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Carmen de Carlos
AnálisisCarmen de Carlos

París ya no vale una misa: Europa pierde la ocasión de demostrar a EE.UU. qué puede hacer por Ucrania

A estas alturas de la guerra y de la presunta paz que negocian Trump y Putin, Europa sigue sin lograr alcanzar protagonismo por méritos propios y sólo llega a exponer sus diferencias

Act. 19 feb. 2025 - 09:45

al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron

al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Francia, Emmanuel MacronAFP

La guerra continúa y Europa organiza citas que no conducen a ningún lado. La Unión Europea descubrió en París que el líder del bloque dispuesto a mandar tropas a Ucrania es el que se fue, pero está: Reino Unido con Keir Starmer. El anfitrión de una mini cumbre o cumbre de los que juegan a ser los grandes del Viejo Continente, al menos tomó la decisión de abrir las puertas de su casa y tras despedir a su decena de invitados, anunció que sí, que Francia también podría mandar a sus soldados a Ucrania..., pero siempre y cuando haya un acuerdo de paz que satisfaga, compense o no decepcione demasiado a Volodimir Zelenski.

La reunión «informal» de París terminó sin un papel que llevarse a la vista o a la boca con la firma de todos. Ursula von der Leyen y António Costa se supone que representaban a la UE como bloque, la danesa Mette Frederiksen a los países bálticos y el secretario general de la OTAN, el neerlandés Mark Rutte, a la Alianza Atlántica. El resto de los europeos, que forman ese club que ha quedado trasnochado y sin poder de fuego real que es la UE, fueron marginados. En buena medida, se trata de los vecinos de la Rusia que a estas horas siente que Vladimir Putin, cada día, se parece más a un emperador con bula para matar e invadir territorios ajenos, con el beneplácito y las garantías de impunidad de Washington.

De todos los países apartados o arrinconados en París destaca Hungría con Viktor Orbán. La afinidad del primer ministro, que jaleó a las masas en Madrid en la cumbre de «Patriots», con Putin, le ha dejado fuera de juego o de la mesa donde almorzaron y cenaron, además de los mencionados, el polaco Donald Tusk, el alemán que el domingo se la juega (y parece que pierde) en las urnas, Olaf Scholz , el primer ministro neerlandés, Dick Schoof, la italiana Giorgia Meloni (la última en llegar y en marcharse) y… Pedro Sánchez, que no quiere ni quería saber nada de meterse la mano en el bolsillo si se trata de buscar dinero para aumentar el presupuesto de Defensa. Quiere que pague Bruselas.

Juntos y revueltos, cada cual salió del Elíseo con su discurso propio y ninguno común que pueda servir de algo a Ucrania. A estas alturas de la guerra y de la presunta paz que negocian Trump y Putin, Europa sigue sin lograr alcanzar protagonismo por méritos propios y sólo llega a exponer sus diferencias. La nueva Administración estadounidense, en un gesto poco reconocido, envió un documento a los europeos donde les preguntaba qué estarían dispuestos a hacer por Ucrania y que necesitarían de Estados Unidos ahora y una vez que la paz sea una realidad. Aún no hay respuesta.

En paralelo, Washington ha elegido conversar primero con el invasor y dejar en segundo plano al invadido y en el último a Europa para que, como dijo Trump, «ellos se ocupen de la seguridad» del día después. El derecho al pataleo de todos los que fueron a París es comprensible, pero directamente proporcional al que deben sentir Orbán y el resto que se tuvieron que quedar en su casa.

De poco sirve hacerse los ofendidos si el reproche no viene acompañado de gestos contundentes (de lo poco que le queda a Europa). El paso adelante de Macron fue algo que, a afectos prácticos, ha significado nada. Actuar como un socio adulto y comprometido hubiera sido lo deseable. Hacerlo les habría obligado a responderse entre ellos, como hizo Starmer , ¿qué están dispuestos a hacer por Ucrania? ¿Hasta dónde podrían y quieren llegar?

Probablemente tampoco el escenario debió ser el Palacio del Elíseo, donde se supone que corrió el champán y a lo mejor hasta las ostras llevadas de La Coupole. El lugar de esa mini cumbre informal, quizás, sólo quizás, debió ser Kiev, el genuino objeto de deseo de Putin y donde apuntan los misiles. Pero eso, posiblemente, sea mucho pedir para unos socios que a la hora de la verdad lo son a medias.

Mientras tanto y a pesar de Trump, parece que la guerra va todavía para largo.

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