Fulvia, esposa de Marco Antonio, se divierte con la cabeza decapitada de Cicerón, que fue ejecutado por orden de su marido
Fulvia, la poderosa romana que se enfrentó a Cicerón e influyó en la carrera política de Marco Antonio
Fulvia, esposa de Antonio, mandó traer la cabeza de Cicerón y atravesó con una horquilla la lengua que durante años había atacado a su familia. Un gesto que muestra hasta qué punto la política romana era, a menudo, profundamente personal
Fulvia vivió en la Roma del siglo I a. C., cuando la República estaba a punto de desmoronarse para dar comienzo al Imperio romano. Plutarco la describe como ambiciosa y sedienta de poder, dispuesta incluso a influir en el mando militar. Esto causaba escándalo en una Roma donde el ideal de matrona romana se alejaba del foco de la vida pública. Según Plutarco, la reina Cleopatra VII de Egipto estaba en deuda con ella por haber enseñado a Marco Antonio, esposo de Fulvia y, tras la muerte de esta, amante de Cleopatra, a obedecer la autoridad de una mujer.
Fulvia no tuvo muchos escrúpulos morales para conseguir sus objetivos, lo que le granjeó numerosos enemigos, entre ellos Cicerón. A este político, filósofo, escritor, jurista y uno de los mayores oradores de la República romana se le atribuye la introducción de las principales corrientes filosóficas griegas en Roma, así como la creación de un vocabulario filosófico en latín. Si bien ha pasado a la posteridad como gran orador y filósofo, lo cierto es que en vida centró principalmente su atención en su carrera política.
Las ambiciones políticas de Fulvia y Cicerón habían chocado mucho antes del matrimonio de ella con Marco Antonio. El primer esposo de Fulvia fue Publio Clodio Pulcro, con quien se casó siendo aún muy joven, en torno a los quince o dieciséis años. Clodio, unos veinte años mayor, era conocido por agitar la vida política romana, frecuentemente implicado en conspiraciones.
Fulvia lo respaldó activamente, poniendo su fortuna al servicio de la carrera política de Clodio, que frecuentemente estaba involucrado en actuaciones de dudosa legalidad: contrató una banda que recurría a la violencia para apoyar los objetivos de su patrón por medio de disturbios y extorsiones.
Publio Clodio Pulcro dirigió una persecución personal contra Cicerón: confiscó sus bienes, destruyó su casa en el Palatino y forzó su exilio. Con Julio César en las Galias, Clodio dominó Roma mediante sus bandas armadas. Cuando se propuso el regreso de Cicerón, Clodio intentó impedirlo con violencia, pero fue frenado por Milón, que organizó su propia facción para combatir con sus propios medios.
Cicerón denuncia a Catilina. Fresco de Cesare Maccari. Palazzo Madama, Roma
La rivalidad degeneró en enfrentamientos callejeros: Clodio atacó propiedades de Cicerón y llegó a incendiar la casa de su hermano. El conflicto culminó cuando Clodio fue asesinado. Sus seguidores, enfurecidos, improvisaron su pira funeraria en el Senado. Así, Fulvia quedó viuda a los veinticinco años, en medio de una Roma profundamente convulsa, y albergando un odio contra Cicerón que no cesaría nunca.
La viudez de Fulvia fue breve: su segundo marido fue Curión, un tribuno influyente cuya adhesión a Julio César, facilitada por un generoso soborno, inclinó la balanza política a favor de este. Con el inicio de la guerra civil, César le encomendó una campaña en África, pero la expedición terminó en desastre y Fulvia quedó de nuevo viuda. Tras la muerte de César, se fijó en su tercer esposo: Marco Antonio, un prometedor político seis años más joven que ella, feliz de aceptar el dinero de Fulvia para impulsar su carrera.
Marco Antonio formó el segundo triunvirato con Octavio (el futuro emperador Augusto) y Lépido. Como parte de esta alianza, la hija de Fulvia y su primer esposo, Claudia, se casó con Octavio. Marco Antonio persiguió y proscribió a sus enemigos políticos, principalmente a un viejo conocido de Fulvia: Cicerón, que le había criticado abiertamente, hasta que finalmente ordenó su asesinato.
Fulvia y Marco Antonio o La venganza de Fulvia, de Francisco Maura y Montaner
Su cabeza y sus manos fueron mostradas en el Foro. Dion Casio narra así la reacción de su tenaz enemiga política: «Fulvia cogió la cabeza con las manos, antes de que se la llevaran, y, enfurecida con ella y escupiéndole, la colocó sobre las rodillas y, abriéndole la boca, le arrancó la lengua y la atravesó con los pasadores que utilizaba para el pelo, al tiempo que se mofaba con muchas y crueles infamias».
Fulvia murió repentinamente a los 40 años, exiliada en Grecia tras otra intriga política: cuando Octaviano se divorció de su hija Claudia, lo tomó como afrenta personal e instigó para enfrentar a su exyerno con la familia de Marco Antonio. Sin embargo, las legiones de Octavio se impusieron y Fulvia debió exiliarse. Con su muerte, Marco Antonio se casó con la hermana de Octavio, cesando temporalmente las hostilidades entre ambos.