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El catedrático Rafael Torres Sánchez en su intervención en el Congreso Internacional organizado por la Universidad CEU San Pablo

El catedrático Rafael Torres Sánchez en su intervención en el congreso organizado por la Universidad CEU San PabloInstituto CEU de Estudios Histórico

Entrevista al catedrático en la Universidad de Navarra

Rafael Torres: «Trafalgar proyecta una sombra negra que borra el siglo XVIII español

El historiador Rafael Torres Sánchez desvela cómo la logística y la Armada de España fueron los pilares invisibles que permitieron la independencia de los Estados Unidos frente al Imperio Británico

«Si se acababa la pólvora, se acababa todo. Sin zapatos, sin medicinas y sin mantas no se puede hacer una guerra», comentó el historiador Rafael Torres, catedrático en la Universidad de Navarra al que entrevistamos en el marco del Congreso Internacional: La monarquía española y la independencia de los Estados Unidos, celebrado en la Universidad CEU San Pablo. Conversamos con el autor de Caza al convoy. El triunfo de la Armada española en la independencia de Estados Unidos (Desperta Ferro), sobre esos convoyes, la logística y el poder naval que permitió a la Monarquía española apoyar a los colonos norteamericanos y derrotar a la Royal Navy durante la guerra de independencia de Estados Unidos.

–¿Cómo encaja la ayuda a los rebeldes americanos en ese supuesto «siglo de decadencia» que nos han contado?

–Es un error de base; no es un siglo de decadencia, es un siglo de crecimiento. La mayor parte de España no se consigue en el siglo XXI, sino que se consigue en la década de los ochenta del siglo XVIII.

–¿De qué manera la protección de los convoyes españoles fue más determinante para el colapso británico que las propias batallas navales directas?

–Todo lo que se necesitaba de recursos militares y soldados en la guerra de la Independencia norteamericana no se podía producir allí. Ni los rebeldes, ni España, ni Gran Bretaña tenían esa capacidad. No había fundiciones ni posibilidad de producir fusiles estandarizados. Todo debía transportarse desde Europa, exactamente igual que en la Segunda Guerra Mundial. Esto requería organización en transportes y escoltas; es una operación militar. Si yo llego con mi convoy, cambio el rumbo de la guerra. Si tú llegas con el tuyo, puedes cambiarlo, pero si yo te cazo el tuyo, tú no puedes desarrollar tus planes. Es la acción continua de cazar a los convoyes. Es una historia naval comparada que ya no se centra en las batallas, sino en la logística, la mentalidad, el espionaje y la batalla de la información.

–¿Hasta qué punto el ejército de George Washington habría colapsado de no ser por la capacidad industrial y financiera de la España del siglo XVIII?

–Esto es historia ficción y no lo sabemos con certeza, pero todo apunta a que, por las peticiones angustiosas con las que se pedía dinero y recursos, muy probablemente, casi con seguridad, no habrían ganado porque no tenían capacidad. Si se acababa la pólvora, se acababa todo. Sin zapatos, sin medicinas y sin mantas no se puede hacer una guerra.

–¿Qué le aportó la flota española a la francesa para que, por primera vez en décadas, Gran Bretaña perdiera el control de los mares en 1780?

–En el año 1779, cuando entra España, los franceses no han ganado ni una sola batalla. Están a la defensiva y tienen muchas posibilidades de repetir el fracaso de la Guerra de los Siete Años. España entra e impone la estrategia: el asalto al Canal y el teatro en América. Francia funciona casi como una flota auxiliar. Quien manda y define la estrategia, dónde golpear, es España. El último plan, que está a punto de producirse, es la invasión de Jamaica; el que va al mando es el español Bernardo de Gálvez y su segundo es Lafayette. Se trata de la mayor flota de guerra organizada durante todo el siglo XVIII. Cuando los ingleses se enteran de que va hacia Jamaica, territorio mucho más importante económicamente que las trece colonias, precipitan la firma de la paz ante la posibilidad de ser expulsados de América.

