Un mapa español de las Islas Molucas en el siglo XVI
La audaz operación militar con la que España tomó Ternate en el corazón de Indonesia
A pesar de que se intentó borrar la huella hispana, el legado español en estas islas se centra en fuertes, puertos y algunos edificios administrativos
La expedición de Magallanes-Elcano no buscaba, en principio, realizar la primera circunnavegación, sino llegar a las Molucas o islas de las especias por la ruta de occidente, para respetar el Tratado de Tordesillas. El 8 de noviembre de 1521, los navíos Trinidad y Victoria llegaron a la isla de Tidore, en la actual Indonesia, lo que marcará una inevitable disputa con Portugal, que entiende que España sí estaba vulnerando el tratado.
Sin embargo, hacia finales del siglo XVI van a tener lugar dos acontecimientos de vital importancia. Por una parte, en 1568, la rebelión de las Provincias Unidas y el inicio de la guerra de Flandes o de los Ochenta Años y, por otra, la Unión Ibérica, o unión con Portugal, en 1580. Así, durante las seis décadas que duró dicha unión, España no solo deja de ser el enemigo de Portugal, sino que deberá defender sus posesiones, mientras las Provincias Unidas, a través de sus compañías, intentaron llevar el conflicto bélico a algunos de los más importantes territorios ultramarinos del Imperio.
En consecuencia, los rebeldes flamencos realizaron distintas incursiones en Brasil a partir de 1615. Fadrique Álvarez de Toledo los expulsó de Bahía en 1625 en una brillante victoria hispano-lusa. Sin embargo, consiguieron mantener una base en Pernambuco.
En el Pacífico, los denominados «mendigos del mar» intentaron repetidamente apoderarse de la joya de la corona en la región: las Filipinas. De conseguirlo, matarían dos pájaros de un tiro: suplantarían a la Corona hispana en Asia, causándole un gran perjuicio económico y geopolítico, además de un desprestigio considerable, y acabarían con el llamado «galeón de Manila» o «la nao de China». Esa gran ruta comercial conectaba la Asia española con la América española y, a su vez, a través de la Nueva España continental y, usando la Flota de Indias, con España. La primera gran ruta comercial global suponía una fuente de recursos financieros importantísimos para la Corona y fundamentales para sostener la guerra.
Los primeros intentos de la Compañía Unida de las Indias Orientales, en este caso más conocida por la VOC (por sus siglas en neerlandés), se saldaron con victorias españolas, como la batalla de la bahía de Manila en 1600, un pequeño choque naval entre la escuadra flamenca y la española, que le sale al paso y los puso en fuga.
Una vez dibujada, a grandes rasgos, la geopolítica del Pacífico, volvamos a las Molucas. Aquí conviene señalar que las especias —clavo, canela, nuez moscada…— tenían en la época un precio exorbitante. Baste recordar que, tan solo, el cargamento de la nao Victoria sirvió para costear la expedición de Magallanes y aún dio beneficios.
La nao Victoria, una de las cinco naves en la expedición de Magallanes en un mapa de Abraham Ortelius de 1589
Como vimos, España había recalado en Tidore y mantuvo disputas con los portugueses, establecidos en el sultanato islámico de Ternate, gran rival de la isla de Tidore. Pero, pocos años antes de la Unión Ibérica, tendrá lugar un acontecimiento que marcará el futuro de la región: los portugueses eliminan al sultán, lo que hace levantarse a la población, que los acaba expulsando. Se trasladan entonces a la isla de Ambón.
Pero los flamencos, de acuerdo con los islamistas antipugueses de Ternate, atacan Ambón, derrotan y expulsan a los lusos de la isla. Portugal, que mantenía bastante autonomía sobre su propio reino, decidió enviar por su cuenta una expedición desde sus enclaves en la India para recuperar Ambón y Ternate. Triunfa en la primera, pero fracasa en la segunda.
Mientras, como señala el doctor Íñigo Valpuesta, el Consejo de Indias les recuerda a los «hermanos» lusos que una expedición a las Molucas desde Manila es mucho más eficaz y económica que desde la India. Así, en 1605 llega a Filipinas Juan de Esquivel con 900 soldados reclutados en la península y en la Nueva España continental (hago esta matización de «continental» porque Filipinas también era parte del virreinato de Nueva España). Estos soldados servirían para reforzar las tropas filipinas y a los aliados de Tidore.
En 1606 sale de Manila la flota liderada por el gobernador Pedro de Acuña, experimentado militar, que prepara una operación anfibia al estilo de la que protagonizase el marqués de Santa Cruz en las islas Terceiras (Azores), a finales del siglo anterior. Una operación así nunca se había intentado en Asia y, efectivamente, Acuña copió el ataque coordinado de Álvaro de Bazán en la Cala de las Muelas (considerada la primera operación anfibia de la historia). Tras el fuego artillero y el desembarco, los hispanos superan las defensas neerlandesas y ternatenses con relativa facilidad y pocas bajas. El sultán capitula y será trasladado a Manila. Felipe III se convertía, así, en el nuevo soberano de las Molucas, con Juan de Esquivel como su primer gobernador, mientras Acuña y el grueso del ejército regresan a Manila.
Sin embargo, el ejército de Esquivel se vio diezmado por las enfermedades tropicales, y sobre el norte de la isla no podía mantener un férreo control por los focos rebeldes, lo que aprovecharon los otros «rebeldes», los neerlandeses, para desembarcar y construir un fuerte en esa zona: «Fuerte Naranja» o «Fuerte Malayo» para los españoles. Esquivel no tenía suficientes hombres para derrotarlos, pero al menos sí pudo defender el sur de Ternate.
La Isla de Ternate, Molucas, Indonesia
La situación permaneció, a partir de entonces, en equilibrio, con el norte ocupado por los flamencos, en donde construirían dos fuertes más (Tacome y Toluco), y el sur por los españoles, con sus propias fortificaciones (Nuestra Señora del Rosario, San Pedro y San Pablo, Santa Lucía de Calamata y San Francisco de Calamata, este último de 1626), más los que construirán en el muy cercano norte de Tidore.
La de Ternate fue una situación muy similar a la de Formosa (Taiwán), pero a la inversa: allí fueron los españoles los que colonizaron el norte de la isla y los neerlandeses el sur. Este statu quo, con constantes asaltos y refriegas entre el norte y el sur, se mantuvo hasta que, en 1663, el gobernador de Filipinas, Sabiano Manrique de Lara, dio orden de abandonar la isla para concentrar todos los recursos en la defensa de las Filipinas.
Aunque la presencia española en las Molucas fue mucho más corta que en Filipinas, sí es un buen ejemplo de la diferencia colonizadora entre las dos potencias europeas. Como señaló Luis Alemany: «En torno a los fuertes españoles había mestizaje. Había una ligera culturización a través de los frailes…». (El propio san Francisco Javier había pasado por las Molucas). Hubo conversiones, pero minoritarias, porque el islam estaba fuertemente establecido; pero, como explica el historiador Campo López, sí permanecen los restos arqueológicos del fuerte de Santa Lucía y el de San Francisco, que se encuentra en un excelente estado de conservación.
En cambio, cuando Países Bajos se fue de Indonesia en 1941, habiendo permanecido dos siglos largos más que los españoles, no dejó ningún mestizaje, sino más bien fuertes resentimientos en la población local por crear un monopolio de especias de manera coercitiva y por los traslados forzosos de la población. Su legado material se centra en fuertes, puertos y algunos edificios administrativos. Eso sí, se cambiaron los muchos toponímicos españoles y se intentó borrar la huella hispana.