El plantón, o la venganza, de los líderes europeos a Sánchez en la Conferencia de Sevilla
Friedrich Merz excusó su asistencia y se quedó en su país donde no tenía una agenda oficial que justificara el portazo a Sánchez. Lo mismo sucedió con Giorgia Meloni, Keir Starmer...
Pedro Sánchez junto a Antonio Guterres y el resto de los participantes de la IV Conferencia Internacional para la Financiación al Desarrollo
Lo que empieza mal, termina peor y Pedro Sánchez lo sabe o lo sufre estos días en Sevilla. El presidente del Gobierno podría confiar en que la IV Conferencia Internacional para la Financiación al Desarrollo de la ONU convocaría a los principales presidentes y jefes de Gobierno de Europa y del mundo. Tener a los hombres más poderosos –ricos y pobres– en la capital andaluza le devolvería el barniz internacional que terminó de perder en la Cumbre de la OTAN en La Haya frente a Donald Trump y el resto de sus colegas. Pero, una vez más, las cosas no han salido como soñaba.
Global Citizen Now de Sevilla
Sánchez presume de faro de los países en desarrollo pese a no cumplir con la promesa del 0,7 %
Las principales potencias europeas, a excepción de Francia, han dado plantón a Sánchez y a los más de 40 grados que caían a plomo en una de las ciudades más bellas de España. El secretario general del PSOE y anfitrión, con Antonio Guterres, convocó a los aliados con los que hasta hace poco departía como si fueran grandes amigos, pero la invitación para esta cuarta edición de solidaridad y financiación internacional le ha vuelto a mostrar marginado, humillado quizás y lejos de los principales dirigentes europeos. Eso sí, rodeado de los líderes de los países que visitan España con su pliego de peticiones. Dicho de otro modo, de los receptores, de los que vienen a pedir.
Donantes y receptores
Los donantes, los que han dado y darán, –aunque con resistencia y menos fondos–, los de las arcas con recursos, han evitado acompañar a Sánchez –y a la tres veces procesada, Begoña Gómez– en una cita de tres días donde la máxima representación la tiene Úrsula von der Leyen y cuando llegue, Emmanuel Macron.
La primera, como presidenta de la Comisión Europea, estaba obligada a asistir, y el último, con una imagen pésima en su país, está en deuda con Sánchez, recuerda un diplomático español. «Le está devolviendo un favor porque él asistió el mes pasado a la cumbre de los Océanos en Niza. Así, que corresponde que esté».
Macron cumple a pesar del malestar latente que conserva con el jefe del Ejecutivo tras su «actuación» en la cumbre de la Haya. Igual o más intenso que el de Von der Leyen que cruza los dedos para que las negociaciones de los aranceles con Estados Unidos lleguen a buen puerto y Donald Trump no le pase la factura a los 27, de la rebeldía surrealista de Sánchez en La Haya, al afirmar que el 5 % del PIB en defensa, de aquí al 2035, era cosa de todos menos de él.
Merz, Meloni, Starmer y Trump
El canciller de Alemania, Friedrich Merz, excuso también su asistencia y se quedó en su país donde no tenía una agenda oficial que justificará el portazo a Sánchez. Lo mismo sucedió con Giorgia Meloni que ayer tenía, como única actividad, acudir a las seis de la tarde a un homenaje al asesinado por la Cosa Nostra en 1992, el juez Paolo Borsellino.
Las principales economías de Europa le hicieron ver al inquilino de la Moncloa que con ellos, ya no podía contar
Tampoco el primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, ocupado en echarle un cable a Zelenski, se apuntó a la conferencia que ayer quedó totalmente opacada con la decisión del Supremo de ordenar la prisión incondicional a Santos Cerdán por cohecho, organización criminal y tráfico de influencias. En resumen, las principales economías de Europa le hicieron ver al inquilino de la Moncloa que con ellos ya no podía contar.
El mismo mensaje, pero sin diplomacia de por medio, le llegó, como era previsible, a la Moncloa desde Washington. Donald Trump ni se planteó visitar Sevilla y mucho menos después de haberle reprochado su actitud a Sánchez en La Haya y amenazar a España con duplicar los aranceles por la negativa del Gobierno a asumir los compromisos firmados en la declaración conjunta. Es decir, expresar su voluntad de no cumplir ni reconocer lo que había firmado: alcanzar las metas del 5 % de gasto en defensa de aquí al 2035, aunque sea un imposible para todos, incluido Estados Unidos, como recordaba el almirante Garat en El Debate.
Las otras cumbres
Lejos queda aquella imagen de la primera edición de esta Conferencia Internacional para la Financiación al Desarrollo de la ONU en Monterrey. Aquel marzo de 2002 George Bush y José María Aznar compartían mesa y mantel con medio centenar de jefes de Estado y de Gobierno y unos 200 ministros. La segunda edición, en Doha (Qatar) fue menos lucida y contó con unos 40 dirigentes de países mientras que la de Adís Abeba (Etiopía), en junio de 2015, la representación de alto nivel quedó reducida a 28.
Entre las excusas para no estar en Sevilla destacan discrepancias sobre la deuda, fiscalidad y fondos; atender asuntos internos y un simple no por respuesta. Otras, advertían: «El Gobierno anfitrión suele prometer financiación y España no lo ha hecho. Si el anfitrión no lidera, no se pueden esperar resultados», observa una fuente de la ONU.
La reputación de Pedro Sánchez
Además, añade un ex jefe de misión curtido «existe el problema de la UNRWA, –el elefante blanco en la habitación–, la reputación de Sánchez que es visto como un alborotador, egoísta y socio poco fiable con el que ya nadie quiere ser visto ni retratado con él y para colmo con la sombra de la corrupción, cada día más alargada».
De puertas adentro, todos los europeos saben que podían haber hecho un esfuerzo, darse un salto, aunque fuera por unas horas a Sevilla, pero las escenas de Sánchez en La Haya siguen frescas en la memoria.