Fundado en 1910
La gesta olvidada del Camino de Santiago: Payá, Casares, san Juan Pablo II y Fraga

Grandes gestas de la Historia

La gesta olvidada del Camino de Santiago: Payá, Casares, san Juan Pablo II y Fraga

Lea y escuche el relato semanal de El Debate

El Camino de Santiago sigue viviendo momentos históricos: nuevas rutas, una fuerte modernización tecnológica y se espera superar al cierre del año, una cifra nunca antes alcanzada: los 570.000 peregrinos.

Diferentes circunstancias y personalidades gravitaron a lo largo de los tiempos en el logro de este fenómeno cultural y espiritual de alcance global, pero sorprendentemente las más recientes son las menos reconocidas.

Santiago el Mayor, también llamado Yago, Iago, Tiago, Jaime, Diego o Jacobo, fue uno de los discípulos más cercanos a Cristo y por su carácter impulsivo le dio el apelativo de Hijo del Trueno. Tradiciones de los siglos VI y VII, como el texto de San Isidoro de Sevilla De ortu et obitu patrum recogen que Santiago predicó en Hispania y de vuelta a Tierra Santa, sería decapitado por orden de Herodes Agripa.

Santiago Apóstol por Francisco Camilo

Santiago Apóstol por Francisco Camilo

El hallazgo de la tumba apostólica

La tradición jacobea recogida en el Códice Calixtino habla de que el cuerpo llegó a Galicia en un «arca marmórica» (un sarcófago de piedra). Fonéticamente se acabó confundiendo arca (cofre, caja) con barca (embarcación) y se dijo que había viajado en una barca de piedra. Decidieron darle allí sepultura porque había logrado muchas conversiones y no era extraño, ya que las reliquias viajaban entonces con gran profusión.

Borne romano al que se atribuye ser donde se amarró la barca apostólica

Borne romano al que se atribuye ser donde se amarró la barca apostólica

Ocho siglos después, durante el reinado de Alfonso II, el ermitaño Pelayo contempló luminarias sobre el bosque Libredón, y el obispo Teodomiro de Iria descubrió en medio de la maleza un antiguo cementerio con una tumba destacada: un edículo sepulcral identificado con el de Santiago y sus dos discípulos. Y sobre aquel hallazgo, Campus Stellae, se levantaría el templo que daría origen a la ciudad de Santiago de Compostela y al camino de peregrinación.

Tumba de Teodomiro

Tumba de Teodomiro

La figura del Apóstol trascendió pronto la condición apostólica se apareció en repetidas ocasiones luchando en el campo de batalla como un miles christi más contra los musulmanes tradición recogida también en el Calixtino, donde el propio Santiago asegura ser un soldado de Cristo. Ello haría transmutar la guerra territorial en una cruzada religiosa.

Traslado de los restos por sus discípulos

Traslado de los restos por sus discípulos

Sin entrar en disquisiciones sobre la veracidad, lo relevante es que los cristianos de entonces así lo creyeron y actuaron en consecuencia. El Hijo del Trueno se convirtió en el símbolo espiritual de un pueblo que, bajo su amparo, encontró fuerza en momentos decisivos de su historia: la lucha contra el infiel y la recuperación de Hispania para la Cristiandad. De ahí que durante siglos la Caballería española combatiera al grito Santiago y Cierra, España.

El gran peligro: La Contra Armada

Desde su descubrimiento, la tumba atrajo a multitudes, grandes y humildes desde todos los confines de Europa. Pero en 1589 el Camino estuvo a punto de desaparecer. España sufría la mayor ofensiva naval hasta la fecha, un brutal ataque superior a la mal llamada Armada Invencible capitaneada por el británico Francis Drake (que los españoles llamaron el draque). Su dimensión fue minusvalorada durante siglos en por la historiografía española, y ocultada por la británica hasta la aparición de la trascendente obra La Contra Armada de Luis Gorrochategui.

