25 de septiembre de 2022

Charles Michel, en la reunión  para aprobar un pacto de inversión entre China y la Unión Europea

Charles Michel, en la reunión para aprobar un pacto de inversión entre China y la Unión EuropeaAFP

Unión Europea - Asia

Las «dos Chinas» dividen a Europa

Mientras la China comunista apalanca su influencia en el comercio, la pequeña isla de China-Taiwán apela a los valores democráticos occidentales

En los últimos años, en los productos de origen chino, ya no vemos el tradicional «Made in China». En su lugar, vemos las siglas «PRC» que nos hace pensar que puede ser fabricado en otro país. Estas tres letras, corresponden a las siglas en inglés de «República Popular de China» el nombre oficial de la China continental, la del sistema de partido único.
El partido comunista chino, único autorizado para participar en política, gobierna sobre más de 1.400 millones de habitantes controlando no sólo la vida de ese ingente número de personas, sino también el superávit comercial de más de 440.000 millones de euros que sólo en 2020 logró al comerciar, entre otros, con Estados Unidos y Europa.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando se configuraron los pilares de las actuales relaciones internacionales, se esperaba que el comercio y la cooperación definieran una interdependencia que aseguraran la paz y la seguridad internacional. Sin embargo, la China autocrática de Xi Jinping no duda en hacer uso del poder acumulado por el intercambio comercial para presionar, condicionar e incluso ejercer una especie de extorsión sobre los países que dependen de sus productos y suministros o para los cuales su mercado interior representa un alto potencial de consumo.
Un ejemplo de esta agresiva política exterior son las represalias contra Australia, que ha sufrido el bloqueo de sus exportaciones a China de carbón, vino y carne después de que el primer ministro australiano, Scott Morrison, pidiera ante Naciones Unidas una investigación internacional sobre los orígenes del COVID-19 para minimizar la amenaza de otra pandemia global.
Más recientemente los cañones se han enfilado contra Lituania, por estrechar lazos con China-Taiwán. Como resultado, el régimen chino llamó a consulta a su embajador en Vilna y expulsó al embajador lituano. Pero Lituania se ha mantenido en su posición y «está decidida a buscar lazos de beneficio mutuo con Taiwán, como lo hacen muchos otros países de la Unión Europea y el resto del mundo».
El paso dado por el gobierno de Lituania no es el único en Europa para apoyar directa o indirectamente a la pequeña isla –de poco más de 35.000 km2– que Pekín acusa de secesionismo y amenaza constantemente con anexionar por la fuerza si es necesario.

Taiwán: poderío fuera de la ONU

La República de China o más conocida internacionalmente como China Taipéi o simplemente Taiwán, fue el refugio del gobierno chino dominado por el Partido Nacionalista chino que perdió la guerra civil en diciembre de 1949 ante el ejército rojo del Partido Comunista. Hoy es el hogar de más de 32 millones de habitantes, posicionándola entre los estados más densamente poblados del planeta.
Taipéi, su moderna capital, es actualmente la sede de un sistema político de corte liberal, con diversidad de partidos y amplias libertades que le han permitido convertirse en un referente tecnológico a nivel mundial y la economía más grande que no es miembro oficial de Naciones Unidas.

Europa ante la encrucijada

El «principio de una (sola) China», impuesto por el partido comunista a la comunidad internacional en contra de Taiwán, intenta invisibilizarla y aislarla del mundo. Ese principio exige escoger si comerciar con la China de los precios bajos a cambio de no reconocer las aspiraciones democráticas de la pequeña pero altamente tecnologizada nación asiática. Sin embargo, la reciente aprobación de un informe del Comité de Relaciones Exteriores del Parlamento Europeo podría romper el cerco que se ha impuesto sobre Taiwán.
Dicho informe recomienda a las máximas autoridades europeas las macrolíneas de la relación política y de cooperación entre la Unión Europea y Taiwán. Cuestión que, aunque no rompe directamente el principio de una sola China, ya ha irritado a la misión diplomática de la china comunista ante la Unión Europea, que ha afirmado que «estos movimientos superan con mucho el alcance de la cooperación económica y comercial no oficial y los intercambios culturales entre la UE, sus estados miembros y Taiwán, constituyendo graves violaciones del principio de «Una China» y socavan la confianza mutua y la cooperación entre China y la UE. Expresamos nuestra fuerte oposición a esto».
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán ha dado la bienvenida al reporte y manifestado su gratitud al Parlamento Europeo, asegurando que «Taiwán y la UE son socios con ideas afines, que comparten los valores fundamentales de la democracia, la libertad, los derechos humanos y el estado de derecho». Así mismo, hace especial mención al acuerdo Taiwán-Lituania sobre el establecimiento mutuo de oficinas de representación «como miembros de la comunidad democrática que se oponen a la intimidación autoritaria». Finaliza categóricamente que «Taiwán no retrocederá ante las amenazas».

