Los 300 espartanos y la batalla cultural contra la 'Comisión de la Verdad' de Garzón
Frente a la enorme masa del ejército persa que forman las hordas de historiadores convencidos o comprados por la visión políticamente correcta que emana desde la Moncloa desde hace ya muchos años, solo se oponen los 300 espartanos
La batalla de las Termópilas
Nuestro Gobierno de Frente Popular acaba de crear una Comisión de la Verdad sobre la Guerra Civil y el franquismo, integrada por un grupo de historiadores zurdos que recuerdan a aquellas desgraciadas checas de los intelectuales lideradas por Alberti durante nuestra triste guerra civil.
Durante décadas, la izquierda, gracias a la apatía y desidia intelectual de las derechas, se ha hecho con el discurso y control de la historia. Ha creado y sostenido con éxito la falsa supremacía moral de la izquierda. Ya durante el franquismo, en contra de lo que nos cuentan, catedráticos como Tierno Galván o el entonces comunista Ramón Tamames hicieron carrera en la universidad franquista.
Cuando llegó el PSOE al poder, con inteligencia y con el BOE en la mano, procedió a dar plazas de profesor de Historia, Políticas, Literatura… a sus partidarios, excluyendo del mundo universitario a aquellos que, en muchos casos, tenían los méritos y la vocación necesarios, pero que no comulgaban con su ideario.
El catedrático Julio Aróstegui afirmaba con sorna que «cinco votos hacen catedráticos a un poste de telégrafos». Muchos de estos postes de telégrafo, casi todos, tenían carné del PSOE o del PCE.
La ideología, y en otros casos el feo vicio de comer, ha hecho que una masa enorme de historiadores haya comprado las consignas políticas que ahora la Comisión de la Verdad va a encargarse de que se cumplan. Es el tercer paso para la pérdida de la libertad intelectual, la libertad de cátedra que nos va llegando con la ley de Memoria Histórica y la ley de Memoria Democrática, que amenazan a los disidentes de la visión oficial de nuestro pasado que tratan de imponer el 'zapaterismo sanchista'.
Recordemos que estas dos leyes han levantado la espada de Damocles sobre los historiadores insumisos, con enormes multas e incluso penas de cárcel. ¿Va a ser el tribunal popular de la Comisión de la Verdad el encargado de purgar a aquellos que se atrevan a discrepar de la nueva Historia Oficial?
Frente a la enorme masa del ejército persa que forman las hordas de historiadores convencidos o comprados por la visión políticamente correcta que emana desde la Moncloa desde hace ya muchos años, solo se oponen los 300 espartanos.
A diferencia de lo que ocurrió en las Termópilas, los 300 espartanos llevan varias décadas defendiendo una visión contraria, seria y rigurosa, a lo que se ordena desde los cenáculos políticos, no históricos, de los entornos de la Moncloa.
No voy a caer en la tentación de dar el nombre de los espartanos para que la purga de la Comisión de la Verdad tenga su triste trabajo más fácil, pero alerto a aquellos que desde nuestras instituciones políticas pueden y deben proteger las libertades para que no consientan que los ejércitos de Jerjes aniquilen a los 300 espartanos. El profesor Ángel Viñas, en una de sus ya habituales rabietas, dijo que «ellos –los 300– venden más libros que nosotros, pero nosotros tenemos razón».
Los 300 espartanos llevan casi medio siglo defendiendo historiográficamente las Termópilas, sin permitir que los persas arrasen la libertad de investigación e interpretación de nuestra historia. Lo que no han logrado controlando las universidades públicas, los medios de comunicación estatales, los fondos estatales para financiar la investigación… lo van a intentar ahora con la nueva Comisión de la Verdad que, al menos a mí, me recuerda a los sistemas estalinistas y maoístas creados para terminar con la disidencia.