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Tanque ucraniano

Un tanque ucraniano toma posiciones en LuganskAFP

Muertos en la guerra de Ucrania: verdades, mentiras y cifras que enfrentan a ambos bandos

Las cifras de muertos en la guerra de Ucrania se han convertido en un campo de batalla más, manipuladas y usadas como propaganda por ambos bandos

Contar muertos en guerra nunca ha sido tarea fácil. En Ucrania, además, es parte del frente. Las cifras se dan, se niegan, se manipulan y se esconden con igual intensidad por ambos bandos. El número de caídos se ha convertido en un arma más del conflicto, que sirve para sostener relatos, alimentar moral y justificar decisiones. Pero también para ocultar errores y fracasos.

Desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala en febrero de 2022, las bajas humanas se han convertido en uno de los aspectos más opacos del conflicto. En un frente de más de mil kilómetros, con zonas ocupadas por Moscú, áreas inaccesibles para la prensa y una censura creciente tanto en Rusia como en Ucrania, saber cuántas personas han muerto realmente es casi imposible. Aun así, las cifras, aunque parciales y contradictorias, ofrecen una fotografía cruda del desgaste de ambos ejércitos y del precio que están pagando sus sociedades.

La ONU, que lleva un recuento parcial y solo en zonas bajo control ucraniano o con acceso confirmado, había verificado hasta abril de 2025 la muerte de 13.993 civiles, incluyendo más de 560 niños. Pero el propio organismo reconoce que la cifra real es «considerablemente más alta». No se sabe cuántos civiles han muerto en ciudades como Mariúpol, Severodonetsk o Bajmut bajo ocupación rusa prolongada. En muchos casos, simplemente no hay datos. Ucrania, por su parte, asegura que Rusia mantiene al menos 14.000 civiles ucranianos como prisioneros o detenidos en campos. La mayoría, en algún punto, habrían pasado por filtraciones forzadas o han sido dados por desaparecidos.

En territorio ruso, las cifras civiles son aún más borrosas. Moscú apenas reconoce la muerte de unos pocos cientos de civiles en ataques ucranianos con drones, misiles o incursiones transfronterizas. Pero según medios independientes como Mediazona y fuentes del gobierno ucraniano, más de 600 civiles rusos han muerto desde 2022 en incidentes relacionados con el conflicto. El Kremlin, sin embargo, sigue sin admitir públicamente que haya un frente activo dentro de sus propias fronteras.

En el plano militar, las cifras ya entran en el terreno del vértigo. Ucrania afirma haber infligido más de 800.000 bajas a las fuerzas rusas desde el inicio de la invasión, aunque no distingue claramente entre muertos y heridos. Algunas estimaciones británicas van incluso más allá: el Ministerio de Defensa del Reino Unido cifra en hasta un millón las bajas rusas acumuladas, lo que incluiría heridos graves, soldados incapacitados y desaparecidos.

Un militar ruso camina el pasado martes cerca de un edificio de apartamentos destruido en Severodonetsk, región de Lugansk, Ucrania.

Un militar ruso camina cerca de un edificio de apartamentos destruido en Severodonetsk, región de Lugansk, Ucrania.Efe

Rusia, en cambio, asegura que Ucrania ha perdido más de 400.000 soldados, de los cuales cerca de 100.000 habrían muerto. No aporta pruebas. Solo en la batalla de Avdivka, Moscú afirmó que las fuerzas ucranianas sufrieron más de 35.000 bajas entre octubre de 2023 y febrero de 2024. Kiev niega esas cifras, pero reconoce que fue una de las batallas más costosas del último año.

En medio del caos informativo, algunos grupos independientes intentan verificar caso por caso. Mediazona, junto con BBC Russian, ha documentado con nombres y apellidos más de 108.000 soldados rusos muertos hasta abril de 2025. Aclaran que solo cuentan aquellos cuya muerte ha sido confirmada públicamente, por lo que la cifra real podría ser el doble. Y no incluye desaparecidos ni prisioneros.

En el lado ucraniano, el proyecto UALosses, también de base abierta, ha registrado más de 70.000 soldados muertos, 65.000 desaparecidos y 6.000 prisioneros confirmados, en muchos casos a través de vídeos publicados por las propias fuerzas rusas. La diferencia, explican, es que mientras Ucrania permite cierto control independiente, en Rusia las fuentes son cada vez más opacas y los familiares, por miedo, apenas denuncian.

El caso de Wagner es otra historia dentro de la historia. El grupo paramilitar que lideró Prigozhin hasta su rebelión de 2023 llegó a reconocer públicamente la muerte de más de 22.000 mercenarios y 40.000 heridos solo en el frente de Bajmut. La mayoría eran exconvictos reclutados en prisiones rusas a cambio de amnistía. Tras la absorción del grupo por el Ministerio de Defensa, se desconoce si esas cifras se siguen contabilizando aparte o se han diluido en la estadística oficial rusa.

También están los combatientes extranjeros. Según informes de inteligencia occidental, más de 1.000 norcoreanos podrían haber sido enviados recientemente a Ucrania para apoyar a las tropas rusas, en tareas de retaguardia y fortificación, pero al menos 600 habrían muerto en bombardeos ucranianos.

Las repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, que llevan combatiendo desde 2014, han sufrido pérdidas masivas desde 2022. Solo Donetsk reconoció en 2023 más de 20.000 muertos, aunque las cifras reales podrían ser aún más altas. Muchos de sus combatientes han sido forzados a alistarse sin entrenamiento adecuado, lo que los convierte en carne de cañón en las ofensivas rusas.

Y mientras tanto, el goteo sigue. Cada día mueren soldados ucranianos y rusos en posiciones que no cambian, bajo artillería, minas o fuego de drones. Pero los gobiernos no quieren hablar de muertos. Hablan de «resistencia», de «defensa», de «operaciones exitosas» o de «progreso táctico». Pero los cementerios siguen creciendo. Solo en Rusia, nuevas secciones militares se han abierto en decenas de regiones, y en Ucrania, las redes sociales se llenan cada semana de funerales, homenajes y banderas dobladas.

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