir que le vendieran el autómata por 30.000 francos. Cuatro años más tarde, Mälzel consiguió que Eugenio de Beauharnais le revendiera el Turco; los detalles de la transacción nunca fueron públicos.

Grabado del turco del libro Razón Inanimada, de Karl Gottlieb von Windisch, publicado en 1784.

Grabado del turco del libro Razón Inanimada, de Karl Gottlieb von Windisch, publicado en 1784.

Mälzel hizo algunas alteraciones al autómata: se incorporó una caja de voz que permitía que este exclamara «¡Jaque!» antes de ejecutar la jugada; se añadieron algunos movimientos adicionales de la cabeza, etc. Cuando consideró que el autómata estaba listo para exhibirlo, inició una gran gira —después de la derrota de Napoleón en Waterloo (1815)— por Francia, Reino Unido, reinos alemanes e Imperio austrohúngaro que se alargaría durante años. En 1826 cruzó el océano y llevó al Turco a los Estados Unidos de Norteamérica. Todas estas giras fueron muy rentables para Mälzel y un éxito continuo para el Turco.

En 1838, mientras estaba en La Habana en plena gira, falleció Mälzel debido a unas fiebres palúdicas complicadas con el alcoholismo que sufría desde hacía algún tiempo. Este último no solo había afectado a su salud, sino también a su capacidad de gestión, motivo por el que se había endeudado y su socio se quedó con cuanto tenía. Se organizó una subasta con los bienes de Mälzel y el Turco fue adquirido por el doctor John Mitchell, quien era el médico del famoso escritor Edgar Allan Poe.

Al abrir las cajas, Mitchell se encontró con que en su interior no solo estaban las piezas del Turco, también había piezas de otros autómatas que formaban parte del espectáculo. Al tratar de separarlas y montarlas, Mitchell se dio cuenta de que faltaba parte del Turco. Especialmente se indignó por no encontrar la mitad inferior del autómata, pero es que esa parte nunca existió.

Wolfgang von Kempelen

Wolfgang von Kempelen

La notable máquina creada por Wolfgang von Kempelen fue destruida debido a un incendio que arrasó el Museo Chino de la calle George de Filadelfia. Este era una extensión del museo de la ciudad y allí estaba depositado el autómata para que fuera admirado por el público, pero sin funcionar.

A día de hoy sigue siendo motivo de debate si se trataba de un verdadero autómata u ocultaba en su interior a una persona que manejaba palancas y engranajes que movían al muñeco y que era el verdadero jugador. La opinión más generalizada es que se trataba de un truco, pero nadie ha podido explicar cómo se llevaba a cabo.

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