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CrónicaLuis García CasasBerlín

Friedrich Merz asume como canciller con el desafío de hacer grande Alemania otra vez

El nuevo Gobierno tendrá, entre otros retos: la reforma del sistema de ayudas sociales, de las pensiones, la mejora de las infraestructuras, la digitalización, el relanzamiento de la economía o la modernización del Ejército y el fortalecimiento de la industria armamentística

Friedrich Merz, ganador de las elecciones en Alemania

Friedrich Merz, ganador de las elecciones en AlemaniaAFP

«Si soy elegido y se confirma a los miembros del Gabinete, tendrán un gobierno decidido a hacer avanzar a Alemania mediante reformas e inversiones», declaró Friedrich Merz antes de la firma final del acuerdo de coalición entre su formación, la CDU/CSU (Unión Cristiano Demócratas y Unión Social Cristiana), ganadora de las elecciones, y sus socios de gobierno, los socialdemócratas del SPD.

Con la firma del acuerdo y el anuncio previo por parte de la SPD (Partido Socialdemócrata) de los ministros que, por su parte, van a conformar el nuevo gabinete del Gobierno alemán (después de que a finales de abril CDU y CSU anunciaran los suyos), todo parece indicar que la votación de investidura en el Bundestag se producirá sin sorpresas y que Friedrich Merz, abogado mercantil casado con una juez de distrito, efectivamente, será nombrado nuevo canciller alemán.

«Aquí está ya todo en cajas»

El canciller saliente, Olaf Scholz, que ni siquiera quiso participar en las negociaciones para la actual coalición de gobierno ni postularse para continuar al frente de algún ministerio, asume también que no habrá sorpresas. En su última rueda de prensa como portavoz de la Cancillería, Steffen Hebestreit resumió gráficamente cómo está ya todo preparado para la llegada del nuevo inquilino: «Aquí está ya todo en cajas».

Hasta Scholz votará a favor de la investidura de Merz

«Estoy seguro de que, si mañana [por hoy] todo discurre como esperamos, el nuevo canciller federal va a poder instalarse en una oficina muy ordenada», bromeó Hebestreit. El portavoz adelantó incluso que hasta Scholz votará a favor de la investidura de Merz. «No creo que esto sea algo muy habitual en la historia de la República Federal», valoró. Y definió al canciller saliente como alguien «muy ordenado» y «en paz consigo mismo».

Las aspiraciones de Merz a la Cancillería vienen de muy atrás. A sus 69 años, de hecho, era el candidato a canciller de más edad en presentarse a unas elecciones en más de cinco décadas. Ya lo intentó hace años disputándole a Angela Merkel el liderazgo de la CDU, algo que sólo consiguió en 2022 después de que ella dejara la presidencia del partido en 2018 y, además, al tercer intento.

La larga presencia de Merkel en la Cancillería propició un paréntesis en la carrera política de Merz, que había entrado en el Bundestag como diputado en 1994. En 2009 dejó el escaño e hizo carrera en la gestión de fondos de inversión, llegando a dirigir Blackrock en Alemania. Con la retirada de Merkel de la dirección del partido y el descalabro electoral en las elecciones federales de 2021, sus aspiraciones políticas vieron una nueva posibilidad.

Gobierno de coalición en Alemania

Giro a la derecha en la CDU

Desde la dirección del partido, Merz siguió el consejo bíblico y echó las redes a la derecha de la barca para pescar más votantes. Así, reorientó hacia posturas más conservadoras a la CDU: adoptó un discurso más restrictivo en cuanto a migración y propuso una visión más liberal de la economía, con bajadas de impuestos, por supuesto, incluidas.

Simplificar la declaración de la renta para que pueda caber en un posavasos

Esto no extrañó a nadie, puesto que todavía se le recordaba por haber propuesto, cuando todavía era diputado, simplificar la declaración de la renta para que pudiera caber en un posavasos (que es donde tradicionalmente los camareros anotan la cuenta en las cervecerías alemanas). Más de veinte años después, sigue siendo la principal preocupación de Merz, que durante la campaña calificó de «precaria» la situación económica de Alemania.

En un contexto de competencia creciente por parte de AfD (Alternativa por Alemania) a la derecha del partido y de sangría de votos en el SPD, desgastado por una legislatura complicada, la estrategia del giro a la derecha resultó exitosa y la CDU se acabó imponiendo en las últimas elecciones. La necesidad de pactar con el SPD una reedición de la «gran coalición» entre cristiano demócratas y socialdemócratas (la conocida en Alemania como «KroKo»), limitará, eso sí, el alcance de la reforma fiscal que pretendía Merz.

Trump y los aranceles

Internamente, el nuevo Gobierno, con él como canciller al frente, tendrá que afrontar multitud de retos: la reforma del sistema de ayudas sociales, de las pensiones, la mejora de las infraestructuras, la digitalización, acabar con el estancamiento de la economía o la modernización del Ejército y el fortalecimiento de la industria armamentística son sólo algunos de ellos.

En el plano internacional, con un panorama geoestratégico agitado por el movimiento de diversas piezas en zonas clave del tablero, la situación no es mucho mejor. Ucrania, Siria o Gaza son sólo algunas de las crisis abiertas que afectan directa o indirectamente a Alemania. Por no mencionar la crisis arancelaria iniciada por Donald Trump, que amenaza especialmente a una economía alemana muy volcada en las exportaciones.

Que el principal partido de la oposición, la AfD, haya sido clasificado por la Oficina para la Defensa de la Constitución (servicio de Inteligencia de Interior) como de «extrema derecha», añade más incertidumbre a la legislatura. Ese paso abre la puerta a una eventual, aunque poco probable actualmente, ilegalización del partido.

Si era de esperar una dura oposición de la AfD en el Bundestag con la esperanza de un asalto al poder en las próximas elecciones dentro de cuatro años, está claro que esto va a polarizar todavía más el panorama político interno.

En 2020, el entonces todavía candidato a presidir la CDU (Unión Cristiano Demócrata), admirador del liberalismo económico estadounidense, dijo sobre Trump: «Nos llevaríamos bien». Esa es sólo una de las incógnitas que está por ver.

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