Luis Gorrochategui publicaba en 2011 'La Contra Armada'

Luis Gorrochategui publicaba en 2011 'La Contra Armada'

Los protestantes eran demoledores en la destrucción de los símbolos católicos y sentían un especial placer en profanarlos. El arzobispo don Juan de Sanclemente, consciente de que Santiago sería su blanco principal reunió al Cabildo metropolitano y acordó poner a salvo cuanto de valioso había en la Catedral y trasladarlo a la Catedral de Orense y a la Fortaleza de Camba, en Lalín. La tradición cuenta que, en el último momento, el arzobispo se negó a que las reliquias del apóstol, la pieza más codiciada, abandonaran Compostela. Su frase, ya legendaria, sería profética: «Dejemos al Santo Apóstol, que él se defenderá y nos defenderá a nosotros».

Francis Drake

Francis Drake

Decidió, por tanto, junto a sus más próximos, ocultarlas dentro del propio templo. Con el mayor sigilo rompieron el pavimento, excavaron hasta la roca, y levantaron un nicho rectangular dentro del ábside tras el altar principal de un metro de largo por medio de ancho y fondo.

La traslación debió de hacerse de noche porque así lo indican las gotas de cera que salpicaban algunos huesos. Todo fue cubierto después con tierra y escombros. Y nada quedó registrado.

La última reliquia

La última reliquiaRodrigo Costoya

La intención era que los restos los devolverían a su lugar cuando los ingleses se retiraran. Pero nunca sucedió. El arzobispo murió y el secreto se perdió en la noche de los tiempos. Por mucho que los buscaron nadie fue capaz de encontrar los huesos del Santo.

Relicario de Santiago

Relicario de Santiago

La frase había sido profética, aunque entonces nadie lo sabía: “Dejemos al Santo Apóstol, que él se defenderá y nos defenderá a nosotros». Y es que Felipe II estaba reuniendo en El Escorial las reliquias más sagradas del mundo, y un informe oficial recomendaba trasladar allí los restos de Santiago. Pero al estar los restos desaparecidos, el Apóstol no se vería obligado a abandonar Compostela. Y por otro lado, el ataque inglés ingente en armas y hombres fue repelido de forma casi mágica en la pequeña localidad de La Coruña. Una victoria que frenó los ambiciosos objetivos de Inglaterra y que fue la salvaguarda lo que hoy conocemos como Hispanidad, de la que Santiago es patrón. Durante trescientos años, los peregrinos rezaron sobre una cripta vacía, ignorando que yacía bajo el pavimento de la Catedral.

Catedral de Santiago

Catedral de Santiago

Payá: el arzobispo con iniciativa

A finales de los setenta del siglo XIX. El dinámico arzobispo Miguel Payá y Rico se encontró con una catedral que había perdido su lejano esplendor y quiso dar trascendencia a su mandato. Comenzó por lo más importante y difícil: recuperar las desaparecidas reliquias de Santiago y mandó recabar de modo discreto toda la información posible para iniciar la investigación. Disfrazó los trabajos de búsqueda en la catedral de obras de mejora, los pagó en gran medida de su bolsillo y, tras semanas de trabajo, el 28 de enero de 1879, aparecieron unos restos en una pequeña capilla bajo el altar mayor. Eran huesos deteriorados, fragmentados que se mezclaban con tierra entre vestigios de un mausoleo romano que exhibía una inscripción en griego que fue definitoria: «Athanasios martyr», nombre de uno de los discípulos de Santiago.

Arzobispo Payá y Rico

Arzobispo Payá y Rico

Aún así Payá, no quiso echar las campanas al vuelo. Los restos exigían un examen que dictaminase sobre los huesos descubiertos y evitara la especulación. En estos tiempos no existía nada con la precisión del carbono 14, pero sí otros métodos científicos de datación. Fue entonces cuando se recurrió a uno de los científicos españoles más influyentes del siglo XIX. Y lo tenían muy a mano: Antonio Casares, rector de la Universidad de Santiago.

