Avión de combate ruso SU 34
Una red de voluntarias identifica y denuncia las cadenas de suministro que sostienen al Ejército de Putin
Voluntarios internacionales luchan por imponer sanciones para impedir que Rusia acceda a tecnología militar
Jóvenes de todo el mundo, incluyendo refugiadas ucranianas en países europeos, se han unido a un esfuerzo para presionar a las empresas occidentales a trasladar sus operaciones fuera de Rusia y a Gobiernos aliados de Ucrania a identificar cadenas de suministro que permiten a Vladimir Putin mantener activa su maquinaria de guerra.
Estados Unidos y la UE han anunciado juntos más de tres docenas de rondas de sanciones desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania, que abarcan a miles de entidades, desde conglomerados de defensa hasta fabricantes de plásticos.
De acuerdo con un reportaje de The Guardian, muchas de las acciones más precisas para golpear la maquinaria de guerra de Rusia no han sido identificadas por funcionarios en Washington o Europa, sino por una coalición mundial de organizaciones de la sociedad civil y voluntarios individuales que se han dedicado a descubrir exactamente qué necesita Rusia para seguir enviando hombres y máquinas a la guerra.
Por ejemplo, han identificado máquinas herramienta de control numérico por ordenador (CNC) que se utilizan en casi toda la fabricación de precisión moderna sin las cuales Rusia tendría que cortar a mano componentes militares clave como cascos de tanques y carcasas de misiles.
La joven ucraniana refugiada en Letonia, Olena Yurchenko, fue parte de este importante descubrimiento y tras más de un año de investigación y muchas reuniones, la UE y la administración del expresidente Joe Biden incluyeron máquinas CNC en la lista de sanciones occidentales.
La red de voluntarios también ha cartografiado los materiales y cadenas de suministro que sostienen la guerra, desde barcazas destinadas al Ártico fabricadas en Singapur hasta el cromo extraído en Kazajistán. Sus esfuerzos han cambiado el arte de la guerra económica, señala el reportaje.
«Cada uno de los paquetes de sanciones ha cerrado algunas lagunas y buscan impedir la elusión rusa. Y a menudo lo han hecho... [con] una correlación e inspiración de lo que han descubierto las organizaciones de la sociedad civil ucraniana» admitió a The Guardian Simon Kjeldsen, coordinador de sanciones del ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca.
Por su parte, Laura Cooper, exsubsecretaria adjunta de defensa de Estados Unidos para Rusia, Ucrania y Eurasia, señaló que los grupos de la sociedad civil «tienen la energía y los recursos de investigación para profundizar realmente en la dinámica de las cadenas de suministro, áreas muy específicas de violaciones de sanciones, ya sean en energía, banca o violaciones del control de exportaciones».
Las sanciones no han obligado a Rusia a poner fin a su guerra en Ucrania, ni han arruinado su base industrial, pero con el tiempo, han erosionado sus capacidades. Tras casi cuatro años de guerra, los analistas señalan que los esfuerzos de Rusia se estaban volviendo «insostenibles» debido a la forma en que las sanciones han impactado su economía.
Cooper y Kjeldsen, funcionarios estadounidenses y daneses, afirman que la coordinación entre gobiernos y grupos de la sociedad civil, podría durar más allá del conflicto actual.
«Este es un enfoque nuevo y es una forma de aprovechar la enorme indignación pública que vimos tras la invasión rusa de Ucrania. Vimos energía y determinación, no solo desde dentro de Ucrania, sino de todo el mundo para intentar exigir responsabilidades a Rusia», agregó Cooper.