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La gesta olvidada de la Semana Santa de Ferrol: reinvención y tradición

La gesta olvidada de la Semana Santa de Ferrol: reinvención y tradición

Grandes gestas españolas

La gesta olvidada de la Semana Santa de Ferrol: reinvención y tradición

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Eric Hobsbawm explicaba en La invención de la tradición que algunas prácticas veneradas como seculares son ingeniosas construcciones recientes, pero de tal eficacia emocional que terminan olvidando y borrando su propio origen. Es el caso de la deslumbrante estética actual de la Semana Santa de Ferrol, la más imponente del noroeste peninsular, que tiene solo décadas de Historia. Declarada de Interés Turístico Internacional -y santo y seña de la ciudad,- pocos saben que su fisonomía, impregnada de los valores de la España del Barroco, es consecuencia directa de la transformación que experimenta en la inmediata posguerra del siglo XX.

Semana Santa ferrolana

Semana Santa ferrolana

Un origen medieval e ilustrado de tradición gallega

Ello no le resta un ápice de mérito; quizás al contrario: pese a su juventud, ha sabido conquistar el alma colectiva hasta hacerse sentir como ancestral y aglutina más de una veintena de procesiones, actos litúrgicos, exposiciones y eventos. Participan miles de cofrades y la ciudad bate récords in crescendo de visitantes.

Antigua Semana Santa de Ferrol

Antigua Semana Santa de FerrolYoutube

Esta celebración, de origen medieval, mutó con las reformas borbónicas del siglo XVIII, cuando la ciudad se alzó como una gran urbe ilustrada con cofradías de penitencia y caridad. En este contexto, la Hermandad de los Dolores se constituye como Venerable Congregación de Servitas de Ferrol en la primitiva iglesia de San Julián, en el casco antiguo.

Durante casi dos siglos, el fenómeno procesional tuvo un alcance modesto, aunque las iglesias encargaron tallas a grandes imagineros. Enraizado en la tradición gallega, las imágenes eran de pequeño tamaño, procesionaban sobre sencillas andas de madera, portadas por cuatro hombres con la cabeza descubierta, «a la gallega» sin los hábitos que hoy conocemos.

Ferrol en la Revista colombiana Passport

Ferrol en la Revista colombiana Passport

La reinventio: tras los ataques, dotar al fervor de una nueva estética

La reinventio estética de este fenómeno comenzaría a gestarse al iniciarse la década de los cuarenta. El antropólogo Fernández de Rota lo define como un movimiento auténtico y espontáneo de posguerra, enraizado en una ferviente revitalización de la fe católica. Y es que, aunque en Galicia el triunfo temprano de la sublevación evitó la guerra, la persecución religiosa y las disposiciones anticlericales de la II República habían generado una profunda repulsa, así como los graves ataques a templos en Ferrol y villas cercanas, entre ellos, el de Betanzos con el incendio y pérdida irreversible de uno de los retablos más valiosos de la península. El fervor había que dotarlo de una nueva estética: una reinventio.

Patriarcas de la saga: Fermín Bescansa y Antonio Casares

Patriarcas de la saga: Fermín Bescansa y Antonio Casares

Los impulsores: Javier Casares y su familia

La reinventio tuvo un impulsor determinante: el coronel médico de la Armada Javier Casares Bescansa. A su lado, sus hijos José María y Demetrio Casares Fontenla, amparados por la Cofradía de Dolores, consagraron su vida a la génesis, desarrollo e impulso de un proyecto cofrade que marcaría un antes y un después en las celebraciones de la ciudad. Sus vínculos con la Orden de los Servitas —propietaria de la capilla de la Virgen de Dolores— eran profundos y casi hereditarios. María Dolores Fontenla, esposa y madre de los anteriores, ejercía de camarera de la Virgen, como antes lo habían sido su madre y su abuela. La familia residía en la casa medianera con la iglesia que fue adquirida por el insigne doctor.

Una de las escasas fotos de los tres creadores de la inventio. Javier, José María  y Demetrio

Una de las escasas fotos de los tres creadores de la inventio. Javier, José María y Demetrio

Científico y filántropo

Figura emblemática donde las haya, Javier Casares Bescansa había nacido en Santiago en 1875, en la ilustre saga científica de los Casares Bescansa.

