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Bombardero rusia

Túpolev Tu-95Kindelán

Así son los bombarderos nucleares de hace 70 años que Rusia usó en su mayor ataque contra Ucrania

Diseñados en plena Guerra Fría, los Tu-95 vuelven a protagonizar una ofensiva masiva con misiles de crucero

Moscú ha vuelto a mirar al pasado para golpear el presente. En uno de los ataques más intensos desde que comenzó la invasión de Ucrania en febrero de 2022, Rusia desplegó diez bombarderos estratégicos Tu-95MSM, una versión modernizada de un modelo diseñado en 1952, para lanzar una ofensiva masiva contra múltiples objetivos ucranianos.

Estos aviones, conocidos como «Bears» por la OTAN, despegaron desde dos bases distintas: seis lo hicieron desde Olenya, una instalación militar en la península rusa de Kola, cerca de Finlandia, y otros cuatro desde la base de Engels, en la región de Saratov. El blanco eran infraestructuras críticas y zonas residenciales en varias regiones del país, incluido Kiev.

Infografía aviones Tu-95MSM

Infografía aviones Tu-95MSMKindelan

Infografía aviones Tu-95MSM

Infografía aviones Tu-95MSMKindelan

El Tupolev Tu-95 es uno de los pocos bombarderos con hélice que todavía siguen en servicio en el mundo. Su primer vuelo tuvo lugar hace más de siete décadas, en plena Guerra Fría. Con cuatro enormes motores turbohélice NK-12 —los más potentes jamás instalados en una aeronave— y hélices contrarrotativas, el Tu-95 puede alcanzar velocidades de hasta 900 km/h, algo inaudito para un avión de hélice.

A pesar de ser una reliquia tecnológica, su longevidad se explica por una serie de actualizaciones implementadas desde 2009. Estas incluyen nuevos motores más eficientes, mejoras en aviónica, sistemas de navegación y, sobre todo, la capacidad de lanzar misiles de crucero de largo alcance como los Kh-101 y su variante nuclear, los Kh-102.

Cada Tu-95MSM puede transportar hasta ocho misiles Kh-101 bajo sus alas. Estos proyectiles, diseñados para evadir radares y dotados de contramedidas electrónicas, tienen un alcance estimado de 3.500 kilómetros, suficiente para alcanzar objetivos como Madrid sin que el avión salga del espacio aéreo ruso.

En esta ofensiva, los misiles fueron lanzados desde gran altitud y recorrieron cientos de kilómetros antes de impactar —o ser interceptados— en suelo ucraniano. La trayectoria registrada por los radares ucranianos muestra que ingresaron por la región de Járkov, sobrevolaron Sumy y Poltava y se dirigieron hacia Kiev.

Según fuentes del Gobierno ucraniano y medios como Military Watch Magazine, buena parte de los misiles y drones —hasta 288— fueron interceptados. Sin embargo, los que lograron superar las defensas dañaron 18 edificios residenciales, cuatro instalaciones industriales y una línea eléctrica clave en Jmelnitski. Doce personas habían muerto ya en bombardeos previos ese mismo fin de semana.

Las autoridades finlandesas denunciaron que los Tu-95 que despegaron desde Olenya habrían violado su espacio aéreo durante el ascenso y la fase inicial de su misión. Aunque Helsinki no especificó la duración de la incursión, el hecho ha generado tensión diplomática, especialmente en el actual contexto de ampliación de la OTAN y la militarización del Ártico.

Los ataques se siguen sucediendo en Ucrania

Los ataques se siguen sucediendo en UcraniaAFP

El Tu-95 sigue siendo parte de la llamada «tríada nuclear» rusa, que combina capacidades ofensivas desde tierra, mar y aire. Pese a su vulnerabilidad frente a sistemas antiaéreos modernos —por su firma radar elevada y su escasa maniobrabilidad—, su gran autonomía y el uso de misiles de largo alcance le permiten operar sin necesidad de entrar en espacio aéreo hostil.

Actualmente, Rusia mantiene en activo unas 48 unidades de Tu-95, de las cuales al menos 12 han sido modernizadas a la versión MSM, como las que participaron en el ataque. Aunque su retirada definitiva está prevista para la década de 2040, el Kremlin planea seguir usándolos como plataforma de lanzamiento para misiles nucleares y convencionales mientras avanza el desarrollo de su bombardero furtivo de nueva generación.

Aunque su imponente presencia recuerda el poderío soviético, varios analistas cuestionan la eficacia real de estos bombarderos en un conflicto moderno. A pesar del uso de misiles sofisticados, su elevado coste operativo y el número limitado de municiones transportadas hacen que su impacto estratégico sea menor que el de otros medios como drones suicidas o misiles balísticos de corto alcance.

Aun así, el Gobierno ruso ha anunciado planes para ampliar la producción de misiles Kh-101 a 600 unidades anuales en 2025, una cifra que evidencia la apuesta por seguir utilizando esta clase de armamento en un conflicto que no muestra señales de terminar pronto.

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