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Jorge Álvarez, doctor en Historia, durante su entrevista con El Debate

Jorge Álvarez, doctor en Historia, durante su entrevista con El DebateThorun Piñeiro

Entrevista al autor del ensayo 'La alianza imposible'

Jorge Álvarez: «Fernando VII no fue un rey brillante, pero es injusto culparle de la caída de España»

El historiador advierte que el rey apodado el Felón, en realidad, fue un rey «muy popular y siempre muy querido por el pueblo»; no obstante, su «historia la escribieron los liberales», asegura

La historia entre España y Gran Bretaña se podría resumir en una alianza imposible: «Son dos países que siempre se han llevado muy mal. Estaban desde el siglo XVI y, sobre todo, durante todo el siglo XVIII, condenados a enfrentarse por motivos culturales, religiosos y geoestratégicos como imperios rivales en América», explica el doctor en Historia y profesor en la Universidad CEU San Pablo, Jorge Álvarez Palomino, quien acaba de publicar La alianza imposible: España y Gran Bretaña durante el sexenio absolutista (1814-1820).

Sin embargo, ocurre algo que convierte a estos dos enemigos tradicionales en «amigos inesperados», advierte Álvarez en entrevista con El Debate. La guerra contra Napoleón Bonaparte, y la invasión francesa de 1808 convierte a estos dos polos opuestos en «combatientes del mismo bando».

Esta alianza que se forma para derrotar a un enemigo común será «muy difícil de mantener porque, más allá del enemigo común francés, sigue habiendo muchas cosas que nos separan». Por ello, el profesor analiza en su obra las diferentes vías por las que «se intenta mantener la alianza una vez que ya no hay guerra contra los franceses».

Jorge Álvarez, doctor en Historia durante su entrevista con El Debate

Jorge Álvarez, doctor en Historia durante su entrevista con El DebateThorun Piñeiro

Para Álvarez, haber prestado «más atención a los intereses del otro» podría haber afianzado esta relación.

Asimismo, revisa la figura de Fernando VII y afirma que «es injusto culparle de la caída de España» cuando «luchó contra la leyenda negra» y «puso mucho esfuerzo en salvar el Imperio español en América». El historiador advierte que el rey apodado el Felón, en realidad, fue un rey «muy popular y siempre muy querido por el pueblo»; no obstante, su «historia la escribieron los liberales», asegura.

España y América tras las guerras napoleónicas

Tras la guerra de la Independencia, España juega «un papel mucho menor del que habría querido y del que pensaba que merecía», comenta el profesor de Historia Contemporánea. A pesar de ser «uno de los principales vencedores de Napoleón», no se la tiene en cuenta a la hora de organizar el mapa de Europa. «Se discutió si España tenía que ser considerada una gran potencia o no y, por una serie de errores diplomáticos y una serie de objetivos contrapuestos, finalmente se la dejó fuera de las grandes potencias», analiza.

Pero las consecuencias de esta guerra no solo afectaron a la Península: «El vacío de poder que crea Napoleón es un poco el porqué de que la América española se independice de una forma tan difícil, con unas guerras sangrientas, con muchísimos gobiernos separados que acaban creando muchos países distintos», sentencia el doctor en Historia.

Esto sucede porque «la invasión napoleónica corta de golpe a España con la América española y genera un vacío de poder que se llena con juntas revolucionarias que van improvisando sus distintas formas de gobierno».

Una vez iniciados los procesos de independencia, España no pudo frenarlos por tres razones, según explica Álvarez.

En primer lugar, «porque faltaban barcos. España se queda sin flota durante la guerra contra Napoleón. En Trafalgar se había hundido gran parte, pero lo que se olvida mucho es que durante la lucha contra los franceses los barcos que todavía quedaban no valen, se quedan en los puertos y se van pudriendo poco a poco porque la guerra de la Independencia es toda en tierra».

También fue decisiva la falta de dinero: «España estaba arruinada después de la guerra. Le costó muchísimo encontrar dinero para poder financiar el esfuerzo de una guerra», comenta el historiador.

Y, por último, a España le faltó apoyo diplomático «porque hay países que colaboran muy activamente con la rebelión en América». Uno de ellos fue Estados Unidos, que apoyó de forma directa, indica. Pero también «Portugal, por el interés que tenía de ampliar Brasil». Por otro lado, «los países que podían haber ayudado a España, que son Francia o Rusia principalmente, no tienen capacidad de hacerlo. Entonces, España se queda muy sola diplomáticamente».

En contra de la idea extendida, Álvarez Palomino señala que «cuando uno va a las fuentes y a los archivos, lo que se encuentra es que el Gobierno británico se declara neutral en el conflicto y no interviene activamente». Aunque sí es cierto que «muchos súbditos británicos, a título personal, tienen participación; la prensa británica también apoyaba mayoritariamente las independencias americanas, pero el Gobierno británico fue neutral y no colaboró». Además, detalla que «tuvo oportunidades de colaborar con los rebeldes de América y las rechazó».

Fernando VII no fue tan malo...