Estudió Medicina, fue Premio Extraordinario Fin de Carrera y número uno del ingreso en la Armada. Fue destinado a Ferrol, fundó su familia. Políglota reputado, fue elegido entre los científicos europeos que optimizaron el esperanto, la lengua universal.

Javier Casares Bescansa

Javier Casares Bescansa

La Medicina conjugaba a la perfección los dos motores de su existencia: la Ciencia y la Filantropía. Todas las empresas que acometió, siempre estuvieron orientadas al servicio a los demás. Era extraordinariamente apreciado por sus diagnósticos certeros, consultados por especialistas de España y Europa, inventor de fórmulas magistrales como el Yodovitamin Casares y, profundamente sensibilizado por la incidencia de la tuberculosis y las infecciones bacterianas, difundió el uso de los rayos X y promovió de campañas de profilaxis y potabilización del agua.

Una de las primeras cesáreas de Europa. Ayuda un jovencísimo Javier Casares estudiante de Medicina en 1897

Una de las primeras cesáreas de Europa. Ayuda un jovencísimo Javier Casares estudiante de Medicina en 1897

Deseoso de inculcar a la juventud valores cristianos de servicio, amor a la naturaleza y espíritu deportivo, ostentó la jefatura de los Exploradores de España (Boy Scouts). Su Manual de Instructores de 1924 en varios idiomas haría que Baden-Powell le otorgase el Lobo de Plata, la más alta condecoración escultista que poseen muy pocos en el mundo, entre ellos tres reyes.

Profundamente católico, llevaba a gala descender de San Francisco Javier. Atendía por caridad a enfermos contagiosos, desahuciados, convalecientes de las guerras de Africa y partos de urgencia de mujeres sin recursos, y en hospitales de beneficencia. En ese espíritu caritativo se encuentra la génesis del nuevo fenómeno cofrade: nació con un fin esencialmente benéfico.

Los roles de los Casares

En relación a la reinventio de la Semana Santa, acometió la labor intelectual, fue “el ente pensante y creador. Su hijo José María (1910–1958), diseñó la logística y la estética. Por último, Demetrio, dotado de grandes habilidades sociales, asumió la organización y representación pública. La longevidad de este último, Demetrio y que sobreviviera décadas a su padre y hermano conllevó que el imaginario ferrolano los acabara olvidando y se le atribuyese a él toda la labor familiar. De hecho, continuaría con el proyecto ocupando cargos y procesionó con las imágenes hasta su muerte.

Si hubiera que fijar un hito cronológico sería: 1939. Ocurría algo inusual: Ocho nazarenos procesionaron cubiertos. Emilio Fernández apunta incluso la posibilidad de que algunos fueran armados porque era una época aún convulsa. Aquel gesto se convertiría en seña de identidad de la Semana Santa ferrolana, igual que el término capuchón, que en otras zonas denomina al penitente o nazareno.

Los ocho cofrades pertenecían a la Cofradía de Dolores. Entre ellos, iba Demetrio. Vestían túnica y capirote negro, capa morada y portaban cinco insignias metálicas y tres de madera. Repitieron la salida en 1943. Un manuscrito de la época recoge: «Llamó grandemente la atención este cortejo procesional, pues tenía el aliciente de ser la primera vez que salían estos cofrades en Ferrol.»

Demetrio Casares en la Semana Santa ferrolana

Demetrio Casares en la Semana Santa ferrolana

La nueva estética

La Cofradía de Dolores provocaría el cambio definitivo en la Semana Santa ferrolana. José María lo tenía claro la estética debía asemejarse a la del sur y sureste peninsular, la más rutilante. Algunos la han atribuido falsamente al carácter militar de la ciudad, desconociendo que el estamento militar permaneció completamente ajeno, pues celebraba sus propios oficios en la iglesia castrense. Los únicos responsables fueron los Casares, arropados por personas que lucharon codo a codo junto a ellos como Pedro Castro o Emilio Feal.

