Estudio Caballo Sforza, por Leonardo da Vinci
Picotazos de historia
El coloso de Leonardo da Vinci: el caballo de ocho metros cuyo bronce acabó en cañones
El modelo de arcilla mostraba tal perfección anatómica y el conjunto era tan airoso y de tal belleza que, inmediatamente, se reconoció como obra maestra, dando fama y crédito a Leonardo en todas las cortes europeas y prestigio a su mecenas
Leonardo da Vinci (1452–1519) se encontraba en la ciudad de Florencia, donde su genio era apreciado, cuando Lorenzo «el Magnífico» de Médici decidió enviarlo como emisario a la corte de Milán. El polímata estaba acompañado por un grupo de artistas y, en la carta que Lorenzo enviaba al duque Ludovico Sforza de Milán, ensalzaba las virtudes y conocimientos del maestro Da Vinci. Ludovico, conocido como «el Moro» por lo atezado de su rostro, inmediatamente contrató al maestro, que se incorporó a su corte con funciones muy diversas. Esto ocurrió en 1481.
Al año de estar al servicio de su nuevo señor, Leonardo recibió un encargo que era al mismo tiempo un reto, un desafío. Lorenzo quería levantar un monumento para honrar la memoria de su padre, Francesco Sforza, primer duque de Milán de su casa y su linaje. Francesco fue hijo ilegítimo de otro condotiero llamado Muzio Attendolo, a quien le adjudicaron el mote de «Sforza», que tomaría como apellido al ser ennoblecido.
Inmediatamente, la tesorería ducal recibió nota de que se adelantaran ciertas cantidades de dinero y de que se acondicionara un taller, en los terrenos que hoy ocupa el Palacio Real de Milán, para que el maestro Da Vinci pudiera trabajar a gusto.
Leonardo estudió cientos de modelos de caballos y nos han legado ejemplos y anotaciones sobre caballos concretos que examinó. El artista buscó el estudio de la anatomía, comprobando la musculatura en tensión y relajada. También seleccionó lo que consideró las partes anatómicamente más perfectas de diferentes ejemplares de caballos para modelar el modelo perfecto.
Códices Madrid I-II Caballo Sforza
Primeramente ideó que la escultura mostrara a un caballo —sin jinete, arneses ni montura— encabritado, esto es, erguido sobre sus patas traseras. Este proyecto inicial tuvo que ser abandonado, ya que a la complejidad técnica que presentaba la obra en sí se le añadían otros problemas de equilibrio y estabilidad que no terminaba de solucionar. En el siglo XVII, Pietro Tacca daría con la solución y fundiría la escultura ecuestre de bronce del rey Felipe IV que preside la plaza de Oriente de Madrid. La escultura representa al rey sobre un caballo encabritado.
Abandonado el caballo encabritado, se decidió por otro al paso —con tres patas tocando el suelo—, lo que aportaba una mayor estabilidad y un mejor reparto del peso. Esto permitiría al maestro hacer una figura mayor. Y esto era otro asunto: el maestro Da Vinci era generoso con los detalles sobre la escultura, pero no acababa de precisar el tamaño que tendría ni la cantidad de bronce que se calculaba.
Sabiendo que la obra sería a una escala desconocida, Ludovico contactó con Lorenzo de Médici —carta de 22 de julio de 1489— para que le enviara maestros fundidores y escultores. Al no recibir respuesta de estos últimos, fundó la Escuela del Jardín de San Marcos para instruir a los que necesitaría el taller de Leonardo.
Estudios para el caballo
Los dibujos y bocetos que nos han llegado del segundo proyecto nos muestran dos fases diferentes. En la primera fase vemos el esbozo de un caballo con jinete, muy en la línea de las esculturas ecuestres de los condotieros Colleoni y Gattamelata, de Verrocchio y Donatello, el primero en Venecia y el segundo en Padua. Por fin, en 1491, Leonardo parece decidirse por un diseño definitivo. En este nos muestra el diseño original —sin arnés, montura ni jinete—, pero el caballo al paso (sobre tres patas) en vez de encabritado.
El animal debería reflejar la perfección y la belleza anatómica y la sencillez del proyecto haría que estas resaltaran más. Por fin dio una cifra al duque, al que cortó el aliento: necesitaría, al menos, cien toneladas de bronce e idear la manera para que se enfriara uniformemente.
Inmediatamente empezó a trabajar en el modelo de arcilla. Primero en la miniatura a escala, luego en la que sería a tamaño real de la fundición. En diciembre de 1493, con motivo de la boda de un sobrino de Ludovico «el Moro», la escultura en arcilla fue presentada. Resultó ser la gran protagonista de la boda. Asombró a todos cuantos la vieron. Un testimonio nos dice que «medía doce brazos de altura hasta la cruz», esto es, más de siete metros hasta la unión del cuello con el cuerpo. La altura total rebasaría los ocho metros.
Leonardo diseñó una forma de ensamblaje interior que uniría las siete piezas de bronce que compondrían la escultura. Estas se fundirían por separado. El modelo de arcilla mostraba tal perfección anatómica y el conjunto era tan airoso y de tal belleza que, inmediatamente, se reconoció como obra maestra, dando fama y crédito a Leonardo en todas las cortes europeas y prestigio a su mecenas.
Retrato de Ludovico Maria Sforza
Todo estaba listo para recibir el bronce, pero este se desvió para algo más urgente y necesario: cañones. Y es que Ludovico estaba en una situación muy complicada. El ducado de Milán ocupaba una posición estratégica, al norte de la península italiana. En Francia, el rey Luis XII estaba decidido a reclamar la corona napolitana. Sus ejércitos estaban movilizados y listos para marchar. Milán podía ser aliado o enemigo.
El Sforza sabía que Milán no tenía fuerzas suficientes para rechazar al ejército francés. Podía retrasar, pero no vencer, mientras jugaba la baza de la diplomacia para así ganar tiempo. Al final ganó Francia. Ludovico perdió su ducado y tuvo que huir, lo mismo que Leonardo, que buscó refugio en Monza.
El mariscal de Francia, Gian Giacomo Trivulzio, ocupó Milán y sus ballesteros utilizaron el caballo de arcilla para practicar, destrozándolo completamente. Años más tarde, el destino, que es muy pícaro, llevó de nuevo a Leonardo a Milán. Se le ofreció que diseñara un proyecto para construir un monumento funerario para el propio Gian Giacomo Trivulzio. El monumento no se construyó al final, pero los bocetos que han llegado muestran que estaría rematado por la figura de un caballo, igual que la escultura que fue destruida por los ballesteros que mandaba el mariscal al servicio de Francia.
El proyecto del gran caballo nunca se realizó, pero siempre llamó la atención por los bocetos que dejó Leonardo. En 1999 un multimillonario norteamericano financió un proyecto para realizar la escultura, a condición de que se fundieran dos caballos: uno para Milán y el otro para su ciudad de Michigan. La escultura, de nueve metros de altura, fue fundida por un equipo de artistas dirigido por la escultora Nina Akamu. Las esculturas se pueden encontrar en el hipódromo de Milán y en el Parque Frederik Meijer de Michigan.