El genio químico de Casares al servicio del Apóstol

Antonio Casares era una eminencia. Protagonizó el primer experimento español con electricidad mediante un arco voltaico y fue el primero que aplicó la anestesia en su síntesis de cloroformo y éter. Pero en este caso lo que se valoró fue que estaba considerado un genio de la química moderna aplicada. Sería el mejor garante de un examen con rigor científico en el delicado proceso de verificación. A ello sumaba su acreditado racionalismo y honestidad. Le unía una amistad tan estrecha con Isabel II que en su correspondencia personal se dirigía a ella como Isabelita. Eso no fue óbice para que sus convicciones le llevaran a acaudillar en Santiago la Revolución Gloriosa que la destronó. Y la popularidad de su erudición era tal que cuando murió se dijo en Santiago: «Morreu Casares, escarallouse a Química» (murió Casares y se estropeó la química)

Casares eligió a dos catedráticos especialmente cualificados para que le acompañaran en el estudio: Francisco Freire, y Timoteo Sánchez y tras descartar 365 fragmentos óseos indeterminables la primera conclusión fue muy esperanzadora. No había duda: los huesos: correspondían a tres individuos.

El siguiente paso incluyó un análisis químico de la composición orgánica e inorgánica de cada uno. Los compararon con los datos de Berzelius sobre huesos contemporáneos y con los de Girardin sobre un esqueleto céltico, y concluyeron que la antigüedad era compatible con los primeros siglos del cristianismo. Su análisis no resolvió la identidad de los restos, pero sí aportó pruebas científicas de que eran perfectamente compatibles con la versión de la fe.

Antonio Casares Rodríguez

Antonio Casares

Casares y sus colegas fueron prudentes pero cruciales: «No parece temeraria la creencia de que dichos huesos hayan pertenecido a los cuerpos del santo Apóstol y de sus dos discípulos».

Llega el abogado del diablo y la carta en la manga

Payá comunicó la noticia al Papa León XIII que decidió enviar en 1884 un delegado especial a Santiago, Monseñor Caprara, una figura que ha solido llamarse «el abogado del diablo». Caprara llevaba una oculta carta en la manga. Cuando llegó para supervisar el proceso inspeccionó la tumba, los lugares del hallazgo, reunió a los implicados y ordenó que Casares, Freire y Sánchez, examinasen de nuevo los huesos.

Reliquia de Pistoia

Reliquia de Pistoia

Entonces les haría la pregunta del millón ¿Los tres cuerpos poseían la apófisis mastoide? … Quedaron desconcertados y ¿Por qué les preguntaba eso? Pues porque había un fragmento extraído de las reliquias del santo que en el siglo XII había sido regalada por el arzobispo Gelmírez a la Catedral de Pistoia. Antes del viaje a Santiago había sido examinada ex profeso por el eminente doctor Chiapelli ¿Se imaginan qué era? Una apófisis mastoidea.

Casares, Freyre y Sánchez, que desconocían esa información. Contestaron que a uno de los tres individuos le faltaba un lado. Entonces llegaría la segunda pregunta del millón ¿Y qué lado faltaba? Tras examinarla para corroborarlo, respondieron sin vacilar: al derecho. La cuestión se resolvió al confirmar que la de Pistoia pertenecía exactamente al lado derecho. Esto no solo permitió identificar en el grupo de huesos cual era el cuerpo atribuido al Apóstol –que era al que le faltaba porque estaba en Pistoia– sino que era una prueba más que fehaciente de la veracidad de las reliquias.

Oficial: los huesos son auténticos

El 17 de julio de 1884, el Vaticano confirmaba la autenticidad de los restos del Apóstol y de sus discípulos Atanasio y Teodoro. La bula Deus Omnipotens de 1885 relanzó las peregrinaciones y se convocó un Año Jacobeo extraordinario. Casares fue ensalzado en todos los ámbitos de la sociedad científica, eclesiástica y ciudadana pero evitó el protagonismo y siempre insistió en que no había sido un logro personal, sino del equipo de los tres científicos. Aún así, el Papa otorgaba un marquesado a Antonio Casares… que nunca han usado ni él ni sus descendientes. Sin su intervención, los huesos compostelanos habrían quedado envueltos en la sospecha y con toda probabilidad el Camino se habría resentido para siempre.

