Busto de Nerón. Museos Capitalinos
Narciso, el esclavo que sobrevivió a varios emperadores y gobernó Roma desde la sombra
Su habilidad política le aseguró pronto un lugar en la familia imperial, y sus maniobras diplomáticas influyeron incluso después de su muerte, pues fue clave en la carrera de Vespasiano, futuro emperador
Poco se sabe de los orígenes de Tiberio Claudio Narciso, y todo lo que se diga de ellos puede caer en el terreno de la especulación o la leyenda.
Es posible que naciera esclavo por ser esta la condición de sus padres —o, al menos, de su madre— o que fuera hecho prisionero de niño en alguna campaña militar.
Lo que sí nos consta es que Narciso recibió una educación que supo aprovechar y llegó a estar a cargo de la correspondencia del emperador romano Claudio: en las fuentes históricas se le describe como praepositus ab epistulis (‘encargado de la correspondencia’).
Su relación con la familia imperial se remonta al reinado del segundo emperador, Tiberio, que sucedió a Augusto. Fueron tiempos convulsos en Roma, en los que encontramos a un joven Narciso en el círculo de la influyente Antonia la Menor, hija del célebre Marco Antonio y cuñada de Tiberio.
Narciso entabló amistad con Antonia Caenis, esclava de Antonia la Menor y otra mujer que utilizó su habilidad diplomática para influir en la política del Imperio.
Gracias a la influencia de Narciso, que por entonces ya era liberto —había obtenido el estatus de hombre libre como premio por sus servicios—, el amante de Antonia Caenis, el general Vespasiano, recibió el mando de la Legio II Augusta en Germania.
Narciso conoció también a Claudio, hijo de Antonia la Menor. Durante años, a causa de su tartamudez y su cojera, Claudio permaneció convenientemente apartado del poder.
Cuando su sobrino Calígula ascendió al trono, lo nombró cónsul y senador, pero nadie se lo tomó muy en serio. Paradójicamente, aquel aparente ostracismo terminó siendo su mejor seguro de vida.
Mientras emperadores, generales y aspirantes al poder caían víctimas de conspiraciones y purgas, Claudio pasaba desapercibido. Nadie lo veía como una amenaza, y esa invisibilidad política le permitió sobrevivir a las turbulentas caídas de Tiberio y del propio Calígula.
Cuando Claudio fue proclamado emperador, se apoyó en dos libertos de su confianza: Marco Antonio Palas, de origen griego y, según el historiador Tácito, descendiente de los reyes de Arcadia, y Tiberio Claudio Narciso.
Ambos resultaron ser más eficaces y doctos en política que muchos senadores de las renombradas familias patricias de Roma.
Narciso ejerció como secretario personal de Claudio, filtrando qué peticiones llegaban al emperador, e incluso se dirigió a las tropas en nombre de Claudio durante un motín previo a la conquista de Britania.
Narciso fue crucial en la caída en desgracia de la tercera esposa de Claudio, Mesalina.
Fue él quien reveló al emperador las notorias infidelidades de su esposa, pues, aunque eran de sobra conocidas en Roma, nadie quería ser quien diera la noticia a Claudio, enamoradísimo de la joven.
Al ver que el emperador vacilaba, el propio Narciso dictó la orden de ejecución. Cuando llegó el momento de que el emperador eligiera una nueva esposa, Narciso sugirió a Elia Petina, exmujer de Claudio, pero este optó por su sobrina Agripina la Menor.
Agripina, madre de Nerón, estaba dispuesta a todo para que este fuera emperador, pese a que Claudio ya tenía un hijo, Británico, que aún era un niño. Agripina dinamitó la posición de Narciso, aliado del círculo de Británico.
Cuando Claudio encargó a Narciso la supervisión de la construcción de un canal para drenar el lago Fucino, Agripina lo acusó de apropiarse de los fondos. Posteriormente, hizo que enviaran a Narciso a la región de Campania con la excusa de mejorar su salud en los baños termales.
Lo más probable es que fuera una manera de mantenerlo lejos de la corte para que no impidiera el asesinato de Claudio, que poco después fue envenenado. Nerón subió al trono y Británico, hijo de Claudio, también murió envenenado poco antes de cumplir catorce años.
Al conocer la muerte de Claudio, Narciso volvió a Roma, y podemos suponer que tenía suficiente experiencia política para saber lo que le esperaba. Agripina ordenó su ejecución, pero Narciso, antes de ser encerrado y ejecutado, quemó todas las cartas de Claudio para evitar que Nerón utilizara su contenido.
Tras la caída de Nerón, el último de su dinastía, comenzó el convulso año de los cuatro emperadores, que culminó con la subida al trono de Vespasiano, quien debía su popularidad política al nombramiento que Narciso había conseguido para él.
Cabe decir, por tanto, que la influencia del liberto perduró en la historia de Roma incluso después de su muerte.