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19 de junio de 2024

Aquilino Cayuela
Aquilino Cayuela

Irán, una amenaza en la sombra

La invasión rusa de Ucrania ha jugado a favor de la República Islámica, haciendo que Moscú estreche su relación Teherán y dependa militarmente del régimen de los ayatolás

Actualizada 04:30

Una valla publicitaria gigante con una imagen del misil hipersónico 'Fattah', en Teherán

Una valla publicitaria gigante con una imagen del misil hipersónico 'Fattah', en TeheránAFP

En marzo de 2022 y de nuevo en septiembre del año pasado, Teherán se negó a restablecer el pacto, conocido como Plan Integral de Acción Conjunta («Joint Comprehensive Plan of Action», JCPOA) y en su lugar hizo nuevas demandas que probablemente sabía que los gobiernos occidentales no podían aceptar.

Desde entonces, Irán ha reprimido con dureza las protestas antigubernamentales desatadas en su país y ha proporcionado ayuda militar a Rusia, minando todo el entusiasmo que quedaba por restaurar el Plan JCPOA por parte de Estados Unidos: «Está muerto», declaró finalmente el presidente Joe Biden en noviembre de 2022.

Mientras las negociaciones se tambaleaban, el programa nuclear iraní avanzaba sin precedentes y de modo irreversible. Especialmente en los últimos dos años, Irán ha alcanzado importantes hitos nucleares. Ha almacenado cientos de kilos de uranio altamente enriquecido e instalado miles de centrifugadoras avanzadas. Irán podría producir su primera bomba de uranio apto para armamento en cuestión de muy poco tiempo y disponer de material para bombas posteriores poco después.

En los últimos meses, Irán no ha pagado casi ningún precio por estos avances nucleares. Al contrario, su posición geopolítica ha mejorado. Ha estrechado lazos con China y Rusia al tiempo que normalizaba las relaciones con algunos de sus vecinos, incluido su rival regional Arabia Saudí.

Los vientos geopolíticos cambiantes han afianzado la posición de Irán frente a cualquier tipo de acuerdo. Los analistas más optimistas creen que aún es probable que China y Rusia continúen oponiéndose a que Irán disponga de un arma nuclear pero lo cierto es que los días en los que China y Rusia trabajaban con los demás miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania para contener a Irán, han pasado.

Rusia ha proporcionado a Irán apoyo político, dinero en efectivo y tecnología

La invasión rusa de Ucrania también ha jugado a favor de Irán, haciendo que Moscú estreche su relación con Irán y dependa militarmente del régimen de Teherán. A cambio de cientos de drones iraníes y cargamentos de munición, Rusia ha proporcionado a Irán apoyo político, dinero en efectivo y tecnología. También está considerando la posibilidad de transferir a Irán armamento avanzado, como aviones de combate y tecnología de misiles. El hecho de que Rusia esté aislada por Occidente no hace sino aumentar sus vínculos con Teherán.

En este marco la Administración Biden ha renunciado a reactivar el JCPOA, también ha evitado pasar al plan propuesto por analistas y funcionarios israelíes de aumentar la presión económica, política y militar sobre Teherán.

Ahora EE. UU. parece haber optado por un intento de impedir una bomba nuclear iraní y con la otra mano evitar la arriesgada escalada que podría suponer un aumento de la presión. Por eso sostiene una solución diplomática con la esperanza de que las condiciones mejoren para propiciar un nuevo acuerdo que sustituya al JCPOA.

Pero este plan ambivalente de Biden presenta graves inconvenientes: Irán podrá seguir desarrollando su programa nuclear mientras se libra de su aislamiento económico y político. Una estrategia que corre el riesgo de situar el estatus de Irán en el umbral nuclear. En consecuencia, Estados Unidos y otros países interesados deberían redoblar sus esfuerzos para impedir que Irán dé pasos clave en su camino hacia un arma nuclear.

Este enfoque es el único que permite evitar los peores escenarios posibles de un Irán con armas nucleares y una inevitable guerra en Oriente Medio.

La adopción de esta postura ambivalente por parte de la administración Biden refleja su deseo de evitar en breve una crisis que abra un nuevo frente más allá de Ucrania y la tensión de Taiwán. También refleja el hecho de que un acuerdo que revierta los avances nucleares de Irán y le imponga límites estrictos se hace cada vez más difícil de alcanzar.

Por eso la «desescalada» ha sido la más reciente consigna de la política estadounidense hacia Irán. En la práctica, esto se ha traducido en una aplicación laxa de las sanciones petroleras impuestas por Estados Unidos a la República Islámica y en respuestas moderadas a los ataques contra las fuerzas estadounidenses en Siria e Irak por parte de las franquicias iraníes es estos territorios en conflicto.

Estados Unidos también acordó renunciar a censurar a Teherán en una reunión de marzo pasado de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica, después de que se revelara que Irán había producido un 84 % de material enriquecido, justo por debajo del nivel típico del 90 % de uranio apto para armas, pero lo suficientemente alto como para ser utilizado en una bomba si se produce en cantidades suficientes.

Además, se ha permitido a Irán acceder indirectamente a algunos de sus fondos congelados en Irak, mientras que Teherán ha permitido un pequeño pero insuficiente aumento de la vigilancia internacional de su programa.

El JCPOA nunca fue popular en el Congreso de EE. UU., pero la Administración Biden estaba dispuesta inicialmente a dar un golpe para revivir el acuerdo. Sin embargo, las circunstancias han cambiado. Es difícil para la administración pedir al Congreso que apoye un acuerdo nuclear que inevitablemente beneficiaría al principal proveedor militar de Moscú.

Irán es una amenaza en la sombra que puede desencadenar un ciclo de escalada enormemente grave

La actual postura de Biden podría salir mal. Irán podría empezar a acumular uranio apto para armamento, porque cree que Estados Unidos no responderá a una provocación de ese tipo. Solo Israel torpedea continuamente el programa nuclear iraní con medios explícitos y encubiertos.

Irán es una amenaza en la sombra que puede desencadenar un ciclo de escalada enormemente grave para un ya desmembrado orden mundial.

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