Vista de la Biblioteca de Alejandría, Egipto
¿Quién destruyó la Biblioteca de Alejandría? Un misterio con varios sospechosos
La cuestión de quién destruyó la biblioteca de Alejandría y por qué sigue siendo uno de los debates más recurrentes de la historiografía
Considerada como la mayor biblioteca de la Antigüedad, en la Biblioteca de Alejandría, bajo la dinastía ptolemaica de Egipto, se logró reunir una gran cantidad de importantes obras científicas y literarias de la época: tenía como finalidad compilar todas las obras del ingenio humano para crear una suerte de «colección inmortal para la posteridad», según indica National Geographic.
Según relata el historiador Guy de la Bedoyere en La caída de Egipto y el auge de Roma: una historia de los Ptolomeos, el primer faraón de la dinastía ptolemaica, Ptolomeo I Sóter, convirtió Egipto en una meca de la cultura griega durante su reinado. Su capital, Alejandría, «sirvió como puerto de entrada en todos los sentidos posibles para la literatura, el arte y la filosofía, así como para el comercio», detalla el historiador.
Así, hacia el año 295 a. C., Ptolomeo I encargó a su consejero Demetrio de Falero la construcción de la mayor colección de obras escritas del mundo, una iniciativa que colocaría a Alejandría en el mapa. Sin embargo, el faraón murió antes de que las obras terminasen. Sería durante el reinado de su hijo y sucesor, Ptolomeo II Filadelfo, cuando aquel centro del saber fue completado.
Para entonces, la dinastía ptolemaica había dedicado ingentes recursos al proyecto y a la expansión de Alejandría: no solo se recorrió el mundo en busca de obras escritas, sino que también se adquirieron o copiaron tesoros como la biblioteca de Aristóteles y copias de obras originales de Esquilo, Eurípides y Sófocles.
La biblioteca no solo albergó gran parte de la literatura griega antigua, sino que también contuvo obras de otros centros culturales como Siria, Persia y la India. Así, ganó fama de depósito de conocimiento al que acudían eruditos interesados por su vasta colección y deseosos de ampliar sus conocimientos.
Recreación exterior de la Antigua Biblioteca de Alejandría
De esta manera, a mediados del siglo III a. C. y bajo la dirección del poeta Calímaco de Cirene, se cree que la biblioteca poseía cerca de 490.000 libros, una cifra que dos siglos después había aumentado hasta los 700.000, según Aulo Gelio, aunque son cifras discutidas.
A pesar de que muchos historiadores han tratado de esclarecer la causa de la destrucción de este espacio de conocimiento, existe una falta de evidencias que sostengan una tesis definitiva. Lo cierto es que la biblioteca no fue destruida en un solo evento.
El más conocido fue el incendio provocado en el año 48 a. C. por Julio César, quien viajó a Alejandría para defender a su aliada Cleopatra en la guerra contra su hermano, Ptolomeo XIV. Durante el proceso, los romanos intentaron impedir que la flota del faraón zarpara del puerto incendiando los barcos y muelles de la capital.
«César atrincheró el palacio y los edificios cercanos y mandó construir fortificaciones hasta el mar. […] Después tuvieron lugar muchos combates entre ellos, tanto durante el día como por la noche, y se incendiaron por completo muchos lugares, de modo que se quemaron, entre otros edificios, el arsenal, los almacenes de trigo y la biblioteca, cuyos libros, según dicen, eran muchísimos y de gran calidad», relata Dión Casio en su Historia romana.
Este grabado recrea el incendio que quizá destruyó parte de la Biblioteca en el año 48 a.C.
Sin embargo, Plutarco responsabiliza directamente al general y escribe que «amenazado de verse interceptado de su flota, se vio obligado a rechazar el peligro por el fuego, que, al propagarse desde los arsenales, destruyó la gran biblioteca».
Aunque el filósofo Séneca el Joven indicó que el incendio destruyó 40.000 rollos, las fuentes discrepan sobre la magnitud de los daños. Es más, fuentes posteriores al incendio hacen referencia al templo Mouseion, dentro del cual fue construida la biblioteca, lo que indica que el templo seguía en uso. Además, algunos eruditos siguieron trabajando con colecciones que habrían desaparecido si la biblioteca hubiera sido destruida por completo.
Si bien este incendio causó graves pérdidas, algunos estudiosos sostienen que la destrucción definitiva de este centro del saber fue el desinterés. Según considera el bibliotecario y conservador Sebastian Modrow en Libraries, Archives and Museums, la Biblioteca de Alejandría «cayó lentamente en el abandono».
Durante el dominio romano de Alejandría, este gran depósito del saber fue ignorado en gran medida por sus líderes: «Se nos cuenta muy poco sobre la biblioteca (o lo que quedaba de ella) durante el período imperial romano», detalla el historiador Roy MacLeod en The Library of Alexandria: Centre of Learning in the Ancient World.
La cuestión de quién destruyó la Biblioteca de Alejandría y por qué sigue siendo uno de los debates más recurrentes de la historiografía. Para el historiador clásico Roger S. Bagnall este es «un misterio con varios sospechosos». Algunos señalan como culpable a Julio César tras el incendio del 48 a. C.; otros apuntan a los conflictos religiosos del siglo IV y la destrucción del Serapeo en el año 391; mientras que otros lo atribuyen al califato islámico tras la conquista de la ciudad. Fuera quien fuese, la Biblioteca de Alejandría sigue siendo una de las maravillas más añoradas de la historia.