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El MAS, otrora presidido por Evo Morales, fue el gran perdedor de la primera vuelta en BoliviaAFP

Causas del fin de la hegemonía del socialismo en Bolivia y escenarios futuros

El desplome del MAS refleja tanto el descontento interno con la gestión económica y política como el debilitamiento de aliados tradicionales

Tras casi veinte años de dominio del Movimiento al Socialismo (MAS), Bolivia se enfrenta a un cambio histórico. El hartazgo de la ciudadanía con la gestión económica, la corrupción y los liderazgos tradicionales ha provocado un desplome sin precedentes del partido de Evo Morales y Luis Arce.

Nuevas caras y modelos de centro o de derechas se disputarán en una inédita segunda vuelta, prevista para octubre, quién ocupará la sede del Palacio Quemado: Rodrigo Paz y Jorge «Tuto» Quiroga.

Pero más allá de quién será el encargado de cabalgar la crisis económica, financiera, energética y política, los resultados de las elecciones del 17 de agosto ya adelantaron una reconfiguración del mapa ideológico de la región. La caída de la izquierda en Bolivia sumó un nuevo eslabón al declive del eje bolivariano, representado por los gobiernos de Venezuela, Cuba o Nicaragua, y supuso un giro ideológico hacia una moderación democrática en la política nacional y un mayor pragmatismo en lo internacional.

Declive del modelo boliviano del Socialismo del Siglo XXI

El partido de Evo Morales, el primer presidente indígena electo en Bolivia y una de las caras visibles de lo que se denominó a inicios de la centuria «Socialismo del Siglo XXI», junto a otros dirigentes como Luiz Inácio Lula da Silva, Rafael Correa, Hugo Chávez, Daniel Ortega, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, quedó fuera de juego con menos del 15 % de los votos.

El oficialismo llegó debilitado por una fractura interna: Luis Arce optó por no postularse, mientras que Morales fue inhabilitado pese a su intención de competir. Morales pidió a sus seguidores el voto nulo, lo que representó un 20 % de los sufragios y que él consideró una victoria al situarse en el tercer lugar en preferencia del electorado. Sin embargo, no todos esos votos pueden endosarse de manera unitaria a su liderazgo.

«Ese porcentaje es alto si consideramos que históricamente el voto nulo rondaba entre el 4 % y el 6 %. Pero no necesariamente se trata de voto indígena o identitario puro, también hubo descontentos ahí. El voto indígena se ha repartido entre Rodrigo Paz, Samuel Doria Medina y otros», explica a El Debate María José Rodríguez, consultora internacional especializada en comunicación en Bolivia.

Enfrentamientos entre seguidores de Morales y la policíaAFP

La analista reconoce, sin embargo, que Morales logró mantener el respaldo de un núcleo duro, especialmente en el movimiento cocalero.

El desplome del MAS refleja tanto el descontento interno con la gestión económica y política como el debilitamiento de aliados tradicionales como Venezuela y Cuba.

La lectura de Ricardo Calla, exministro de Asuntos Indígenas y analista político boliviano, es contundente: «No se debe hablar de populismo de izquierda en el caso del MAS. Se trata de un autoritarismo neoestatista con una cobertura discursiva de izquierdismo.»

«El MAS manipuló el tema indígena como recurso simbólico, pero lo indígena real volverá a tener espacio en el nuevo ciclo», avanza el experto, quien considera que el modelo boliviano dejó de ser un proyecto emancipador y pasó a sostenerse en redes de poder opacas: «Estos gobiernos, como los de Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales, están muy articulados con dinámicas oscuras del capitalismo ilegal, especialmente del narcotráfico.»

Fin de un ciclo histórico

Muy atrás quedó la considerable reducción de la pobreza que lograron los gobiernos del MAS en un país donde los votantes parecen haberse decantado por el bolsillo y la institucionalidad frente a la corrupción y el incumplimiento de promesas electorales.

La inflación atenaza la economía boliviana con niveles récord –cerca del 25 % interanual, según datos oficiales–, junto a la escasez de divisas, la volatilidad del dólar paralelo, la falta de combustible y un estado de máxima convulsión social.

«Hoy los ciudadanos sufren las consecuencias: para conseguir gasolina hay que hacer filas de dos o tres horas, el precio del pollo se ha triplicado, la inflación ronda el 16 % en lo que va de año y el dólar se ha duplicado. La pobreza ha aumentado y la vida cotidiana se ha encarecido notablemente», señala Rodríguez.

