Álvaro Uribe Vélez, condenado a vivir peligrosamente
La juez Sandra Heredia le ha condenado, en primera instancia, a 12 años de prisión domiciliaria por fraude procesal y soborno más una multa de unos 822.000 dólares además de inhabilitarlo ocho años para el ejercicio de derechos y funciones públicas
Álvaro Uribe, expresidente de Colombia
Colombia entera estaba pendiente del fallo de primera instancia de la juez Sandra Heredia. Una condena, como así ha sido, al expresidente Álvaro Uribe de 12 años de prisión domiciliaria, supone una sacudida brutal que hace temblar los cimientos de una democracia donde difícilmente se puede garantizar hoy que exista un verdadero Estado de derecho.
Ganara o perdiera Uribe, la posibilidad del recurso de apelación estaba sobre la mesa y conocido el fallo, el recorrido hasta que llegue a la Corte Suprema será lento. Tan lento, unos cinco años, que si Gustavo Petro se ajusta a la Constitución, no podrá ver la sentencia final desde el Palacio de Nariño.
Este viernes se conocerá si la condena es a cuatro años o más. La juez podría sentenciarle hasta a ocho, aunque ya dejó claro en la lectura eterna del fallo del lunes (más de 10 horas) que ella se inclinaba por un arresto domiciliario.
Uribe ha perdido este primer round del combate judicial de su vida, pero la última palabra no está dicha, por muchas ampollas que levante en el presidente Gustavo Petro. El exguerrillero del M19, que pocas veces puede posar en cámara sin que un brillo artificial en los ojos delate sus excesos, con sus abusos, asalto a las instituciones y torpedeo al Poder Judicial, ha logrado que hasta los colombianos más críticos con él, ahora le echen de menos.
El legado de Uribe
A los 73 años el presidente de Colombia entre 2002 y 2010 sigue siendo el personaje central de la política colombiana de las últimas décadas. El legado de Uribe lo reconocen hasta sus adversarios (Petro es enemigo, no adversario).
En cuestión de números, logró un crecimiento económico por encima del 5 % y triplicó con holgura las inversiones. En seguridad, acorraló, desactivo y enjuició a las Autodefensas Unidas (paramilitares). Asimismo, combatió y expulsó de buena parte del territorio a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y al ELN (Ejército de Liberación Nacional). Todo, sin olvidar que selló una alianza estratégica con Estados Unidos y salió indemne de más de 15 atentados (algunos aseguran que fueron 20).
Vivir peligrosamente
Este Uribe que fue alcalde Medellín y gobernador de Antioquia ha vivido siempre peligrosamente, y eso no le da miedo. Quizás el sentimiento más antiguo del mundo lo tuvo cuando las FARC asesinaron a su padre, un ganadero que no se doblegó a las demandas de los narcoterroristas y se defendió hasta la muerte en su finca Guacharacas.
Ordenó en 2008 bombardear el campamento de Raúl Reyes en Ecuador
Sin miedo, también ordenó en 2008, bombardear el campamento de Raúl Reyes en Ecuador, en la frontera con Colombia, donde cayeron el cabecilla de las FARC y 17 guerrilleros. Y sin miedo, también su Ejército entró, requisó el ordenador de Reyes y discos duros con planes terroristas y comunicaciones cómplices con los gobiernos de Venezuela, Ecuador y organizaciones no gubernamentales. Aquel material fue muy útil para cercar a la narco guerrilla terrorista más antigua de todo el continente.
El episodio le valió el reproche de, prácticamente, la totalidad de los países de la región por haber cruzado a territorio ecuatoriano y violar la soberanía territorial que daba cobijo sistemáticamente a los narcoterroristas. La furia del por entonces presidente, Rafael Correa, no tenía límite y el coro bolivariano le secundaba pletórico.
En la cumbre de Unasur de Bariloche de 2009, una vez más sólo ante el peligro, Álvaro Uribe Vélez, se convirtió en un frontón de concreto contra las invectivas de Hugo Chávez, Evo Morales y Correa. Sin descanso también respondió cada intervención, más moderados, de Lula, Michelle Bachelet o Fernando Lugo.
Ironías de la historia, Alan García se guardó su retórica para otra ocasión y la anfitriona, Cristina Fernández de Kirchner, aunque fue crítica, tampoco se despachó con la virulencia que la caracteriza.
Tenía gripe A. Durmió sobre el suelo frío para que le bajara, pero no dejó de responder a nadie
A Uribe, en los «careos», le caían gotas por el rostro. Muchos pensaban que eran de la tensión, pero el presidente de Colombia estaba tranquilo. Lo que le sucedía es que tenía 40 grados de fiebre. Le diagnosticaron gripe A. Durmió sobre el frío suelo del Hotel Llao Llao, para que le bajara, pero no dejó de responder a nadie. Tampoco a Evo Morales que en los días siguientes sufrió síntomas parecidos, aunque negó que se hubiera contagiado como afirmaba la prensa.
Sin miedo, Álvaro Uribe dio la orden ese mismo año de ejecutar la Operación Jaque que terminó con la liberación de Ingrid Betancourt en una secuencia de película donde las FARC creyeron estar pactando con una de esas ONG afines.
Las victorias de Uribe son muchas y sus derrotas –sin contar este fallo judicial– las identifica el expresidente con su mal ojo para elegir sucesor. Hasta el último día de su vida se arrepentirá de haber puesto a Juan Manuel Santos. Hoy, mientras los terroristas ocupan curules (escaños) sin haber pagado por sus crímenes, Uribe escuchó la pena de 12 años que le impuso la juez Sandra Heredia. El mundo al revés.