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Samuel Rappylee Bateman, líder de una secta polígama

Samuel Rappylee Bateman, líder de una secta polígama

EE.UU.

Samuel Rappylee Bateman, líder de una secta polígama, acusado de tener 20 mujeres, entre ellas su hija de 9 años

También explotaba sexualmente a las mujeres y lo hacía en el nombre de Dios

El FBI ha detenido en Arizona (Estados Unidos) al presunto líder de una secta polígama casado con 20 mujeres, en su mayoría menores de 15 años, a las que también explotaba sexualmente. Una de ellas, con 9 años, podría ser su hija.

El sospechoso, Samuel Rappylee Bateman, así como sus cómplices, están acusados de participar en actividades sexuales delictivas. A Bateman, de 46 años, también se le imputan cargos de pedofilia.

El tráfico sexual se llevaba a cabo a través de las fronteras estatales en un tráiler. Allí, obligaba a las mujeres a usar un cubo como inodoro improvisado, mientras que el autoproclamado profeta conducía dos Bentley.

Al parecer, Bateman era miembro de la Iglesia fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, un grupo mormón de Estados Unidos.

«Bateman supuestamente tiene 'impresiones de la voluntad del Padre Celestial' para alentar a sus seguidores, incluidos los menores, a participar en actos sexuales y confía en esa sumisión para hacer su propia voluntad», según se desprende de la investigación que ha realizado el FBI.

En un ritual que se conocía como Unión de hermanos se realizan actos sexuales en grupo. Supuestamente, en esas ceremonias el líder de la secta solía tener relaciones sexuales con las esposas de sus seguidores masculinos, mientras otros hombres y niñas menores de edad observaban.

En una de las grabaciones que ha entregado la policía, correspondiente al 1 de noviembre de 2021, se recoge que una de las niñas que participaba en estas orgías tenía solo 12 años. Bateman afirmó que el Padre Celestial le dijo que «entregue lo más preciado que tiene: la virginidad de sus niñas» a tres de sus seguidores varones.

En los audios se escucha a las niñas que lloran y se quejan de que sienten dolor durante el acto sexual. Bateman alude a que «Dios arreglará sus cuerpos y volverá a colocar el himen en su sitio».

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