Lituania pide reducir la dependencia de China

Gabrielius Landsbergis, ministro de Relaciones Exteriores de Lituania, expresó recientemente durante un debate sobre las relaciones de la Unión Europea con China que «es necesario realizar una evaluación estratégica de las relaciones con China. Las agendas de los estados miembros individuales hacia China no fortalecen la agenda de la Unión Europea. Si actuamos por nuestra cuenta y abandonamos el formato EU27, perderemos en muchos frentes».
Landsbergis enfatizó que la Unión Europea debe «fortalecer su resiliencia económica, reducir la dependencia del comercio chino y adoptar inmediatamente el instrumento anti-coerción de la UE». De esta forma, Lituania se vuelve punta de lanza y abre el debate de un tema, hasta ahora convenientemente obviado.

Polonia, el mayor donante europeo de vacunas a Taiwán

Hay señales positivas desde otros países europeos para la causa de Taiwán. El gobierno polaco por su parte, «como gesto de solidaridad ante la escasez de vacunas y los riesgos que plantean las nuevas variantes del coronavirus», ha prometido entregar más de 400.000 dosis de la vacuna AstraZeneca a Taiwán. Esto convertiría a Polonia en el tercer mayor donante de vacunas de Taiwán, después de Estados Unidos y Japón.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de Polonia la iniciativa «es otro ejemplo reciente de la estrecha cooperación entre Polonia y Taiwán frente a desafíos difíciles». Al mismo tiempo, tal cooperación resulta un claro desafío a la restrictiva política de «una sola China» que el régimen de Pekín intenta mantener e imponer a todos los países del mundo. 

Xi Jinping con las «Llaves de Madrid»

Pero no todos en Europa le han plantado cara a la imposición del régimen comunista de China. Motivado por afinidad ideológica o por simple pragmatismo económico, se asume con silencio el bloqueo del derecho a la libertad y la democracia de los más de 23 millones de taiwaneses, las violaciones de los derechos humanos de la minoría uigur en el norte de China continental denunciada por Naciones Unidas, así como los derechos laborales y sindicales de miles de operarios chinos que son la base de los competitivos precios de los productos «Made en PRC».

A pesar de todo esto, Xi Jinping, presidente impuesto por el sistema de partido único, fue recibido en 2018 con todos los honores de un gobernante democrático en España. En la primera visita de Estado de un presidente chino a España en trece años, se firmó una veintena de acuerdos que según La Moncloa demuestran que entre Sánchez y Xi Jinping hay una «sintonía en su visión del comercio global bajo normas establecidas y la defensa del multilateralismo».

Pero lo más llamativo fue lo que sucedió en Madrid capital, donde la anterior alcaldesa Manuela Carmena le hizo entrega de la «Llave de Oro de la Ciudad», justificando tal honor por «la activa y vibrante comunidad china residente en Madrid», que constituye el segundo colectivo de extranjeros más numeroso (el 8,5 %), con 37.276 personas censadas a julio 2018.

Los próximos meses y años son claves para ver si la posición europea recae hacia el lado del dinero o los valores. Y mientras el ejército rojo no invada Taiwán, los consumidores europeos pueden ayudar a inclinar la balanza en la medida en que son conscientes de que, al optar por el precio bajo, ayudan a sustentar a un sistema totalitario y un modelo explotador de su mano de obra, que aspira a exportarlo a todo el mundo. 
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