El colapso económico del modelo tampoco sorprendió a Calla, quien atribuye el giro de timón a una crisis económica y humanitaria «nunca antes vista en la historia del país». «Tal vez mañana se paralice el país, tal vez en un mes o seis. No hay dinero para comprar diésel ni gasolina. Sin transporte no hay alimentos, sin divisas no podemos pagar la deuda externa y entramos en default», advierte.

El ascenso de Rodrigo Paz: cercanía y legitimidad

El ascenso de Rodrigo Paz en las encuestas, del 9 % a más del 30 %, respondió a una estrategia de cercanía con la gente y que no acusó el desgaste mediático de otros políticos más conocidos. Su candidato a la vicepresidencia, el «Capitán Edman Lara», ex policía despedido por denunciar corrupción, conectó con un electorado cansado del abuso de poder, al que ofreció una alternativa a las campañas más tecnocráticas y «paternalistas» de políticos como Doria Medina o Quiroga.

Mesas electorales en BoliviaEFE

Aunque algunos observadores vinculan la sorpresa electoral con un giro regional hacia la derecha, Rodríguez aclara que se trata más de un rechazo a los populismos autoritarios que de un viraje completo a la derecha.

Calla distingue dos modelos de derecha democrática salidos de las urnas: «Tuto Quiroga es derecha tradicional democrática, con mucha experiencia política. No es Bolsonaro ni Javier Milei. Rodrigo Paz, en cambio, es centro-derecha socialdemócrata, con apertura a derechos y una visión más moderna del mundo.»

Implicaciones regionales

El desplome del MAS tiene un impacto geopolítico profundo. Bolivia deja de ser un sostén sólido para el eje bolivariano y podría acercarse a Estados Unidos y a actores regionales como Ecuador (Daniel Noboa), El Salvador (Nayib Bukele) o Argentina (Javier Milei), en un contexto donde la izquierda regional empieza a mirar hacia el centro y los modelos autoritarios pierden fuerza.

«Hay un desempoderamiento muy profundo: una de las cuatro piezas clave del autoritarismo neoestatista se ha venido abajo», sostiene Calla al constatar la salida de Bolivia del bloque bolivariano. Añade que tendrá un efecto simbólico devastador, pues «el barniz de presencia indígena que prestaba el gobierno del MAS hacia el exterior ya no existe. Esa ficha se ha caído.»

Bajo el gobierno de Luis Arce, Bolivia reforzó su alineamiento con el «Socialismo del Siglo XXI», reincorporándose al ALBA-TCP y reconociendo como ganador a Nicolás Maduro en los últimos comicios en Venezuela, al tiempo que mantenía vínculos estratégicos con Irán desde 2007, con acuerdos económicos y de seguridad que cualquier nuevo gobierno deberá gestionar.

Calla prevé un giro pragmático: «Se va a restablecer la relación diplomática con Estados Unidos. Habrá embajadas en ambos países, será un cambio fuerte». Asimismo, anticipa un viraje respecto a Irán al asegurar que cualquiera de los dos contendientes en liza «van a desmarcarse del eje con Irán que Evo Morales y Luis Arce cultivaron.»

Hacia la segunda vuelta y escenarios futuros

Quiroga ha sido crítico con Maduro, y una victoria de Rodrigo Paz podría consolidar el alejamiento de Bolivia del bloque bolivariano, marcando un giro pragmático en la política exterior. Se espera que la relación con China se mantenga sin inconvenientes (Bolivia posee una de las mayores reservas de litio).

Puertas adentro, el próximo gobierno enfrentará un escenario económico extremadamente complejo. «Con Tuto Quiroga habrá un ajuste clásico: recurrir al FMI, reordenar el dólar, levantar subvenciones a combustibles y buscar financiamiento internacional. Rodrigo Paz también hará ajustes, pero con sensibilidad social», augura Calla.

Los bolivianos han decidido cambiar de rumbo con altura democrática y decir adiós a la hegemonía del MAS a través de las urnas. El país enfrenta no pocos desafíos, pero transita un nuevo camino que lo alejará inevitablemente del bloque bolivariano para apostar por un pragmatismo renovado en sus relaciones internacionales.