¿El franquismo persiguió el euskera y el gallego?
Qué ocurrió realmente con las lenguas regionales bajo Franco: libros, premios y enseñanza antes de 1975
Franco mantuvo la visión lingüística liberal hasta que la Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación, en su artículo 17, incluía el cultivo de la lengua nativa como medio para lograr una efectiva incorporación de las peculiaridades regionales al patrimonio cultural español
Se describe habitualmente el periodo del franquismo como un momento de prohibición del uso de lenguas diferentes al castellano hasta la llegada de la democracia, y es el principal tema reivindicado por los nacionalismos para proceder a la imposición de las lenguas locales y la expulsión del castellano del sistema educativo y público.
Sin embargo, fue el rey Carlos III, en 1772, quien impuso el castellano en las escuelas. En 1857 la ley Moyano impuso el uso del castellano en las aulas, y la ley de 1862 puso la obligatoriedad de escribir todos los documentos públicos en castellano. El Estado liberal uniformó y homogeneizó España al estilo francés, ahogando la pluralidad de las regiones.
La victoria de los nacionales en la Guerra Civil trajo una diversidad de opiniones, desde los partidarios de mantener la legislación liberal hasta los contrarios, en su mayor parte carlistas y regionalistas gallegos y catalanes procedentes de las zonas bilingües.
La decisión sería que las lenguas vernáculas no fuesen lenguas oficiales; el catalán se había convertido en tal con su estatuto de autonomía aceptado durante la II República. Hasta 1970 estas lenguas quedaron excluidas del sistema educativo, administrativo y judicial, pero no fueron prohibidas ni perseguidas por su uso público.
Desde 1941 se publicaron ediciones en euskera. Una década más tarde se fundó la Editorial Kuliska Sarta y en 1961 la Editorial Auspoa. En la década de los 60 se empezó a celebrar la Feria del Libro y Disco Vasco. La Diputación de Guipúzcoa publicaba la revista literaria Egan.
La Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, reanudó su actividad en la década de los 50, convocando premios literarios de novela, poesía, teatro y bertsolaris. También la Academia unificó los dialectos del vascuence en el euskera batúa. La década que siguió (1956-1968) correspondió a una nueva generación de colaboradores, a la introducción creciente del euskera en los centros escolares bilingües de iniciativa social no pública (ikastolas), a la renovación de la prensa euskérica y a los primeros intentos de alfabetización en euskera.
Sede de la Real Academia de la Lengua Vasca
En 1969 se fundó, con aquel esfuerzo, la Federación Diocesana de Ikastolas. Si buscamos nombres particulares, un lugar de honor sería para Antonio Arrue, que fue nombrado académico de Euskaltzaindia en 1954. Un año antes, se había destacado por entrar en la dirección de la revista Egan, que dependía de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.
Arrue fue procurador de Guipúzcoa en las Cortes de Madrid, por el tercio familiar, en la legislatura comprendida entre 1967 y 1971. Gracias a su esfuerzo y al de los frailes franciscanos, la literatura en euskera volvió a adquirir fuerza en los años sesenta, ante el desarrollismo económico y la aparición de una nueva generación de autores que eran demandados por una clase media urbana interesada en leer en euskera. El autor más relevante sería Bernardo Atxaga, que ya había publicado, en 1972, una obra experimental y que triunfó recientemente con Obabakoak.
En cuanto a la lengua catalana, carlistas y 'lliguistas' apoyaron la labor de recuperación del catalán. En 1947 se otorgaba el premio Joan Martorell de novela en catalán. En 1949 se creó el premio Víctor Català de novela corta en catalán y los premios Aedos para biografías, así como el Josep Ysart para ensayos.
En 1951 se fundó Ediciones Selecta para obras escritas en catalán. En los años sesenta apareció la fundación de Òmnium Cultural; en el mismo año de 1961 se creó la editorial Edicions 62 y la revista infantil Cavall Fort. Antiguos combatientes del Tercio Nuestra Señora de Montserrat fundaron Ediciones Destino, que dio el Premio Nadal de Novela desde 1944 y, desde 1968, el Josep Pla para las obras en lengua catalana.
En ese año, Joan Fuster publicó Nosaltres els valencians y en Mallorca se fundó la Obra Cultural Balear. El gran académico Martí de Riquer, antiguo combatiente nacional, recordaba que el catalán había sido la lengua oficial de la Administración catalana hasta 1714. Gracias a sus esfuerzos, el Ayuntamiento de Barcelona se dispuso a impartir enseñanza gratuita en catalán desde 1967 a los niños.
El Ministerio de Educación apoyó la presencia de dos maestros en cada escuela, impartiendo cinco horas semanales; en la actualidad solo se permiten dos horas en castellano. Durante aquellos años, miles de títulos habían sido publicados en lengua catalana, destacando como autores en prosa Josep Pla y, en verso, Salvador Espriu.
El Ministerio de Asuntos Exteriores propuso ediciones en catalán para el Consejo de Europa, y el Ministerio de Educación implantó el estudio de la lengua catalana en la universidad y el de la literatura en catalán en la enseñanza secundaria. En 1964 se inició el primer programa de televisión en catalán por TVE.
Dos años después, Radio Tarragona empezó a emitir un programa dedicado a la enseñanza del catalán. La divulgación de la lengua catalana tendría el apoyo de las diputaciones catalanas, que financiaron cátedras de lengua catalana en sus respectivas provincias.
En el caso del gallego, con el apoyo de los galleguistas de derechas, se empezaron a publicar obras en gallego en 1947, fundándose con Ramón Piñeiro en 1950 la Editorial Galaxia, que publicó revistas de economía, cultura, arte y pensamiento. La Real Academia Gallega promoverá el Día de las Letras Gallegas en conmemoración del centenario de la publicación de Cantares gallegos, de Rosalía de Castro.
En 1965 apareció la cátedra universitaria de Lengua y Literatura Gallegas a cargo de Ricardo Carvalho Calero. Al inicio de la década de los setenta surgirá el Instituto de Lingua Galega.
En definitiva, Franco mantuvo la visión lingüística liberal hasta que la Ley 14/1970, de 4 de agosto, General de Educación, en su artículo 17, incluía el cultivo de la lengua nativa como medio para lograr una efectiva incorporación de las peculiaridades regionales al patrimonio cultural español. En el Decreto 1433/1975, de 30 de mayo, se aprobaba que fuesen introducidas las lenguas vernáculas en la Educación General Básica.