Restos del pecio de 'Ses Fontanelles' en el que los arqueólogos ha identificado un nuevo tipo de ánfora

Restos del pecio de 'Ses Fontanelles' en el que los arqueólogos ha identificado un nuevo tipo de ánforaArqueomallornauta

'Ses Fontanelles', el pecio romano que el mar ocultó durante 16 siglos y conserva los sabores del Bajo Imperio

Un barco romano hallado en Mallorca conserva ánforas de liquamen, aceite y vinos, con inscripciones que permiten reconstruir una ruta comercial desde el sureste hispano hasta las Baleares

Durante más de dieciséis siglos, una pequeña nave mercante romana permaneció oculta bajo la arena, a escasa distancia de una de las playas más transitadas de Mallorca. Y aunque no cargaba grandes tesoros, si llevaba riquezas de otra naturaleza: ánforas, salsas de pescado, aceite, vino, utensilios de a bordo y una información comercial escrita que rara vez se conserva con tanta claridad.

No es solo un barco hundido; es una despensa flotante de la época del Bajo Imperio, una instantánea del comercio alimentario mediterráneo en un tiempo en que Roma seguía navegando, comerciando y comiendo bajo signos ya cristianos.

En 2019 se descubrió accidentalmente un pecio en Ses Fontanelles, frente a la bahía de Palma, uno de los hallazgos más importantes de la arqueología subacuática reciente. Los primeros estudios documentaron una embarcación de unos doce metros de eslora y cinco metros de manga, cargada con ánforas dispuestas en dos niveles y procedente probablemente del sureste de la península ibérica.

Muchas de aquellas ánforas aparecieron aún selladas y con tituli picti, es decir, inscripciones pintadas sobre el envase, lo que permite asomarse también al contenido.

El caso resulta casi novelesco, ya que el barco no se encontró en alta mar ni a una profundidad inaccesible, sino junto a una playa actual, en aguas someras. El proyecto Arqueomallornauta, impulsado por instituciones mallorquinas y varias universidades, nació precisamente para estudiar, conservar y extraer este conjunto excepcional.

Yacimiento de Ses Fontanelles

REMITIDA / HANDOUT por MINISTERIO DE DEFENSA
Fotografía remitida a medios de comunicación exclusivamente para ilustrar la noticia a la que hace referencia la imagen, y citando la procedencia de la imagen en la firma
25/5/2026

Yacimiento de 'Ses Fontanelles'Ministerio de Defensa

Y efectivamente, la extracción del pecio ha culminado en junio de 2026 tras varios meses de trabajo. Lo más interesante es precisamente la sencillez de los productos que portaba, entre cuyos materiales figuran ánforas, vajilla fina decorada, cerámica de cocina norteafricana, una olla de uso a bordo para la tripulación, restos de fauna, cuatro anclas, unos noventa metros de cabos, cestos de fibra vegetal, poleas, un escandallo y restos de velas de lino.

Y esta es la clave del hallazgo, no sólo se han encontrado un barco y su cargamento. Se trata de un fragmento completo de vida marítima: la carga comercial, los objetos de la tripulación y la arquitectura de una pequeña nave de época tardorromana. Es una muestra de cómo se desarrollaron el comercio, la producción y la alimentación en un tiempo en el que el Imperio romano estaba en franca decadencia mientras se iniciaba un mundo nuevo, en pleno s. IV.

Las ánforas conservadas con tituli picti indican nombres de comerciantes y contenidos. Entre ellos destaca el liquaminis flos, la «flor del liquamen», una salsa líquida de pescado emparentada con la familia del garum y considerada un producto de calidad. Además, los estudios arqueozoológicos identifican pequeños peces, sobre todo boquerones, vinculados a la elaboración de salsa de pescado.

Naufragio 'Ses Fontanelles'

Naufragio 'Ses Fontanelles'Fundación Palarq

Y sabemos por los residuos orgánicos, por la forma de las ánforas y el tipo de pasta cerámica con que se realizaron qué envases portaban la salsa de pescado, el vino, el aceite y las aceitunas o las frutas en conserva.

El origen probable del barco se sitúa en el sureste peninsular, especialmente en el área de Cartagena, llamada en la Antigüedad tardía Carthago Spartaria. La presencia del pecio demuestra que, en el siglo IV, el comercio alimentario mediterráneo seguía plenamente activo. Durante años, la imagen vulgar del Bajo Imperio ha tendido a presentarlo como un mundo empobrecido y casi inmóvil.

Ses Fontanelles cuenta otra historia, mostrando una época activa en la que aún había personas que se ocupaban del ciclo completo, y eran capaces de producir, envasar, etiquetar y transportar los productos agroalimentarios.

Pero Roma no desaparece de golpe, se fue transformando en un mundo nuevo a partir de su ritmo cotidiano. Y esa metamorfosis también queda visible en sus alimentos, con sus rutas comerciales y sus envases. Seguía existiendo un comercio marítimo con métodos ya antiguos, y sus ánforas bien identificadas, aceites, salazones y vinos destinados a distintos puntos del Mediterráneo. La alimentación no aparece aquí como un detalle menor, sino como una de las mejores formas de comprender la continuidad y los cambios de una civilización.

También el hallazgo forma parte de este ciclo de cambios visibles en lo religioso. Tras el Edicto de Milán, el cristianismo dejó de ser perseguido y comenzó a integrarse en las estructuras sociales del Imperio. Esa transición se refleja en la presencia de signos cristianos en algunos tapones o cierres. El hallazgo muestra así un mundo en mutación: todavía romano en sus técnicas, en sus productos y su comercio, pero ya estaba impregnado por nuevos símbolos.

El pecio emociona porque permite acercarse a una realidad concreta, la alimentación. Y no fue un proceso simple, porque en el interior de aquella nave queda patente la huella de pescadores, alfareros, escribas, comerciantes, marineros, productores de aceite e incluso fabricantes de ánforas.

Cuando el barco se hundió frente a Mallorca, la arena selló una escena entera del Bajo Imperio: una economía todavía viva en transformación, una ruta hispana hacia las Baleares, un sistema de etiquetado comercial, una cocina mediterránea basada en la conservación y una cultura alimentaria que continuaba uniendo las orillas del mar.

Ses Fontanelles no es solo un pecio romano. Es una despensa hundida. Y, como tantas despensas antiguas, conserva mejor que muchos monumentos la memoria doméstica de una civilización.

La conmoción que produce un hallazgo así, conservado de forma extraordinaria y tratado con exquisito cuidado por los responsables del proyecto, recuerda una lección necesaria: la arqueología y la historia exigen método, paciencia y profesionales.

Frente a las hipótesis especulativas que circulan por las redes con apariencia seductora, la especialización y los años de trabajo ofrecen frutos valiosos y permanentes: una parte auténtica de la historia, capaz de ayudarnos a recomponer la producción agroalimentaria, las rutas comerciales y la alimentación de una época. Conocimiento y verdad frente a especulación, ruido y ocurrencias.

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