Salomé con la cabeza de Juan el Bautista. Obra de Tiziano Vecelli
Salomé y el río Segre: la leyenda española de la princesa decapitada por el hielo
El río protagonista sería el Segre, como relata el padre Jerónimo Román de la Higuera en su libro Los falsos cronicones, siendo la protagonista la reina Herodías, pero la versión que se popularizó terminó cambiando a la víctima por Salomé
En el Evangelio de san Mateo se narra la decapitación de san Juan Bautista, que fue debida a la petición de la princesa judía Salomé, aconsejada por su madre, la reina Herodías. San Juan había acusado a Herodías de vivir en pecado con el hermano de su esposo, por lo que fue encarcelado.
En el cumpleaños de su padrastro, el rey Herodes, Salomé bailó en medio de la fiesta y tanto le gustó al monarca que le prometió satisfacer su deseo, fuese cual fuese. Prevenida por su madre, Salomé le pidió la cabeza de Juan. Y así, el rey envió a degollar al preso en la cárcel, de donde trajeron su testa a la muchacha en una bandeja, que se la presentó a su madre.
Según una leyenda, basada en un texto del escritor judeorromano Flavio Josefo, el emperador Calígula desterró a Herodes y su familia a Hispania, harto de las intrigas del monarca judío, en el siglo I. Para otros autores, el destierro fue en las Galias, concretamente en la ciudad de Lyon, en vez de Lérida —Ilerda—, y el río protagonista, en vez del Segre, sería el Ródano.
Herodías, como consecuencia de su maldad, moriría ahogada en las aguas fluviales, entre los hielos provocados por el invierno. Y, en principio, nada se decía de la princesa Salomé, pues los historiadores antiguos escribieron que se casó con uno de sus tíos, el tetrarca Filipo, y, al quedarse viuda, contrajo matrimonio con Aristóbulo, que llegó a ser rey de Armenia Menor con la ayuda del emperador Nerón.
Pero en el siglo XVI se forjó la leyenda de la muerte cruel de Salomé, castigada así por su lascivo baile y su fría petición de obtener la cabeza de san Juan Bautista, haciéndola morir sobre un río helado, de tal manera que, al caer al agua e intentar salir, su cabeza fue decapitada por los hielos, al igual que le había pasado al santo.
El río protagonista sería el Segre, como relata el padre Jerónimo Román de la Higuera en su libro Los falsos cronicones, siendo la protagonista la reina Herodías, pero la versión que se popularizó terminó cambiando a la víctima por Salomé.
Salomé con la cabeza de Juan el Bautista de Caravaggio
Francisco de Borja y Acevedo (1582-1658), príncipe de Squilache, recogió la leyenda en sus poesías. Gentilhombre de Cámara del rey Felipe IV, fue gobernador y capitán general del Perú entre 1615 y 1621. Fundó en Lima la Universidad de San Marcos y fue considerado un magnífico poeta en tierras americanas. Dedicó una silva al monarca, referida al cerco de la ciudad de Lérida en 1644, cuando las tropas españolas trataban de expulsar al ejército francés de Luis XIII.
«Baña el Segre de Lérida los muros / Que miraban seguros / El cristal que rodea / Donde la peregrina Galilea / Sobre el hielo danzando sin recelo / Le cortó la cabeza el mismo hielo / Y con la suya entre las aguas frías / La del gran Precursor pagó Herodías».
En el siglo XIX, el escritor Enrique Pérez Escrich (1829-1897), en su novela El mártir del Gólgota, publicada por entregas, recuperó la leyenda de la dura muerte de Salomé en España, sin especificar, sin embargo, el río protagonista.
Paralelamente a esta leyenda, permaneció por siglos la idea de que la iglesia que se construyó enfrente del río Segre, en Lérida, se había edificado exactamente allí para señalar el lugar donde se produjo la decapitación de la princesa judía, en expiación y recuerdo para las generaciones venideras.
Ese sorprendente acontecimiento había finalizado de una forma ejemplar, siendo aviso de navegantes para aquellos pecadores que intentaran hacer lo mismo con otros seguidores de Jesucristo.
Esta idea se afianzó también porque el nombre de la iglesia era el del santo y, aunque a mediados del siglo XIX fue derruida, en sus inmediaciones se erigió un nuevo templo cristiano con la misma denominación, que se conserva hasta nuestros días. Entre 1885 y 1900 se construyó la iglesia en un estilo neogótico, aunque sufrió un incendio en 1930.
Al estallar la Guerra Civil, en julio de 1936, volvió a ser incendiada y saqueada por las milicias de izquierdas, tomando la tarea de la rehabilitación el Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones en la inmediata posguerra, y abrió nuevamente las puertas al culto en 1944. A comienzos del siglo XXI fue nuevamente repuesta, permaneciendo el recuerdo de la leyenda a orillas del español río Segre.