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Olaf Scholz en su última intervención en el Bundestag

Olaf Scholz en su última intervención en el BundestagAFP

Scholz despide su mandato con un discurso en el que evita hacer balance de su legislatura

Scholz intentó trazar una línea roja frente a AfD, asegurando que «nunca, repito, nunca haremos nada con la extrema derecha»

El último discurso de Olaf Scholz como canciller alemán en el Bundestag tuvo el tono de un epílogo sin gloria. Sin hacer balance de su gestión ni reconocer los errores que han llevado a su coalición semáforo al colapso, Scholz se aferró a un último mensaje de resistencia: la defensa de Europa y la promesa de que el centro político alemán se mantendría fuerte.

«Conmigo el centro de la política alemana siempre será fuerte», aseguró. Apeló a la unidad europea frente a la vuelta de Donald Trump y criticó a la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) —gran favorita en las elecciones de la semana que viene— por endurecer su discurso migratorio. Sin embargo, el elefante en la habitación de Scholz no es con quien pacte o deje de pactar Friedrich Merz, sino que su gobierno perdió el rumbo, generando un descontento ciudadano que ha impulsado al partido Alternativa para Alemania (AfD).

Scholz intentó trazar una línea roja frente a AfD, asegurando que «nunca, repito, nunca haremos nada con la extrema derecha». Pero la frase más significativa de su discurso no fue una promesa de futuro, sino una resignada constatación de la realidad: «El viento viene del frente, y esto no va a cambiar en los próximos años». Una declaración que, más que inspirar confianza, confirmaba la debilidad de su gobierno y su incapacidad de revertir la tendencia.

La sombra de la AfD

El canciller saliente no mencionó la crisis económica, el aumento del desempleo ni la falta de avances en defensa y energía. Su discurso evitó el balance de gestión y se concentró en advertir contra el ascenso de la «extrema derecha». Pero si AfD ha pasado del 10 % al 20 % en intención de voto, no ha sido por el carisma de sus líderes, sino por la desilusión con la política tradicional.

Mientras Scholz abandonaba la sala del Bundestag sin quedarse a escuchar las respuestas de sus rivales, Friedrich Merz lo despedía con una acusación demoledora: «Si AfD ha doblado su apoyo es consecuencia de la política errática y en las nubes de su coalición».

Su discurso no fue el de un canciller que lucha por la reelección, sino el de alguien que sabe que su tiempo se ha agotado. Y en la Alemania que deja atrás, el centro político que prometió mantener fuerte nunca ha estado tan débil.

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