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Pablo I de Rusia

El zar que quiso ser Papa: Pablo I de Rusia y su insólito vínculo con la Orden de Malta

En su camino hacia Egipto, el 12 de junio de 1798 Napoleón Bonaparte conquistó Malta y expulsó la Orden de caballería que había defendido la isla. Al llegar la noticia a Rusia, el zar Pablo I pensó en declarar la guerra a Francia

¿Por qué la lejana y ortodoxa Monarquía rusa se interesó por la católica Orden de caballeros de Malta? Desde 1792, la Revolución francesa había despojado de sus posesiones a esta Orden y habían desaparecido, de hecho, por la vía de la expropiación, las llamadas Lenguas de San Juan de Provenza, Auvernia y Francia.

A partir de ese momento, el emperador de todas las Rusias, Pablo I (1796-1801), acudió en ayuda de la Orden y del Papado, al considerar a estos bastiones eficaces contra la propagación de la Revolución por el resto de Europa y por ser consciente del valor estratégico de la pequeña isla de Malta.

Retrato de Emmanuel de Rohan-Polduc

El zar deseaba derrotar y conquistar el Imperio otomano, pues ello favorecería la penetración rusa en el Mediterráneo, donde su flota necesitaría bases como Malta. Tales planes pudieron ser tachados de desmesurados, pero nunca de megalómanos. En enero de 1797, el monarca ruso y el gran maestre de la Orden de Malta, fray Emmanuel de Rohan-Polduc, firmaron un acuerdo por el que se producía el nacimiento de la Lengua Anglo-Bávara-Rusa, en donde resultaba una novedad el Gran Priorato de Rusia de la Orden de Malta, heredero del Gran Priorato de Polonia.

Su sucesor, fray Ferdinand von Hompesch (1797-1799), proclamó a Pablo I como «Protector de la Orden», culminando así una política de acercamiento largamente gestada, que Napoleón destrozó con su conquista de la isla.

El 26 de agosto de 1798, un número de caballeros —miembros del Gran Priorato de Rusia— declararon depuesto al gran maestre Hompesch y, el 1 de septiembre, el zar Pablo asumió la suprema dirección de la Orden. Al mes, fue proclamado gran maestre, creando el Gran Priorato no católico, donde se integraron aquellas personas que fueron invitadas a hacerlo por el soberano y que no profesaban esa religión.

La situación fue aceptada por la mayor parte de los Grandes Prioratos europeos, salvo los asentados en la Monarquía española, que se mostraron contrarios. Carlos IV ordenó la incorporación de los mismos a la Corona en 1802, lo que originó, por ello, una crisis de fidelidades, al considerarse los reyes de España también grandes maestres de la Orden.

El Papa Pío VII comprendió los beneficios que otorgaba a sus intereses la protección del zar, pero se negó expresa y reiteradamente a reconocerlo como gran maestre y a ratificar o convalidar sus actos como tal. El Papa se negó continuamente a pesar de la insistencia de Pablo I y de su hijo Alejandro I, que intentaron conseguir estos poderes con duras negociaciones para resolver un incidente tan conflictivo con la corte pontificia.

Sin embargo, Pío VII nunca reconoció la abdicación de Hompesch hasta el 16 de septiembre de 1802, de tal manera que, aun agradeciéndose los impagables servicios del difunto Pablo I, solo se le tuvo en las listas oficiales como gran maestre como una generosa concesión.

El emperador Pablo I de Rusia, por Vladimir Borovikovsky

Durante este período, el emperador de Rusia había legislado incansablemente, dotando a los Prioratos rusos de bienes de toda índole, que incluían miles de siervos, nombrando innumerables caballeros y novicios, y creando encomiendas hereditarias. Llegó hasta incluir la cruz sanjuanista en las armas del Imperio, en insignias de regimientos y en emblemas de instituciones.

Hizo profusa ostentación de las insignias de la soberanía de la Orden y mandó ejecutar varios juegos de coronas y tronos con sus emblemas. Su odio hacia los revolucionarios y la situación crítica del Papado entre 1799 y 1800 le llevaron a meditar la posibilidad de encabezar un movimiento religioso ecuménico y unificador, dentro del cual podría ser proclamado Papa, pues, de hecho, era cabeza de la Iglesia ortodoxa de Rusia.

En septiembre de 1800 arrebataron la isla de Malta a los franceses. La crisis entre Londres y San Petersburgo fue fulminante y el peligro de guerra entre sus gobiernos muy real. Pero el asesinato de Pablo I en marzo de 1801 —fruto de una conspiración apoyada por el embajador británico— detuvo esa posibilidad.

El nuevo emperador, Alejandro I, se declaró protector de la Orden de San Juan, pero no asumió el título de gran maestre, solicitando el nombramiento de otro personaje, tal y como se recogía en los estatutos. Pío VII, por breve de 9 de febrero de 1803, eligió como gran maestre a fray Juan Bautista Tommasi, al que el zar envió los archivos y los atributos de soberano, aunque no algunas reliquias que permanecieron en Moscú.