El príncipe de Marruecos Moulay Hassan (futuro rey Hassan II) con el coronel Touya (izq.) y André Louis Dubois, ex embajador de Francia en Marruecos
Atentados, sabotajes y propaganda: la guerra encubierta de Hassan II contra España en el Sáhara
A finales de 1974, Hassan II puso en marcha una campaña de atentados y acciones armadas en el Sáhara español destinada a socavar la moral de la población y preparar el terreno para la ofensiva política y diplomática que culminaría meses después con la Marcha Verde
Aquella campaña respondía a una estrategia cuidadosamente diseñada desde Rabat. Incapaz de enfrentarse directamente al Ejército español, el monarca alauí recurrió a la creación de una fuerza militar irregular conocida como Frente de Liberación y Unidad (FLU).
Tomar el té en El Aaiún
En el verano de 1974, las aspiraciones marroquíes sobre el Sáhara parecían alejarse. España había anunciado la celebración de un referéndum de autodeterminación para el primer semestre de 1975 y había iniciado la elaboración de un censo electoral. Paralelamente, el Gobierno de Franco había puesto en marcha una fórmula de autonomía avalada por la Yemáa. Todo apuntaba a que los saharauis podrían decidir su futuro mediante un proceso impulsado por España.
Hassan II reaccionó intensificando la presión sobre España; llegó a afirmar que pronto iría a «tomar el té en El Aaiún», una expresión que reflejaba su intención de anexionar el Sáhara. Sin embargo, el monarca alauí era plenamente consciente de que no podía alcanzar ese objetivo mediante una guerra convencional.
El Ejército español poseía una abrumadora superioridad terrestre, aérea y naval. Ante esa realidad, Rabat optó por organizar un nuevo «Ejército de Liberación», inspirado en las bandas armadas que habían combatido contra franceses y españoles durante la guerra de Ifni-Sáhara de 1957-1958.
El nacimiento del Frente de Liberación y Unidad
A finales de 1974 comenzaron los preparativos. El mando fue confiado a Ben Hammu, veterano dirigente del antiguo Yeicht Taharir o Ejército de Liberación. Inicialmente, la organización retomó este nombre, aunque posteriormente adoptó la denominación de Frente de Liberación y Unidad del Sáhara.
Los reclutas recibían instrucción en el Batallón Meharista de Tantán y, posteriormente, en el campamento de Borch Tafnidilt, próximo al río Draa. Los servicios de información españoles calcularon que el FLU llegó a reunir entre cuatrocientos y quinientos hombres organizados en pequeñas unidades de acción rápida.
El objetivo era claro: infiltrarse en el Sáhara español, atacar puestos militares, sembrar inseguridad entre la población civil y retirarse rápidamente a Marruecos. La finalidad última no era conquistar el territorio, sino crear una sensación de inestabilidad permanente que debilitara la posición española y condicionara el futuro del Sáhara en favor de Marruecos.
Terrorismo y propaganda
La campaña de atentados y acciones armadas comenzó en enero de 1975. El día 22 fue atacado un puesto de control de la Policía Territorial en la carretera de El Aaiún a Smara. Ese mismo día explotaron tres bombas en El Aaiún. Aquellos atentados inauguraron una oleada de violencia que se prolongaría durante meses.
Semanas más tarde, varias granadas de mano fueron lanzadas contra el cuartel de la Policía Territorial durante la retreta. El resultado fue de treinta y seis heridos. Algunos de los detenidos confesaron pertenecer al Frente de Liberación y Unidad.
La organización combinó la acción armada con la propaganda. Sus panfletos aparecieron en puestos fronterizos como Echdeiría, llamando a la lucha contra el supuesto colonialismo español. Al mismo tiempo, Radio Tarfaya difundía mensajes favorables a la incorporación del Sáhara a Marruecos.
Una guerra en la sombra
Los servicios de inteligencia españoles identificaron pronto la implicación directa de las Fuerzas Armadas Reales. Diversas informaciones situaban al coronel Ahmed Dlimi, uno de los hombres de confianza de Hassan II, como responsable de la preparación y coordinación del FLU. Las bases de apoyo estaban situadas en Tantán, Abattih, Meseied y Mosbaa, desde donde operaban grupos encargados de penetrar en el interior del territorio español.
El patrón de actuación era siempre el mismo: ataques rápidos, emboscadas, sabotajes e intentos de presentar las acciones como obra de un movimiento de liberación espontáneo. En realidad, detrás del FLU existían planificación militar, apoyo logístico y una dirección política procedente de Rabat. Se trataba de una forma de guerra indirecta que permitía hostigar a España evitando los riesgos de una confrontación convencional.
Una lección para el presente
La breve historia del Frente de Liberación y Unidad ha quedado eclipsada por la Marcha Verde. Sin embargo, constituye un episodio revelador porque permite comprender los métodos empleados por Marruecos cuando considera que un choque militar abierto no favorece sus intereses.
Las circunstancias de Ceuta en 2026 son muy distintas de las del Sáhara en 1975. Sin embargo, existe un paralelismo difícil de ignorar. Cuando el empleo directo de fuerzas militares resulta demasiado costoso política o diplomáticamente, la utilización de actores irregulares, infiltrados o masas civiles movilizadas puede convertirse en un instrumento de presión especialmente eficaz.
De hecho, el FLU no fue más que una de las herramientas empleadas por Hassan II durante la crisis del Sáhara. Meses después, el monarca recurriría a la Marcha Verde, otra fórmula igualmente destinada a evitar una guerra abierta con España. Aunque presentada como una movilización pacífica de civiles, la operación fue cuidadosamente organizada por el Estado marroquí y estuvo respaldada por el despliegue de fuerzas militares en la retaguardia.
Aunque el concepto de guerra híbrida es posterior, las acciones impulsadas por Marruecos en el Sáhara entre 1974 y 1975 reúnen muchos de sus elementos, al combinar fuerzas irregulares, propaganda, presión diplomática y movilización de población civil para alcanzar objetivos políticos sin una guerra convencional abierta.