Paula y Adolf Hitler
Picotazos de historia
Paula Hitler, la hermana desconocida de Adolf Hitler que nunca perteneció al partido nazi
Paula Hitler (1896-1960) fue la hermana pequeña de Adolf Hitler; ambos fueron los únicos hijos supervivientes del matrimonio formado por Alois y Klara. El padre —Alois— se casó tres veces y tuvo ocho hijos en total, de los que solo sobrevivirían dos del segundo matrimonio (Alois Jr. y Angela) y los dos más pequeños del tercer matrimonio (Adolf y Paula). Hoy me gustaría hablarles de esa hermana completa (o de doble vínculo) que tuvo el canciller del Tercer Reich y de la que poca gente sabía.
Paula nació en el pequeño pueblo de Hafeld, donde en ese momento estaba destinado su padre. Alois murió cuando Paula tenía seis años y la niña presenció la larga agonía de Klara, que falleció cuando cumplió los once.
Klara Hitler
Esta última desgracia, la muerte de Klara Pölzl, fue un drama que marcaría a la niña, ya que perdió a su madre y a su hermano. Adolf, destrozado por la muerte de su madre, decidió abandonar el hogar para no volver. Renunció a una pensión a la que tenía derecho como huérfano de su padre, funcionario, a favor de Paula y se marchó.
Mucho tiempo después –1921– le confesaría que no quería ser una carga ni motivo de preocupación para Paula. Esta le respondió que solo hubiera querido tener un hermano y la sensación de ser querida y protegida por su hermano. Con solo esa seguridad, la vida hubiera sido mucho más fácil y soportable para ella.
Adolf, en ese reencuentro en 1921, se mostró encantador. Desde entonces volvió a encontrarse con Paula regularmente, pero solo unas contadas veces al año. Adolf era afectuoso con Paula, pero siempre marcó mucha distancia con toda su familia, temeroso de que se le pudiera acusar de nepotismo. A Paula le hacía pequeños regalos; normalmente reaprovechaba pequeños obsequios que había recibido de otras personas. Nada caro ni ostentoso y siempre acompañado de una nota con unas breves y precisas palabras de afecto.
Este periodo duró desde 1929 hasta 1941. A partir de esta última fecha, Paula no volvió a ver a su hermano.
En 1936, durante la celebración de los IV Juegos Olímpicos de Invierno, celebrados en Garmisch, Adolf aconsejó a su hermana que renunciara al apellido Hitler y le sugirió que aceptara llamarse Wolff. Paula ya había sufrido consecuencias debido a la actividad política de Adolf; ese mismo año la habían echado del trabajo –una empresa de seguros de Viena– debido a esta razón. Adolf acordó que le pasaría una modesta pensión de 250 reichsmarks todos los meses.
Paula adoptó el apellido Wolff, pero haciendo ver que era apellido de matrimonio de un marido difunto –señora Wolff, Frau Wolff–, lo que sería más fácil de aceptar por sus conocidos. Su vida continuó siendo muy modesta y completamente al margen del Partido Nacionalsocialista, al que nunca perteneció.
Iniciada la guerra, trabajó como administrativa en un conocido hospital, algo que al parecer complació mucho a su hermano y más por el hecho de que lo había conseguido por sí misma y sin pedirle nada. Adolf decidió mostrar la satisfacción que sentía por su discreta hermana aumentando su pensión a 500 reichsmarks mensuales, que pagaba de su propio bolsillo, y haciéndole un regalo de otros 3.000 por Navidad.
Gracias a estas pequeñas ayudas, Paula pudo adquirir un pequeño apartamento de dos habitaciones en Viena y una humilde cabaña, que ella misma se encargó de arreglar, en el pequeño pueblo de Weitten. Estas modestas posesiones, junto con sus ahorros, fueron confiscadas por las autoridades norteamericanas y jamás devueltas.
Paula pasó las últimas semanas de la guerra en Berchtesgaden, alojada en el hotel Berchtesgaden Hof. Allí fue capturada por los soldados norteamericanos de la 101.ª División Aerotransportada, que pensaron que habían conseguido un importante trofeo de guerra.
Durante los siguientes años, Paula fue interrogada por numerosas oficinas y departamentos de inteligencia (civil, militar, etc.). Sencillamente, no podían aceptar que ella no hubiera tenido nada que ver con las actividades de su hermano y mucho menos que no se hubiera aprovechado de ello para su beneficio.
Por otro lado, como prisionera de los norteamericanos, ya que con los rusos no hubiera existido problema alguno, se encontraba legalmente en una circunstancia excepcional. Era un familiar directo de Adolf Hitler. El más directo que existía, pero no había nada, absolutamente nada, de lo que se la pudiera acusar ni reprochar. Nunca había pertenecido al Partido Nacionalsocialista, por lo que no se le podía aplicar la legislación referente a los programas de desnazificación.
También era la heredera directa de Adolf Hitler de todo lo no especificado directamente en el último testamento redactado antes de su suicidio. Los beneficios recibidos por Hitler durante el desempeño de su cargo, y todo cuanto le había pertenecido y le habían regalado o había conseguido, fue confiscado por las autoridades aliadas. Pero había una serie de bienes y derechos legalmente considerados como legítimos y transmisibles, como es el caso de los derechos de autor de su libro Mein Kampf.
Paula vegetó en este limbo legal hasta que las autoridades aliadas la juzgaron inocua y la liberaron en 1950. No le dieron explicación alguna; sencillamente, la pusieron en el otro lado del portón de la prisión con lo que llevaba puesto... y nada más.
Durante un par de años, Paula trabajó en una tienda de artesanía en Viena y en diciembre de 1952 se trasladó a Berchtesgaden. La vida allí era mucho más barata, por lo que pudo vivir muy discretamente y en una situación de relativa pobreza hasta su fallecimiento en 1960.
Durante los interrogatorios que le realizaron en el Cuartel General de la 101.ª Aerotransportada, de fecha 12 de julio de 1945 (documento APO 472 USAAF), declaró: «El destino de mi hermano me afectó profundamente. Pasara lo que pasara, seguía siendo mi hermano. Su muerte, como hermana, me causó un dolor indescriptible».
El documento refleja que, al terminar esta declaración, la interrogada rompió a llorar amargamente y que el interrogatorio se dio por concluido.