Robert Goodwin durante su visita a la redacción de El Debate
Entrevista
Robert Goodwin: «Dos terceras partes de lo que hoy es Estados Unidos eran de España»
El historiador y escritor británico reconstruye en su libro tres siglos de expediciones, misiones y conflictos en los territorios que hoy forman parte de Estados Unidos: «Para muchos estadounidenses, el pasado español es como una prehistoria que ya no cuenta»
La historia de Estados Unidos suele contarse desde la costa atlántica, con los asentamientos ingleses y la independencia de las Trece Colonias como referencias fundacionales. Pero, cuando en 1776 aquellas colonias declararon su independencia, la presencia española llevaba siglos extendiéndose por otras regiones de Norteamérica.
Esta historia –hecha de expediciones, asentamientos, misiones, alianzas y enfrentamientos– es la que recorre el historiador y escritor británico Robert Goodwin en La Norteamérica española. La epopeya en un continente indómito. Su edición española presenta un recorrido que arranca en 1493 y se prolonga hasta el final del dominio español en sus últimos territorios de ultramar.
Robert Goodwin durante su visita a la redacción de El Debate
«El pasado español es como una prehistoria que ya no cuentan»
«Dos terceras partes de lo que hoy es Estados Unidos eran de España», advierte Goodwin en entrevista con El Debate. Nevada, California, Los Ángeles, San Francisco... son algunos de los nombres que permanecen de esa herencia. Y es que mucho antes de que la expansión de Estados Unidos hacia el oeste transformara el mapa de Norteamérica, la Monarquía Hispánica había explorado, conquistado y administrado amplios territorios del continente.
No obstante, «la gran mayoría de los estadounidenses no son conscientes de esa prehistoria suya», afirma el historiador británico. Para Goodwin, este olvido no responde necesariamente a una voluntad deliberada, sino también a una tradición historiográfica que durante mucho tiempo relegó el pasado del Oeste: «Allí hay una especie de lapsus mental para muchos, y es como si fuera prehistoria, que ya no cuenta como la historia suya».
Pero Goodwin no atribuye este fenómeno exclusivamente a un olvido deliberado, sino que lo asocia también con la formación de una cultura histórica estadounidense centrada en la costa oriental: «El Oeste era un mundo de fantasía, de lienzo, de tabla rasa en la que podían pintar con su imaginación cualquier concepto que les viniera», asegura.
Esa imagen del Oeste como territorio disponible, casi sin pasado, dejaba en segundo plano una historia anterior a la expansión estadounidense, protagonizada por los exploradores españoles del siglo XVI.
Hombres inquietos ante un continente desconocido
Esta epopeya tuvo como protagonistas a conquistadores y exploradores a los que describe como hombres movidos por una combinación de determinación, ambición y deseo de abrirse camino. «Eran gente muy lanzada, con determinación, gente inquieta», afirma al tiempo que rechaza que todos respondieran a una única motivación económica.
Pero entre la larga lista de nombres propios que hicieron posible esta gesta, Goodwin muestra una simpatía especial por Bernardo de Gálvez, héroe de la independencia de las Trece Colonias. «La persona que mejor me cae en todo esto es Bernardo de Gálvez, y mira que soy británico», confiesa.
De la campaña del malagueño contra los británicos destacan sus victorias en el Misisipi, Mobile y Pensacola, conquistada en 1781. Goodwin resume la importancia de aquellas operaciones y reconoce la dificultad de la empresa que consiguió «prácticamente solo».
Es más, considera que si España no hubiera intervenido en la Guerra de Independencia, «la historia del país habría sido muy diferente», sentencia.
Pero a este grupo de hombres «inquietos» le acompañaron misioneros cuyo papel fue fundamental en la consolidación de la presencia española: «Es una parte absolutamente imperdible, que no se debería [...] dejar de apreciar», indica el escritor, que destaca especialmente la labor de los franciscanos en California y Nuevo México.
En este sentido, Goodwin subraya la labor de Junípero Serra, figura central de las misiones californianas. Su actividad dejó una huella arquitectónica y cultural duradera y considera que, de una forma u otra, los misioneros «también estaban ganando terreno en el sentido de que estaban ganando almas».
Historias extraordinarias a la luz de las fuentes
Al historiador y escritor británico le interesan las historias extraordinarias, pero también, y sobre todo, la manera en que han llegado hasta nosotros. Durante la entrevista destacó historias como la de María de Jesús de Ágreda, la religiosa española vinculada a la leyenda de la Mujer Azul. De esta manera recordó los relatos según los cuales habría evangelizado milagrosamente a comunidades indígenas de Texas y Nuevo México sin abandonar España.
Goodwin no oculta sus reservas ante esta historia. «Yo, personalmente, no llego a creer en eso», reconoce, aunque añade: «Pero, aun así, es un misterio. A mí me gustan los misterios». Su interés no reside tanto en dar por cierta la leyenda como en examinar los testimonios que la transmitieron.
Portada de 'La Norteamérica española (1493-1498)'
Ese acercamiento a las fuentes constituye uno de los principios de su trabajo. «Me gusta leer las fuentes, criticar las fuentes, pero seguir las fuentes», explica. Su objetivo es valorar la credibilidad de los testimonios y exponer por qué le convencen –o no–.
Una actitud que también se aprecia en el episodio de Juan de Oñate y la rebelión indígena de Acoma, en el actual Nuevo México. Goodwin recuerda que las represalias españolas fueron «excesivas» y que el gobernador acabó siendo procesado por su actuación.
El caso le interesa, además, por su inesperada dimensión literaria: Gaspar de Villagrá, integrante de la expedición, escribió un poema épico para defender a Oñate. Goodwin no destaca el poema tanto por su fidelidad histórica como por su interés para comprender cómo los protagonistas trataron de defender sus propias actuaciones. La obra convierte el conflicto de Acoma y el proceso contra Oñate en materia épica y permite observar cómo la literatura participó en la construcción de la memoria de la conquista.
Así, entre la leyenda de la Mujer Azul y el proceso contra Oñate, el autor reivindica una misma exigencia: seguir las huellas documentales sin confundir un relato transmitido con un hecho demostrado.
Un legado que sigue vivo
Al recorrer las páginas de La Norteamérica española, emerge un continente que no puede explicarse sin la mención de la huella española. El escritor británico recomienda visitar «algunas de las misiones de California, el norte de Nuevo México, Taos, Santa Fe, algunas partes de la Florida, como San Agustín» para palpar la esencia de España en los Estados Unidos: «Es como si estuvieras en España, pero no es España», asegura.
Las expediciones abrieron rutas y establecieron asentamientos y las misiones transformaron territorios y comunidades. Más tarde, la independencia estadounidense y el crecimiento territorial de la nueva república reorganizaron las fronteras y las memorias.
Pero a pesar de esa narrativa que intenta disminuir el papel de España en la historia del país, Goodwin señala que Estados Unidos podría considerarse un país hispano, no solo por el hecho de que «la quinta parte de la población es hispana», sino, sobre todo, por su historia: «Podemos decir que sí forma parte de la Hispanidad, aunque moleste a algunos».
Así, el historiador reivindica una historia que considera inseparable de la formación de Norteamérica y de la propia identidad estadounidense.