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KANDAHAR (AFGANISTÁN), 07/03/2025.-  Captura de un video de archivo de talibanes con equipamiento militar estadounidense en la ciudad afgana de Kandahar. La apresurada retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán en 2021, ante la llegada de los talibanes, dejó abandonado un gran arsenal militar que ahora es fuente de disputa. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió recientemente su devolución, pero los fundamentalistas rechazan esta idea, al considerarlo su botín de guerra particular.EFE/ EPA

Una columna de carros blindados estadounidenses en manos de los talibanesEFE

«Soldados fantasma» y un «gallinero» de 26 millones de dólares, concluye la auditoria de EE.UU. en Afganistán

El informe final del Inspector Especial de EE.UU. para Afganistán cierra con un balance de 24.000 millones despilfarrados a lo largo de 20 años

El Inspector Especial General para la Reconstrucción de Afganistán (SIGAR), el organismo que durante 17 años fiscalizó la guerra más larga y costosa de Estados Unidos, echó el cierre este viernes con la publicación de su último informe, que cifra en al menos 24.000 millones de dólares el dinero despilfarrado.

En una carta de despedida dirigida al Congreso, el inspector general en funciones, Gene Aloise, confirma que SIGAR «cesará sus operaciones en septiembre», poniendo fin a la era de la reconstrucción estadounidense en el país asiático.

En su mensaje, reconoce que, a pesar del enorme coste en vidas y dinero, el esfuerzo «no tuvo éxito en su objetivo a largo plazo de crear una nación libre y democrática que ya no albergara terroristas».

Con este informe, se cierran oficialmente los libros de una intervención de dos décadas. El balance final de SIGAR, creado en 2008, identificó 1.319 casos de fraude, despilfarro y abuso, y sus auditorías permitieron un ahorro de 4.390 millones de dólares al contribuyente.

Un compendio de los fracasos

El informe final hace un compendio de los fracasos más notorios destapados por SIGAR a lo largo de los años. Entre ellos destaca el fenómeno de los «soldados fantasma», un fraude sistémico mediante el cual los mandos militares afganos incluían en sus nóminas a miles de soldados que no existían para poder embolsarse sus salarios, pagados por EE.UU.

También se recuerda la corrupción endémica, que según el informe amenazó toda la misión y que EE.UU. a menudo toleró para no poner en riesgo sus objetivos políticos a corto plazo.

La insostenibilidad de los proyectos financiados por Washington incluye unas instalaciones para la Policía de Fronteras afgana, que costaron 26 millones de dólares y que, al ser inspeccionadas, se encontraron «en gran parte sin usar» y con uno de sus edificios siendo utilizado como un «gallinero».

El informe también detalla el caos administrativo que ha marcado el fin de la ayuda. La abrupta fusión de la agencia de cooperación USAID con el Departamento de Estado y el despido de personal clave ha dejado a las ONG sin directrices claras para cerrar sus proyectos.

El propio Departamento de Estado llegó a admitir a SIGAR que no podía obtener información sobre algunos programas porque «el personal responsable ya no está empleado».

Este cierre de cuentas definitivo llega tras un periodo de intensa ayuda humanitaria posterior a la retirada de las tropas en 2021. Según las cifras finales del informe, desde la toma del poder de los talibanes hasta el corte total de los fondos, EE.UU. llegó a desembolsar casi 4.000 millones de dólares, canalizados en su mayoría a través de la ONU y el Banco Mundial en un intento por ayudar a la población sin legitimar al régimen.

Por primera vez en 24 años, Estados Unidos ha decidido que ya no destinará ayuda a Afganistán, tras una orden ejecutiva del presidente Donald Trump que cortó todos los fondos a principios de año.

El futuro de Afganistán, concluye el inspector general, «dependerá ahora del pueblo afgano».

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