La izquierda alemana esconde la agenda woke durante la campaña electoral ante el auge conservador
La desilusión y el pesimismo ante la situación económica y la inseguridad ciudadana impulsan a los alemanes a buscar un cambio
Friedrich Merz candidato de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y Alice Weidel de la AfD
El hundimiento del gobierno progresista de Scholz se ha debido, fundamentalmente, a que ha llevado a los ciudadanos a la desilusión y el pesimismo. Algo que se agrava en pleno invierno, cuando la calefacción es tan necesaria y el coste de la energía y de la vida aumenta exponencialmente desde la crisis de Ucrania.
La crisis económica entra en su tercer año de recesión y se nota. La inseguridad y el miedo crece entre la población. La amplia clase media padece un prolongado malestar.
Los sondeos dan la victoria al candidato conservador, Friedrich Merz, pero necesitará un socio para gobernar. Todos quieren descartar una alianza con la derecha nacionalista de AfD, sin embargo, los votantes conservadores no desean en absoluto una alianza con los socialdemócratas y menos con los Verdes, dado que el partido Liberal puede quedar fuera del parlamento.
Por eso es difícil de predecir con quién formará el próximo Gobierno Merz, si gana.
La historia tiene su peso y el temor a repetir situaciones de los años 30 flota en el inconsciente colectivo. Hay que añadir, además, el cambio de orden mundial que están anticipando Donald Trump y su vicepresidente J. D. Vance, cuyas palabra han tenido fuerte eco en Alemania, durante su estancia en Múnich. También el cambio de rumbo de la política norteamericana respecto a Ucrania pone a Europa en una tensa situación.
El canciller alemán Olaf Scholz durante un discurso en la Cancillería, Berlín
Los alemanes acudirán el domingo a las urnas para elegir su parlamento y su gobierno federal. En esta campaña el cambio climático y otras cuestiones ideológicas de la agenda woke fomentadas durante años en las escuelas alemanas han dejado de ser un tema, han desaparecido. Ni los Verdes hacen mención. Por encima de todo es la economía lo que más preocupa a los alemanes, a la par que la seguridad interior asociada al problema migratorio. Pensándolo bien es lo que nos preocupa a todos los europeos.
Christian Traxler, catedrático de Economía en la Hertie School de Berlín, experto en economía pública y del comportamiento, declara que será tarea del próximo gobierno hacer recuperar el optimismo y la ilusión a la población tras un prolongado malestar.
Muchas encuestas documentan que la gente juzga su propio bienestar económico personal de forma bastante positiva, pero, al mismo tiempo, la situación económica general del país se percibe como muy negativa: «El estado de ánimo de la población parece ser mucho peor que la situación real». Este sentimiento es un viento favorable a los partidos conservadores, que prometen la recuperación económica.
Por eso este profesor de economía argumenta que: «la principal tarea del próximo gobierno será gestionar un cambio de tendencia, para que la economía alemana vuelva a crecer».
«Es imprescindible recobrar la confianza» para que «consumidores optimistas estén más dispuestos a gastar su dinero. La demanda interna será mucho más importante para la prosperidad económica de Alemania de lo que solía ser en el pasado».
«Un mundo marcado por conflictos internacionales y guerras comerciales significa que la historia de éxito de Alemania impulsada por las exportaciones está actualmente (ejemplifica Traxler) sentada en el banquillo».
Por un lado, los partidos de centro y derecha (CDU/CSU, FDP y AfD) quieren reducir los impuestos sobre la renta y de sociedades para estimular la actividad económica. Las propuestas implican que la reducción del impuesto sobre la renta beneficiaría principalmente al diez por ciento de los contribuyentes con mayores ingresos.
El centro y la extrema izquierda, por otro lado, el SPD, los Verdes y La Izquierda, proponen reformas del impuesto sobre la renta que tienen como objetivo principal lograr una mayor redistribución. Eso significa una mayor carga fiscal para la clase media.
Un resultado previsible de las elecciones sería una coalición de la CDU/CSU con el SPD y el Partido Verde. Esto supone unos puntos de vista muy diferentes sobre las reformas fiscales. Como se ha señalado anteriormente, creo que una tarea clave para el próximo gobierno alemán será crear más optimismo. Es difícil ver cómo funcionará esto si las conversaciones de coalición comienzan con una lucha por puntos de vista contradictorios sobre las reformas fiscales.
Un posible resultado es que, debido a las limitaciones fiscales, entre otras cosas, no vean los alemanes ninguna reforma importante del impuesto sobre la renta.
Otro gran problema en la economía alemana afecta a la industria del automóvil, la apertura tecnológica, aceptar el fin del motor de combustión y acelerar la transición hacia los coches eléctricos es un reto para la economía alemana y, en general, para Europa.
Otro experto, Heiko Giebler, del Centro para Investigaciones Sociales de Berlín encuentra que en estas elecciones «es más difícil de predecir que nunca, lo que pase» incluso afirma que aunque «Merz hasta ahora ha afirmado tajantemente que no cooperará con Alternativa para Alemania (AfD)» teme que esa alianza se pueda terminar produciendo porque «hay voces conservadoras que han mostrado disposición a negociar tras las elecciones la asunción de más deuda si sus potenciales socios aceptan sus planes en materia migratoria», pero hay otra razón sustancial en la que coinciden ambos expertos y es que: «las recetas del bloque conservador, por un lado, y de socialdemócratas y verdes, por el otro, son antagónicas».
A esto se añade otra cuestión relevante, hablemos claro, y es que la voluntad de los votantes que sumarían una gran mayoría es tener un gobierno de derechas. ¿Podrán los alemanas recobrar la confianza?