El viaje a Sevilla y la influencia de Málaga

A mediados de los cuarenta, Javier y José María viajaban a Sevilla para realizar un exhaustivo estudio de su Semana Santa. La ciudad del Guadalquivir se hallaba entonces en plena reconstrucción tras la furia anticlerical y las pérdidas patrimoniales de la II República. Los contactos de Javier con científicos andaluces facilitaron el acceso a los Hermanos Mayores de las cofradías y fue un viaje decisivo: gestó la simbología de la Semana de Pasión ferrolana. Javier se centró en los aspectos organizativos y financieros; su hijo, gran dibujante, tomó apuntes de la parafernalia estética para aplicarla en Ferrol.

Iglesia de Dolores antes de la furia iconoclasta posconciliar

Iglesia de Dolores antes de la furia iconoclasta posconciliar

El conjunto se completó con las aportaciones iconográficas de otro Casares, Román Casares Bescansa, catedrático en Málaga, figura de la Semana Santa malagueña y consuegro del gran artista Palma Burgos. El escultor fue testigo de la quema del querido Cristo de Mena y sería el autor del nuevo Cristo de la Buena Muerte.

Román Casares Bescansa, el contacto malagueño

Román Casares Bescansa, el contacto malagueño

Innovaciones en escenografía y tronos

José María, de exquisita sensibilidad artística, fue el responsable directo del atrezzo estético: bordados, anagramas, insignias, ropajes, antifaces, capuces, fajines, faldones, mantos, candelerías, farolas, bocinas, ciriales. Seleccionaba las telas de las túnicas en Ferrol y, más adelante, en Tarrasa y Mataró. La ornamentación floral la elegía de la huerta valenciana. También se ocupaba de las partituras de las marchas procesionales y, talló parte de algunos tronos como las columnas salomónicas de los varales del palio. Todo el concepto escenográfico se inspiró en lo contemplado en Sevilla y en las orientaciones malagueñas de su tío Román.

Semana Santa ferrolana

Semana Santa ferrolanaDestino Galicia

A estas innovaciones se sumó la restauración de imágenes, la decoración y construcción de tronos. Las primitivas andas de cuatro portadores quedaron pronto superadas. José María, para analizar la distribución de pesos y la posición de los portadores, no costaleros, pues los tronos iban a hombros como en la tradición gallega, contó con otro Casares, Carlos, entonces un joven oficial ingeniero militar de la Fábrica de Armas de Trubia.

Carlos Casares General Ingeniero de Armamento y Construcción

Carlos Casares General Ingeniero de Armamento y Construcción

Uno de los tronos alcanzó cotas inéditas, cuyo peso descomunal exigió una solución jamás vista en tierras gallegas: «Debido al enorme peso del trono de la Santísima Virgen de los Dolores se le puso un chasis de camión con ruedas con llantas de madera y con una maquinaria con la que el trono caminaba a paso de procesión» -decía la crónica

Virgen portada por marineros

Virgen portada por marineros

Aquello, más que una solución técnica, fue una declaración de intenciones: la Semana Santa ferrolana estaba dispuesta a romper moldes. En 1947, se adquirió de un trono mayor en el taller del escultor compostelano Máximo Magariños. El bastidor, de caoba; los adornos, en pino sobredorado. Seis candelabros barrocos, dorados, con tres docenas de luces, iluminaban la escena. Pequeños angelotes policromados completaban la obra, otorgándole un aire de solemnidad de gran aparato.

Virgen de Dolores

Virgen de Dolores, por Trevor Husban

El manto con el escudo de la ciudad

Algo impactante fue el diseño de José María para el manto de La Virgen de Dolores con el escudo de la ciudad como seña identitaria. Tan hermoso que el rumor popular llegó a afirmar que los propios hermanos de la Macarena habían solicitado copiarlo. Fue confeccionado por las Adoratrices en Madrid y para sufragar su elevado coste, se organizó una campaña de suscripción popular en la que participaron numerosas personalidades, incluido el propio Caudillo, también ferrolano, que era como se llamaba entonces al Jefe del Estado, que aportó 1.000 pesetas.

Virgen de Dolores en los 90

Virgen de Dolores en los 90

Del luctuoso manto negro, tan propio de la tradición gallega, se pasó a una pieza monumental, bordada íntegramente en oro, que marcó un antes y un después en la iconografía mariana de Ferrol.

