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Reunión entre San Martin y Simón Bolívar (Entrevista de Guayaquil)

Voces indígenas cuestionan el relato de la independencia: «Seguimos pagando los platos rotos de Bolívar»

La Asociación Héroes de Cavite ha reunido a cuatro voces indígenas, que tiene como objetivo dar a conocer las verdaderas relaciones de los pueblos hispanoamericanos con la Corona española en la época virreinal

«El mundo indígena forma parte de la Hispanidad», afirmó Ángel Benzal al término del encuentro celebrado este miércoles en la Fundación Rafael del Pino, organizado por la Asociación Héroes de Cavite, de la que es su presidente.

Presentado por Benzal y moderado por la escritora y pintora Pilar de Arístegui, el coloquio El mundo indígena en el ámbito hispano ha reunido a cuatro voces relevantes que, desde perspectivas distintas, han dibujado una misma idea: que «América la hicimos juntos: los españoles de la península y los españoles de ultramar», tal y como advirtió de Arístegui.

El armazón institucional

La primera mesa reunió al investigador, historiador colombiano John Alejandro Ricaurte Cartagena, experto en el proceso de independencia hispanoamericana, y al investigador ecuatoriano Maher Sarabino Díaz, militante del movimiento hispanista El otro Ecuador, que reivindica el legado cultural compartido entre España y los pueblos originarios. Ambos centraron su análisis en el marco jurídico y social del mundo indígena dentro de la Monarquía Hispánica.

Partiendo de la premisa de que Isabel la Católica dejó por escrito en su testamento que «no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, antes al contrario que sean bien y justamente tratados, y si han recibido algún agravio que lo remedien», Ricaurte subrayó que no puede comprenderse el proceso sin atender a la legislación indiana y al reconocimiento jurídico del indígena como «vasallo libre de la Corona».

En este sentido, explicó que, durante la crisis de la Monarquía y las Cortes de Cádiz, cuando se decretó la supresión del tributo indígena y se proclamó que los indígenas dejarían de ser «tributarios» para convertirse en «ciudadanos libres», la reacción de muchos pueblos fue la de escribir cartas al rey asegurando que querían «continuar siendo indios», pues la categoría de «ciudadano» implicaba perder el estatuto jurídico de «indígena protegido» que había funcionado durante más de tres siglos.

«Ser ciudadano significaba pagar los mismos impuestos generales, perder tierras comunales y asumir el servicio militar obligatorio», explicó el colombiano. Por eso, «no querían ser libres en el sentido liberal del término», tal y como impulsaron los proyectos independentistas de figuras como Simón Bolívar.

Así, ante el estallido de los movimientos secesionistas —más que independentistas—, muchos pueblos indígenas integrados en el sistema español optaron por «proteger al rey en América» porque la Corona representaba el marco legal que reconocía su identidad colectiva y sus derechos comunales.

Continuando con la mención de Simón Bolívar, Sarabino aportó la perspectiva andina y destacó las sombras que siguieron a la ruptura con la Corona. En sus palabras, «llegaron los días grises de la República»: con la independencia se perdió más que un nombre político; desaparecieron reconocimientos y protecciones que muchas comunidades indígenas habían mantenido bajo el sistema virreinal.

Como indicó con crudeza, buena parte de lo que les había concedido la Corona desapareció «de un simple plumazo de Simón Bolívar», y el resultado fue el desplazamiento y la vulneración de derechos. Con todo ello, la conclusión que extraía fue rotunda: «La independencia no supuso automáticamente mejora para los pueblos indígenas. 200 años después de la independencia seguimos pagando los platos rotos de Simón Bolívar», sentenció el ecuatoriano.

Dos viejos rivales, una patria común

La segunda mesa ofreció una escena cargada de simbolismo. El divulgador mexicano Iván Pérez Corona, natural de Tlaxcala, compartió mesa con Juan José Marcilla de Teruel-Moctezuma, descendiente del emperador Moctezuma. Dos descendientes de dos pueblos —tlaxcaltecas y mexicas— que estuvieron enfrentados en el siglo XVI, dialogando en Madrid sobre la hispanidad. Pero no como antagonistas, sino como interlocutores en una conversación académica y pública.

Iván Pérez Corona, Pilar de Arístegui, Juan José Marcilla de Teruel-Moctezuma y Ángel Benzal

En su intervención, Pérez Corona centró su planteamiento en una pregunta provocadora: cuando se hablaba de «Hernán Cortés y los aliados» o de «los indios auxiliares», ¿quién fue realmente auxiliar de quién? «¿Cuántos españoles participaron comparado con el ejército compuesto por diversos pueblos aliados?», insistió. En las propias crónicas indígenas aparecen «30 o 40 capitanes y generales indígenas» solo de tres pueblos, lo que demuestra que la empresa no fue exclusivamente europea.

Por otro lado, el divulgador mexicano recordó que la alianza hispano-tlaxcalteca no nació simplemente de una derrota militar, sino que existía una guerra previa entre tlaxcaltecas y mexicas, y el equilibrio regional era frágil. La llegada de Cortés alteró ese tablero. «La conquista no inició en 1519», señaló, sino que formaba parte de un conflicto anterior.

El punto decisivo, por lo tanto, fue político: cuando los tlaxcaltecas creyeron que podía fraguarse una alianza entre Moctezuma y los recién llegados, «cambiaron radicalmente su postura». En un contexto donde «la balanza iba a terminar con la conquista de un pueblo», optaron (los tlaxcaltecas) por una alianza estratégica (con los españoles).

En este sentido, la caída de Tenochtitlán no puede entenderse sin esa compleja red de decisiones indígenas. No fueron simples auxiliares, sino protagonistas activos de una gran historia que duraría más de 300 años.

Por su parte, el duque de Moctezuma aportó una dimensión histórica y personal al señalar que su propia presencia en este encuentro desmontaba la leyenda negra: «Si el encuentro entre España y el mundo indígena hubiera sido únicamente ruptura absoluta, exterminio y silencio definitivo, yo hoy no estaría aquí», sentenció.

Encuentro de Hernán Cortés con Moctezuma II en 1519

Reivindicó que España «no llegó a un vacío», sino a civilizaciones estructuradas, con sistemas políticos y jerarquías complejas, y reconoció que en el encuentro «hubo guerra, hubo epidemias devastadoras y hubo dolor». No obstante, advirtió que reducir cinco siglos a «una narrativa exclusivamente genocida» es «tan simplificador como directamente falso».

Recordó también la existencia de un marco jurídico singular —las Leyes de Burgos, la controversia de Valladolid—, en consonancia con la primera mesa y el principio formulado por la Escuela de Salamanca: «Los indios no son seres inferiores, sino que poseen los mismos derechos que cualquier ser humano y son dueños de sus tierras y bienes».

Su conclusión enlazó con el espíritu del coloquio: «No hubo una ruptura absoluta, sino una transformación profunda que nos dio una identidad compartida». Por lo tanto, reivindicar la Hispanidad, afirmó, no es negar los errores, sino «atreverse a mirar cinco siglos sin simplificaciones». Y cerró su intervención con una afirmación que resonó en toda la sala: «Hoy podemos reunirnos aquí, hablando la misma lengua, compartiendo una memoria común, reconociendo nuestra historia, que no nos divide, que sí nos vincula, y el mundo indígena no es una parte de España, es su raíz, es una de sus columnas, y si sabemos convertir nuestra historia con serenidad y profundidad, será también parte esencial de su poder».

Estas dos mesas, estas cuatro voces indígenas y este diálogo mantenido en Madrid han encarnado la idea de que la Hispanidad es una realidad compleja, mestiza y compartida.