El día de Santiago de 1885, los restos procesionaron por las calles compostelanas en una excelsa urna de plata que fue depositada en la cripta bajo el altar mayor. El Apóstol nunca había dejado de estar en su casa, pero ahora volvía por la puerta grande.

Cripta y tumba de Santiago

Cripta y tumba de Santiago

Nuevas interpretaciones

Los huesos compostelanos siguen moviéndose entre la versión piadosa y la crítica histórica. En el XIX, la ciencia intentó dar respuestas con los medios disponibles, y en el XX se abrían interpretaciones como la que sostiene que el enterrado es el hereje Prisciliano, obispo gallego que defendía la austeridad de la Iglesia y el sacerdocio femenino. Decapitado en Tréveris en el año 385 habrían trasladado su cuerpo y enterrado en la tumba compostelana.

Otros debates giran en torno a la inventio. La España en la Reconquista necesitaba de un símbolo potente que se enfrentara al musulmán Mahoma versus Santiago. Otros inciden en el pelotazo político del primigenio reino de Asturias. Lo extraño es que todas las invenciones dirigistas se centrarían en favorecer importantes espacios de poder. Y no hay explicación plausible a que todo esto sucediera en el Campus Stellae, casi en el Finisterre peninsular, lejos de rutas y urbes de relieve e influencia nula ni siquiera en su espacio más próximo.

Un siglo XX en descenso… hasta que llega « El León de Villalba»

Entrado el siglo XX las recompensas espirituales parecían ya poco atractivas y al acabar la centuria el Camino comenzó a languidecer anunciando un final próximo. Pero sorpresivamente apareció otro personaje capital. Nada menos que un santo. San Juan Pablo II que se personaba en el en el año santo 1982 y su discurso europeísta sería clarividente.

Visita de Juan Pablo II

Visita de Juan Pablo II

Y al margen de cualquier valoración política, que ha impedido su justo reconocimiento en este campo, la labor incontestable y capital fue la de Manuel Fraga Iribarne. Nacido en 1922, y apodado El León de Villalba cuando fue Ministro de Información y Turismo en los 60 había meditado la idea, pero cuando alcanzó la Presidencia de la Xunta en 1990 se propuso relanzar la ruta. Fue capaz de imprimir a la tradición jacobea una dimensión de plena modernidad, vinculándola a un camino de convivencia de culturas, naturaleza e introspección personal. Impulsó la internacionalización como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, distinción que consolidó su prestigio, asegurando inversiones y protección institucional.

Manuel Fraga Iribarne

Manuel Fraga Iribarne

Sin descartar la posible influencia del impacto de la EXPO 92 de Sevilla, la Olimpiada de Barcelona, ni el dinamismo de su Conselleiro Portomeñe, Fraga organizó el Xacobeo 93 que fue pistoletazo de salida al exitoso e imparable camino actual con un crecimiento exponencial en número de peregrinos. Y el siglo XXI, apenas hace unos meses, un equipo multidisciplinar identificaba la tumba de Teodomiro, el obispo que descubrió el sepulcro, haciendo ciencia en lo que se consideraba tradición o invención.

Hallazgo del sepulcro

Hallazgo del sepulcro

Una gesta colectiva

Por todo lo narrado, al hablar de la supervivencia del Camino, podríamos hablar sin ambages de una gesta colectiva. Sin la defensa de los gallegos frente a Drake, la precaución del arzobispo Sanclemente, la iniciativa de Payá y Rico, del genio químico de Casares, del impulso de san Juan Pablo II y de Manuel Fraga, no hubiera transmutado la valiosa tradición medieval de la tumba compostelana del Hijo del Trueno en un fenómeno contemporáneo donde millones de personas siguen conviviendo en un camino milenario en el que convergen fe, historia, identidad de Europa y memoria de España.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas