Argelia nombra al quinto jefe del espionaje interior en apenas seis años
El general Abdelkader Aït Urabi, con buenos antecedentes en materia de Inteligencia, asume el cargo tras haber sido encarcelado durante la era de Buteflika
Abdelmadjid Tebboune, presidente de Argelia
El general Abdelkader Aït Urabi, también conocido como Hasán, es desde el pasado 21 de mayo el nuevo jefe el nuevo jefe de la Dirección General de la Seguridad Interior (DGSI, en sus siglas) de Argelia. El quinto en apenas 6 años. Como suele ser habitual en el opaco régimen del presidente Abelmadjid Tebboune –de quien depende directamente la DGSI–, el nombramiento del general Urabi no fue objeto de ninguna comunicación oficial. Se supo y punto.
Sí que se sabe, en cambio, que su antecesor en el cargo, el general Abdelkader Haddad, conocido a su vez como Nacer El Yinn, estaba en la cuerda floja desde hacía cierto tiempo, prácticamente desde poco después de empezar a asumir sus funciones en 2024. Durar apenas un año, o un poco más, se ha convertido en la dinámica de los jefes de la DGSI durante la era Tebboune, comenzada en 2019.
El general Urabí es el nuevo jefe de inteligencia de Argelia,
Solo uno ha logrado superar los dos años de mandato: el general Abdelghani Racheni –entre abril de 2020 y julio de 2022–, segundo en servir bajo las órdenes de Tebboune y el primero que el actual presidente nombró por iniciativa propia. Al principio de su primer mandato, había heredado de Abdelkader Bensalah, el mandatario interino que sucedió en 2019 al dimisionario Abdelaziz Buteflika, al general Wassini Buazza.
Este último fue destituido en abril de 2020 para después verse sometido a un implacable itinerario judicial iniciado dos meses después con una condena en junio a ocho años de prisión el 23 de junio de ese mismo año por «falsificación y uso de falsificaciones, delitos contra un organismo oficial, posesión de un arma de fuego y munición de tipo IV». Posteriormente, ya en marzo de 2021, el general Buazza recibió una condena de quince años de prisión por «tráfico de influencias, quebrantamiento de las órdenes del ejército, obstrucción a la justicia y enriquecimiento ilícito».
Un tipo de itinerario que también padeció el general Urabi a raíz de su actuación en 2013 poco después del sangriento atentado contra la planta de gas de Tingentourin, en el sur de Argelia, que se saldó con 37 rehenes y 29 terroristas muertos. En aquel momento, la información que llegó a oídos de los servicios argelinos indicaba que se estaba preparando un acuerdo entre traficantes de armas libios y grupos armados islámicos pertenecientes a Al Qaeda del Magreb Islámico.
El general Mohamed Mediene, a la sazón jefe de la DGSI, pidió entonces a Urabi que organizara la operación encaminada a recuperar el arsenal, incluidos los misiles franceses que formaban parte del extinto ejército libio de Muammar Gadafi, y que ya estaban compartiendo varias facciones libias y demás grupos islámicos armados. Obviamente, una misión de este tipo precisaba, para su éxito, la más estricta confidencialidad. Urabi lo entendió e infiltró sus hombres en un grupo rival. También, sin embargo, entraron en la transacción, subieron la apuesta, compraron las armas, liquidaron al grupo y recuperaron el dinero.
El error de Urabi consistió en haber actuado al margen del entonces todopoderoso general Ahmed Gaid Salah, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas entre 2004 y 2019, es decir, durante la mayor parte de la larga era de Buteflika como líder de Argelia. Salah fue, en la práctica, un alter ego del jefe del Estado. Además, celoso de su poder y muy rencoroso. Urabi no iba a escapar a estos rasgos de carácter.
La condena de Urabi fue de cinco años firmes, que cumplió
A Salah no le importó que, dos años después, en 2015, Urabi ya estuviese en la reserva para proceder contra él. La rígida justicia argelina supo escuchar al jefe de Estado Mayor: la condena de Urabi fue de cinco años firmes, que cumplió íntegramente. Hubo de esperar a 2021 para ser rehabilitado y recuperar sus bienes. Poco a poco fue también recuperando la confianza del presidente de Tebboune. Lo mismo pasó con el general Haddad, su predecesor, que también fue acosado por Salah y obligado a exiliarse en España antes de volver a Argelia y ser designado por Tebboune como jefe de la DGSI Hasta su reciente cese.
Por tanto, Urabi sabe que llega a un puesto inestable y movedizo. No es el único: para la Dirección General de la Documentación y Seguridad Exterior, Tebboune ya ha utilizado a siete generales.