Chiara Poggi
El hallazgo de un nuevo ADN reabre, 18 años después, uno de los homicidios más mediáticos de Italia
Este ADN no pertence ni a Alberto Stasi, novio de Chiara y condenado, ni a Andrea Sempio, amigo del hermano de la víctima y actual imputado
Dieciocho años después del brutal asesinato de Chiara Poggi en la localidad italiana de Garlasco, una nueva pista genética hallada en la escena del crimen podría cambiar el rumbo de uno de los casos más mediáticos y controvertidos de la historia judicial del país. Durante casi dos décadas, una muestra biológica tomada de la cavidad oral de la víctima permaneció sin analizar en los archivos forenses. Ahora, en el marco de la investigación reabierta por la Fiscalía de Pavía, los análisis genéticos han revelado un perfil masculino desconocido, que no pertenece ni a Alberto Stasi —el entonces novio de Chiara y único condenado hasta ahora— ni a Andrea Sempio, amigo del hermano de la víctima y actual imputado como presunto cómplice.
El perfil, denominado por los investigadores como «Persona Desconocida 3», fue detectado en una gasa utilizada durante la autopsia realizada en 2007, pero nunca había sido objeto de análisis en profundidad. Según los expertos, la cantidad y la pureza del ADN encontrado apuntan a un contacto directo y reciente con la víctima, lo que refuerza la hipótesis de que su autor podría haber estado presente en el momento del crimen.
Los investigadores no descartan que el rastro genético pertenezca al verdadero autor del homicidio. Una de las teorías que cobra fuerza es que el asesino intentó tapar la boca a Chiara mientras ella trataba de pedir ayuda, posiblemente mordiéndole en un acto de defensa. Esto coincidiría con la presencia de una mancha de sangre fotografiada bajo el teléfono fijo de la casa familiar, que nunca fue analizada por el RIS (Reparto de Investigaciones Científicas) en su momento. El ángulo de caída de la gota indicaría que la joven intentó alcanzar desesperadamente el teléfono antes de morir.
Además de este hallazgo, los forenses están trabajando con otras pruebas reexaminadas con tecnología actualizada, como huellas digitales encontradas en la cocina y restos biológicos en objetos cotidianos —como una caja de galletas, un envase de yogur y varias cintas adhesivas halladas en la basura—, todos ellos ignorados en la investigación inicial.
El caso Poggi fue cerrado en 2015 con la condena firme a 16 años de prisión para Alberto Stasi, quien había sido absuelto en dos ocasiones previas y siempre defendió su inocencia. Tras cumplir parte de su pena en la prisión de Bollate, se encuentra ahora en libertad condicional. No obstante, la reapertura del caso a raíz de nuevos análisis genéticos —incluidos rastros encontrados bajo las uñas de Chiara y huellas en la escena del crimen— ha vuelto a colocar en el punto de mira a Andrea Sempio y ahora, potencialmente, a una tercera persona hasta el momento desconocida.