Fundado en 1910

El lienzo representa la batalla de Cavite, que se libró en 1898 durante la Guerra hispanoamericana y supuso una enorme derrota para España, ya que casi toda la flota española resultó aniquilada

La pequeña victoria española contra Estados Unidos en el desastre del 98

El cañonero Elcano estaba encuadrado en la escuadra mandada por el capitán de navío José Ferrer y Pérez de las Cuevas, que tendría que enfrentarse a las fuerzas estadounidenses dirigidas por el almirante George Dewey

La guerra hispano-estadounidense de 1898 no fue un conflicto más, sino que implicó la pérdida de las últimas provincias de ultramar: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Un hecho que se vivió como una verdadera desgracia para los españoles de finales del siglo XIX. Pero, en medio de la más dura pérdida, siempre hay hechos gallardos que merecen ser conocidos.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, en la isla de Cuba, la situación social y política se iba enrareciendo con el paso de los años. Desde la provincia se buscaba un mayor autogobierno, pero esta aspiración tardó mucho en ser asumida desde Madrid. Al mismo tiempo, en ciertos sectores de la sociedad caribeña se empezaba a aspirar a la independencia.

No todos los cubanos querían convertir a su ínsula en un país independiente, sino que, en medio de los radicalismos partidarios de que nada cambiara y del nacimiento de una nueva nación, había notables grises. Al mismo tiempo, la economía de la provincia era muy dependiente del comercio con los Estados Unidos.

Los productos tropicales cubanos, como el café, el azúcar o el tabaco, se habían convertido en un suministro vital, por lo que Washington miraba con mucha atención todo lo que pasaba en la isla.

Si bien desde el siglo XVI formaba parte de España, la dependencia del comercio cada vez la acercaba más a la naciente superpotencia estadounidense. Las tensiones acabaron explotando en 1895 con el levantamiento vivido en cientos de poblaciones cubanas, conocido como el Grito de Baire, que pronunció el líder independentista José Martí el 24 de febrero de ese mismo año.

La guerra se extendería hasta 1898, momento en que los Estados Unidos declararon la guerra a España y comenzaron a actuar en defensa de sus intereses, apoyando a los independentistas cubanos, llamados mambises. En el teatro de operaciones terrestre fue una contienda durísima, con miles de muertos y heridos en ambos bandos, pues no dejaba de ser una guerra civil entre partidarios independentistas y de continuar como parte de España.

Sin embargo, esta desgraciada guerra también fue una contienda naval, puesto que ambos bandos eran dependientes de la mar para poderse abastecer, avanzar en sus operaciones y conseguir sus objetivos.

La US Navy y la Armada española recibieron la misión de librar un trascendental duelo en los océanos, puesto que el teatro de operaciones no se reducía a las cálidas aguas del Caribe cubano, sino que desde Washington se pretendía también que las Filipinas dejaran de ser españolas; por tanto, el océano Pacífico era igualmente escenario. Esto resultó en que la España de 1898 debía luchar una contienda en inferioridad de condiciones en los océanos de medio mundo.

Este año se cumplen 128 años de una pequeña gesta que ha pasado desapercibida en la cultura hispana, que no fue otra que el apresamiento de un buque norteamericano, la fragata mercante Saranac, que transportaba carbón, a finales de abril de 1898 por el cañonero español Elcano.

El cañonero español 'Elcano'

El día concreto varía según la fuente consultada: para algunos fue el 25, mientras que para otros tuvo lugar el 26 o el 29 de abril. Sea como fuere, el Elcano formaba parte de una serie de cañoneros construidos en el gaditano Arsenal de La Carraca.

Estos buques eran unas embarcaciones rápidas, maniobrables, con un calado contenido y dotadas de un poder artillero notable. Su botadura había tenido lugar hacía catorce años, en octubre de 1884, dotado con unos 100 marineros, suboficiales y oficiales, que operaban un cañonero que desplazaba en torno a las 540 toneladas, capaz de dar 11 nudos de velocidad máxima gracias a sus calderas Portilla & White de Sevilla.

Su artillería estaba formada por tres cañones modelo 79 de González Hontoria de 120 milímetros, una pareja de piezas británicas Nordenfelt de 25, uno de tiro rápido de 37 y una ametralladora de 11. Asimismo, también tenía un tubo lanzatorpedos.

El Elcano estaba encuadrado en la escuadra mandada por el capitán de navío José Ferrer y Pérez de las Cuevas, que tendría que enfrentarse a las fuerzas estadounidenses dirigidas por el almirante George Dewey. El apresamiento de la fragata Saranac fue una destacable acción, ya que este buque transportaba carbón destinado a la US Navy, el combustible principal de los navíos de guerra en la contienda.

Agustín Rodríguez González, en su último libro La leyenda negra de la Armada Española, refiere sobre la gesta del Elcano que «la escuadrilla española se apuntó un éxito […] siendo una de las pocas presas que hicimos a nuestros enemigos durante la contienda». Sin duda, no cambió el resultado de la guerra, pero fue una pequeña victoria para la Armada de una España sumida en un complicadísimo conflicto.