Manto de la Virgen de Dolores

Manto de la Virgen de Dolores

La financiación y la ayuda de la Armada

En tiempos eran extremadamente difíciles. La financiación se convirtió en una tarea casi heroica, resuelta con ingenio, constancia y la suma de muchas voluntades y comerciantes de Ferrol, como la Fábrica de Lápices o «Rafael y Vicente». Según la historiadora Ana Martín, fue decisiva la intervención de la Armada que facilitó una colaboración continua: no monetaria, pero sí material. No en vano, Javier Casares, era Coronel médico y facultativo personal del Capitán General.

Marineros de reemplazo trabajaron como operarios en las obras de la Congregación; la Armada suministró materiales, avitualló a los penitentes, prestó maquinaria y cedió almacenes. Incluso —apunta Martín— la presencia de operarios andaluces en estas labores pudo haber impregnado las obras con cierta sensibilidad sureña. También se concedieron cargos honoríficos a mandos de la Marina, buscando apuntalar esta colaboración imprescindible.

María Fidalgo diserta sobre la Semana Santa ferrolana en la Jornada Internacional Mater Dolorosa

María Fidalgo diserta sobre la Semana Santa ferrolana en la Jornada Internacional Mater Dolorosa

El contagio cofrade y la expansión del modelo

Entre los años cuarenta y sesenta, el fenómeno de Dolores impulsó tanto la creación de nuevas cofradías, que se integraron como tercios, como permeabilizando las iconografías de las antiguas hermandades ferrolanas. Próceres como Alfredo Martín, París Núñez, José Verdugo o Daniel Novás hicieron una labor ímproba y el proceso se volvió imparable. La Semana Santa se consolidó hasta situarse a la cabeza de las procesiones del norte de España. La marinería del sur, muy numerosa en la ciudad, participó con entusiasmo: unos por devoción, otros buscando permisos o indultos a faltas. Mientras hubo mili, fue relativamente frecuente escuchar saetas desde balcones y galerías, intensificando ese aire andaluz que ya impregnaba las procesiones que contrastaba en simbiosis genial con las bandas de gaitas. Fueron décadas esplendorosas en las que muchos otros nombres lucharon, participaron y aportaron una labor decisiva.

Procesión

ProcesiónJosedu92

Fines de los 70, decadencia y resurrección: Tito Casares

Sin embargo, a fines de los setenta, una amalgama de factores pareció confabularse para acabar con la Semana Santa ferrolana. Y otro Casares saldría al rescate: Demetrio Casares Vich, conocido como Tito que conseguiría reflotarla y llevarla a su dimensión actual con la retransmisión televisiva en la debutante televisión autonómica, invitando a la BRILAT y convirtiendo a Ferrol en pionera en España en la incorporación de mujeres.

Tito Casares, a la izquierda, y la BRILAT, introducida por él mismo, y bandas de gaitas

Tito Casares, a la izquierda, y la BRILAT, introducida por él mismo, y bandas de gaitas

Hoy, la iglesia de Dolores luce recién rehabilitada y una Casares, Lola Castro, hija, nieta y bisnieta de camareras de la Virgen es la mayordoma del Tercio de la Virgen de la Esperanza.

Iglesia de Dolores y antigua casa de los Casares

Iglesia de Dolores y antigua casa de los Casares

Y como símbolo de ese hilo invisible que une pasado y presente, el manto de la Virgen de Dolores ha recuperado su máximo esplendor tras su restauración en Cyrta, un taller sevillano: la misma Sevilla que inspiró su creación.

Los restauradores del manto. Cyrta Sevilla

Los restauradores del manto. Cyrta Sevilla

Aunque los nombres de los creadores de que hicieron posible la Semana Santa de hoy se hayan olvidado, sigue latiendo en sus calles la misma emoción y belleza que ellos soñaron. Ferrol cada primavera vuelve a transfigurarse en un escenario donde lo sagrado y lo humano se entrelazan a modo de patrimonio sentimental que fluye de generación en generación. Y seguirá viviendo su Semana Santa percibida como una liturgia ancestral que trasciende en el tiempo convertida en el símbolo más tangible de la identidad profunda de toda una ciudad.

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