Otra idea errónea, pero extendida, de este periodo es la de que «Fernando VII y su gobierno fueron un gobierno de incompetentes absolutos», comenta. Para el doctor en Historia, este gobierno «se encuentra con una dificultad enorme porque no tiene medios, no tiene casi barcos, no tiene dinero, tiene muy pocas tropas, pero es un gobierno que hace esfuerzos muy grandes por intentar defender los intereses españoles».

La mala imagen del rey al que en un principio llamaron el Deseado se debe a los liberales. «A Fernando VII le escribieron la historia los liberales. Y evidentemente tenían muy mala opinión de él, con razón, porque los había tratado muy mal», apunta.

De esta forma, los historiadores que escribieron la historia española del siglo XIX «nos lo presentan básicamente como un monstruo sin virtudes, corrupto, malo y cobarde». La mayoría de los liberales exiliados se marchan a Inglaterra, y es, precisamente desde Londres, donde «empiezan a criticar a Fernando VII muchísimo».

Autores como Flórez Estrada, Modesto Lafuente o Estanislao de Kostka Vayo «van a tener un papel importante en transmitir esta imagen». Y, además, «se alían con la oposición británica». Según explica Álvarez Palomino, los progresistas británicos se alían con los liberales en el exilio y «empiezan a crear una mala prensa de la España de Fernando VII en el mundo inglés. Y la prensa inglesa era la de referencia en la Europa de la época».

De esta alianza salen muchos tópicos sobre Fernando VII, «como un rey oscurantista, rodeado de frailes y de inquisidores, un rey ignorante que desprecia el sacrificio de su pueblo».

'Fernando VII', obra de Vicente López Portaña

'Fernando VII', obra de Vicente López Portaña

Pero, como ocurre con muchos otros personajes, la realidad es mucho más compleja: «Cuando uno estudia la labor diplomática, se da cuenta de sus esfuerzos por intentar posicionar a España como una potencia a nivel diplomático; se ve que es un rey muy trabajador en ese sentido».

No solo realiza un «esfuerzo por mejorar la imagen de España en el extranjero», sino que también «lucha contra la leyenda negra», resalta. «Él se dio cuenta de que, en las cortes de Europa, cuando se hablaba de España había prevalecido una visión muy negativa», añade. Por ello, da indicaciones a todas las embajadas importantes de «influir en la prensa, hablar con autores y gente influyente para crear una imagen positiva de España e intentar disipar los tópicos negativos».

También resalta que «la obsesión del Gobierno de Fernando VII es intentar salvar América» y dedica gran parte de sus esfuerzos en «pedir apoyo para mandar refuerzos, dinero y hombres a pacificar América».

Jorge Álvarez durante su visita a la redacción de El Debate

Jorge Álvarez durante su visita a la redacción de El DebateThorun Piñeiro

Uno de los reproches que se hace a este rey es disolver las Cortes surgidas en Cádiz y abolir la Constitución de 1812, pero «hay que entender que la opinión mayoritaria de España en 1814 estaba en contra de los liberales», indica.

«Fernando VII evidentemente quiere disfrutar del poder absoluto. A él no le gusta nada eso de tener que gobernar atado por una Constitución. Pero se da cuenta de que es que, además, la mayoría del pueblo le apoya. Porque lo que quieren es lo que han conocido siempre, la monarquía del Antiguo Régimen», añade.

Pero tampoco fue un rey brillante

También subraya, a su favor, que, a diferencia de otros reyes como su padre, Fernando VII tiene «una idea muy clara de que tiene que intentar afrontar los desafíos de la época. Otra cosa es que tome buenas decisiones, que muchas veces no lo hace».

«El principal fallo en la forma en la que analizamos a Fernando VII es culparle del caos de España en 1808 y culparle de las Cortes de Bayona y de la abdicación de la Corona, cuando el culpable principal es su padre, Carlos IV». Para el historiador, Fernando VII «se ve arrastrado» a esta situación. «Por lo tanto, no podemos culpar a Fernando VII de ese vacío de poder que se genera en 1808. Se le puede culpar, a lo mejor, de haber caído en la trampa de Napoleón, de haber ido allí cuando tenía que haberse resistido», declara.

A Fernando VII le toca gobernar «en un momento en el cual es imposible que los factores externos sean peores», algo que «solo un rey brillante podría haber salvado». Y aunque no fue un rey tan malo, tampoco era «un rey brillante», asegura el doctor en Historia.

Portada del libro 'La alianza imposible'

Portada del libro 'La alianza imposible'

«Si hubiésemos tenido una figura con otras características, a lo mejor podría haber intentado dar la vuelta a la situación. Ahora bien, aun teniendo sin duda sus errores, me parece que es injusto culparle de la caída de España porque, cuando él llega y se encuentra en este reino, la pregunta es qué podría haber hecho de otra manera. Y no hay muchas cuestiones», concluye.

Tras este análisis, el historiador espera que el lector de La alianza imposible se quede «con la idea de que la caída del Imperio español a principios del siglo XIX se debe a una serie de factores, algunos de largo plazo y otros puntuales, pero que no fue sencillamente un desastre por incompetencia, sino que los españoles de la época lucharon, se esforzaron e hicieron lo que pudieron para intentar salvar el legado de sus antepasados».

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