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A man sells cookies displayed on an old American car in the street on the fourth anniversary of anti-government protests in Havana, on July 11, 2025. (Photo by YAMIL LAGE / AFP)

Un cubano vende galletas de pan en la calle. YAMIL LAGE / AFP)AFP

El calvario de los cubanos pese a lo que dijo su ministra de Trabajo: hay pobres, enfermos y pocos medicamentos

Tras la salida del Gobierno comunista de la funcionaria que aseguró que en «Cuba no hay pobres, son gente disfrazada», la realidad de la isla y sus carencias dan la vuelta al mundo

la exministra cubana de Trabajo, Marta Elena Feitó, perdió su puesto por hacer declaraciones escandalosas sobre la pobreza. Según ella, en la isla los pobres no existen y los que se ven en las calles o en el malecón de La Habana es gente disfrazada. Semejante afirmación tuvo la respuesta inmediata hasta del régimen que admite sus carencias incluso en el terreno del que presumía ser número uno hasta hace unos años: el sanitario.

Mientras espera un trasplante de esófago para su hijo de cuatro años, la cubana Jessica Rodríguez libra una batalla diaria para conseguir los medicamentos e instrumental médico que necesita el niño en un país donde escasea más del 70 % del cuadro básico de fármacos.

«Me desespera todo el tiempo solamente pensar que no tengo algo que pueda necesitar», explica Rodríguez, de 27 años, a Afp en la sala de su casa en Santa Fe, un barrio del oeste de La Habana. A su lado, el pequeño Luis Ángelo disfruta de un dibujo animado en su móvil.

Jessica Rodriguez Romero dresses her son, Luis Angelo, after completing a feeding session necessitated by his tracheostomy, at their home in the Santa Fe neighbourhood of Havana, on July 2, 2025. Cuban pharmacies and hospitals lack even the most basic medicines because the country cannot afford the $300 million needed to import the raw materials required to produce the 650 drugs on its essential medicines list. (Photo by ADALBERTO ROQUE / AFP)

Jessica Rodriguez Romero con su hijo Luis AngeloAFP

Habla con calma, aunque vive nerviosa: el niño subsiste con una traqueotomía y se alimenta por el estómago. Además de ser asmático y alérgico, presenta una cardiopatía leve y padece episodios de epilepsia.

En un país sumido en su peor crisis económica en más de tres décadas, resulta muy difícil garantizar cada día los siete fármacos que el niño necesita, junto con las cánulas y sondas indispensables.

«Sé que un medicamento que le falte, que no tenga sondas de aspiración, que una cánula que no pueda cambiar, repercute en la salud del niño, (y) puede llegar a enfermedades graves que pueden costarle hasta la vida», precisa Rodríguez. Igual que esta madre, muchos cubanos pasan por un calvario para conseguir las medicinas.

«Tenemos afectado más del 70 % del cuadro básico de medicamentos», confesó el dictador Miguel Díaz-Canel en una entrevista de televisión.

En los últimos años, el país no ha logrado disponer de los 300 millones de dólares necesarios para importar materias primas para producir la mayor parte de los 650 fármacos que en 2024 conformaban su cuadro básico de medicamentos, precisó el mandatario.

En la isla, de 9,7 millones de habitantes, los estantes de farmacias lucen vacíos y los hospitales carecen de material médico como gasas, hilo de sutura, desinfectante u oxígeno.

«Hay días que no hay nada y otros aparece algo», explicó, bajo anonimato, un médico que trabaja en un hospital de la capital.

Los enfermos crónicos disponen de un documento conocido como «tarjetón», que les permite comprar a precios subsidiados medicinas controladas o de uso prolongado.

Luis Ángelo tiene su tarjetón, pero «hay veces que pasan meses y no hay» un medicamento, advierte Rodríguez. La mujer con frecuencia se ve forzada a comprarlos en el mercado negro a precios exorbitantes.

«Es cruel el precio y no tener el dinero para comprarlo», lamenta la madre, que regularmente paga entre 350 y 450 pesos (unos 3 o 4 dólares) por cada blíster de pastillas.

Un precio alto para un país donde el salario medio mensual es de 6.500 pesos, equivalentes a 54 dólares a tasa oficial, y a 17 dólares en el mercado informal.

El régimen comunista permite a la población transportar desde el extranjero en su equipaje alimentos y medicinas

En Cuba, donde el sistema de salud es público y universal para los cubanos, las farmacias o servicios de salud privados no son legales.

Ante el déficit alarmante de medicamentos, desde 2021 el gobierno comunista permite a la población transportar desde el extranjero en su equipaje alimentos y medicinas exentos de impuestos, aunque sin carácter comercial.

Muchos medicamentos que ingresan al país por esta vía alimentan un mercado informal que lucra con el dolor ajeno, y que opera a través de grupos de WhatsApp y páginas de internet.

Sin embargo, en las redes también funcionan grupos que ofrecen donaciones o promueven el canje de medicamentos por alimentos.

En uno de estos grupos que se identifica como «Cambias o donas medicamentos», Sophi busca desesperadamente dorzolamina, un fármaco para tratar la hipertensión ocular. «Lo necesito para mi abuelita de 86 años», escribe.

Asimismo, han surgido proyectos como Palomas, una plataforma de comunicación y solidaridad que, desde su creación en La Habana en 2021, ha entregado medicamentos de forma totalmente gratuita a más de 179.000 cubanos.

Palomas se nutre de medicinas que las personas tienen en sus casas, «que les quedó de algún tratamiento o de lo que trajo alguien del exterior», explica su coordinador general, Sergio Cabrera.

En sus 13 grupos de WhatsApp, el proyecto publica a diario un listado con los medicamentos disponibles y otro con los que necesita. Cualquier cubano los puede contactar.

«Gracias a este proyecto, hoy pude conseguir los medicamentos para mi mamá (diabética), que están en falta a nivel nacional», cuenta la odontóloga Ibis Montalbán.

Cabrera asegura que es difícil ver a las personas sufriendo por falta de medicinas para sus familiares.

«Aquí llora mucha gente y muchas veces lloramos con ellos», pero «Palomas ha creado en medio de las incertidumbres, en medio de las carencias, de las tantas desidias (...) un sendero de luz».

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