Tratado de París (1783), obra de Benjamin West. La delegación inglesa se negó a posar, por lo que la obra quedó incompleta

Tratado de París (1783), de Benjamin West. La delegación inglesa se negó a posar, por lo que la obra quedó incompletaWikimedia Commons

–¿Qué ventajas técnicas reales tenían los navíos construidos en los astilleros españoles frente a los legendarios barcos de la Royal Navy?

Básicamente, son barcos nuevos. Después de la Guerra de los Siete Años hubo un plan de construcción muy importante para edificar el doble que los franceses. España alcanzó una paridad de flotas; sumadas las dos (española y francesa), igualaban a la inglesa. Técnicamente son de última generación y mucho más veloces. El único retraso técnico era el forrado del casco de cobre para evitar su destrucción. Es una armada mucho más flexible, potente y eficaz, que controla mejor el dinero, los materiales y los recursos.

–¿Cómo influyó el hecho de que España abriera frentes en lugares tan dispares como Luisiana, Florida o el Canal de la Mancha en la decisión británica de rendirse en Yorktown?

Obligó a Gran Bretaña a jugar a la defensiva. Su estrategia pasó de ser la que golpea a ser la que reacciona ante cada movimiento de España. Los británicos temían una invasión, hubo tres intentos, y el gobierno tuvo que defender su posición política manteniendo el 60% de su flota en Inglaterra. Ese grueso de la flota no llegó a las trece colonias, donde podría haber hecho daño. Con nuestra estrategia ofensiva logramos que ellos reaccionaran de manera defensiva y les impusimos una superioridad.

–A nivel económico y político ¿Qué supuso económicamente para las arcas españolas el esfuerzo de modernizar la Armada para esta contienda y hasta qué punto esa deuda condicionó el futuro de la monarquía?

–No llevó a una bancarrota, como le ocurrió a Francia previa a su revolución, porque España se había preparado con reformas fiscales muy potentes. Esto le permitió tener dinero y, sobre todo, crédito. De hecho, a los pocos meses de la contienda prácticamente no tenía deuda ninguna. En esa ocasión las cosas se hicieron bien.

–Si la Armada española vivió su «edad de oro» en el XVIII ¿por qué cree que este relato de éxito se transformó en una narrativa de decadencia en la memoria popular española?

–Porque hubo una decadencia real a finales del siglo XVIII debido a una crisis financiera del Estado; se cortaron las relaciones con Latinoamérica y se perdió la capacidad de reacción. Si dejas de pagar a los oficiales, a los marineros y a los proveedores, en dos años te quedas sin armada. Eso es lo que ocurrió a partir de 1793: un problema básicamente financiero. Trafalgar proyecta una sombra muy negra que parece borrar el siglo XVIII y enlaza la Armada Invencible con este desastre, sugiriendo que la marina de guerra española fue solo un cúmulo de infortunios, cuando en el medio hubo un periodo de esplendor. El éxito de España se debió a una voluntad, a un liderazgo político y a una centralización de decisiones que permitió ejecutar cambios. La unidad genera liderazgo y el liderazgo mejora la eficacia.

–¿A nivel histórico fue tan importante ese momento de apoyo militar y político a lo que después fue Estados Unidos?

–Hubo un periodo donde había liderazgo político, unidad política y una centralización de las decisiones políticas que pudo funcionar en el sentido de introducir flexibilidad e introducir cambios, y esos cambios se ejecutaron. ¿Qué pasa a partir del año 1790? No tienes liderazgo, no tienes unión y esto te desemboca en una crisis financiera y al final en el desastre. El mensaje es que la unidad normalmente genera liderazgo, y el liderazgo normalmente mejora la eficacia; esto extrapolándolo mucho y pensando en el presente. Esa es la esencia de por qué España triunfó en esta guerra: liderazgo político, centralización y compromiso de una generación de españoles. Y ese triunfo español dio una oportunidad a la independencia de los Estados Unidos.

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